{"id":1603,"date":"2020-04-07T00:01:10","date_gmt":"2020-04-07T00:01:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1603"},"modified":"2020-04-07T00:01:11","modified_gmt":"2020-04-07T00:01:11","slug":"ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1603","title":{"rendered":"Ortodoxia econ\u00f3mica y crisis civilizatoria"},"content":{"rendered":"\n<p>Asier Arias<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>No es necesario un terremoto para derribar un castillo de naipes: basta un exceso de peso aqu\u00ed o una leve corriente de aire all\u00e1. Basta, en otras palabras, una eventualidad. La pandemia de COVID-19 no ha sido esa eventualidad para el caso del castillo de naipes de nuestra civilizaci\u00f3n: las cartas llevaban medio siglo cay\u00e9ndose, y lo hac\u00edan cada vez m\u00e1s deprisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la crisis sanitaria provocada por el SARS-CoV-2 viviremos en un mundo cuyos contornos apenas podemos advertir desde el presente. Sin embargo, el oc\u00e9ano de incertidumbre al que hoy se enfrentan nuestras sociedades termina en la orilla de esta certeza: nuestro sistema econ\u00f3mico ha rebasado los l\u00edmites biof\u00edsicos del sistema Tierra y ambos colapsan al un\u00edsono.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de una certeza dif\u00edcil de asumir, particularmente para las instituciones encargadas de legitimar el sistema socioecon\u00f3mico dominante, \u00e9sas que dan forma a la ortodoxia pol\u00edtica, medi\u00e1tica y acad\u00e9mica configurando nuestro medioambiente cultural. Dada la naturaleza del entramado institucional del que dimana, esa ortodoxia no puede sino vivir de espaldas a la se\u00f1alada certeza \u2013o, a lo sumo, engendrar ensalmos para edulcorarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras la crisis sanitaria habremos de lidiar con otra: una crisis civilizatoria. El agotamiento de recursos energ\u00e9ticos y materiales, el cambio clim\u00e1tico y la grave erosi\u00f3n de la biodiversidad se dan ahora la mano con la exacerbaci\u00f3n de la crisis del capitalismo global. Debemos ser muy conscientes de que la pandemia no fue la causa de la crisis econ\u00f3mica en la que comenzamos a adentrarnos (cf., v. g., Husson, 2020). De hecho, ni siquiera estamos adentr\u00e1ndonos en una crisis nueva, sino sencillamente profundizando en la de 2008. La crisis de la econom\u00eda capitalista no es nueva, sino permanente ya. Ser\u00eda in\u00fatil recurrir al nuevo coronavirus para tratar de explicar el crecimiento an\u00e9mico, la volatilidad especulativa o los niveles estratosf\u00e9ricos de deuda caracter\u00edsticos de la \u00faltima fase del capitalismo financiarizado.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo global pudo mantenerse con respiraci\u00f3n asistida despu\u00e9s de 2008 gracias al aliento de la Reserva Federal y, sobre todo, al del crecimiento de la econom\u00eda china. Hoy no cabe esperar nada parecido. Los bancos centrales volver\u00e1n a regar generosamente los mercados financieros, pero el nivel de inversi\u00f3n en la econom\u00eda real ser\u00e1 menor incluso que el anterior a la pandemia. A pocos les extra\u00f1ar\u00e1 que se repita el procedimiento, y a menos aun que lo haga el resultado: las masivas adquisiciones de t\u00edtulos financieros y los \u00ednfimos tipos de inter\u00e9s no producir\u00e1n ning\u00fan goteo, entre otras cosas porque no es \u00e9se su cometido. Esas medidas estimular\u00e1n nuevamente la generaci\u00f3n de deuda \u2013que es con lo que trapichea la gran banca\u2013 y continuar\u00e1n cebando a los principales agentes financieros \u2013que, contra lo que pudiera sugerir su nombre, no se dedican a financiar nada, sino meramente a especular.<\/p>\n\n\n\n<p>No es necesario disponer de una bola de cristal para predecir lo que suceder\u00e1 con las tasas de desempleo. Y llover\u00e1 sobre mojado, porque este declive del poder adquisitivo de la clase trabajadora tendr\u00e1 lugar tras una d\u00e9cada en la que ha venido flotado a la deriva, entre la Escila de un marcado deterioro de servicios p\u00fablicos y coberturas sociales y la Caribdis de unos inusitados niveles de pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esta realidad cada d\u00eda m\u00e1s dolorosa para cada d\u00eda m\u00e1s personas, los medios de masas seguir\u00e1n recurriendo a nombres famosos para que nos expliquen una vez m\u00e1s que cualquier desviaci\u00f3n milim\u00e9trica de la ortodoxia es mera conspiranoya, que todos viv\u00edamos muy bien antes de la pandemia y que cuanto ansiamos y necesitamos es volver a la normalidad despu\u00e9s de ella (cf., v. g., Savater, 2020). Estos respetables comentaristas lo son, justamente, dada su capacidad para obviar hechos tales como que el Banco de Espa\u00f1a estimara antes del frenazo en seco de nuestra econom\u00eda en un 25% la proporci\u00f3n de familias espa\u00f1olas que viv\u00edan por debajo del umbral de la pobreza y hallaban dificultades para satisfacer sus necesidades b\u00e1sicas a causa de la combinaci\u00f3n de precariedad laboral, empleo inestable y salarios extremadamente bajos.<\/p>\n\n\n\n<p>No negamos la honestidad de nuestros comisarios culturales. Cuando huyen de los \u00ablugares comunes del anticapitalismo\u00bb no se hacen trampas al solitario con la intenci\u00f3n de soslayar la devastaci\u00f3n ecol\u00f3gica y social del \u00faltimo medio siglo, sino con la de avanzar hacia \u00abperspectivas m\u00e1s amplias\u00bb (Arias Maldonado, 2018: 57). Estamos plenamente convencidos de su sinceridad y su honradez. No obstante, los dogmas que alimentan deben valorarse atendiendo a criterios muy distintos de la probidad de sus valedores, a saber: su consistencia conceptual, su adecuaci\u00f3n emp\u00edrica y su funcionalidad social. De las dos primeras no cabe decir mucho m\u00e1s a estas alturas; la \u00faltima es, por su parte, sencillamente letal: si no logramos superar la ortodoxia cultural que estos dogmas configuran estaremos en serios problemas, como sociedad e incluso como especie.<\/p>\n\n\n\n<p>El establecimiento de esta ortodoxia puede rastrearse en el modo en que las \u00e9lites corporativas rescataran durante la crisis de los setenta un credo socioecon\u00f3mico puesto sin \u00e9xito en circulaci\u00f3n durante los cuarenta (cf. Harvey, 2005). Se trata de un credo carente de base emp\u00edrica, elegante en alguna de sus formulaciones, incoherente en todas ellas y, sobre todo, muy conveniente para reflotar el proceso de acumulaci\u00f3n de capital, canalizar en la direcci\u00f3n adecuada de la vertical la distribuci\u00f3n de renta y capear aquella crisis evitando cualquier clase de exceso socialdem\u00f3crata. Dicho credo no es sino el disfraz economicista de la doctrina moral del darwinismo social: de acuerdo con este disfraz, los intereses del conjunto de una sociedad cualquiera son los de su oligarqu\u00eda econ\u00f3mica, de forma que velar por ellos equivale a velar por el bienestar social. \u00abEliminar\u00bb es la noci\u00f3n de cabecera de la econom\u00eda pol\u00edtica que se yergue sobre aquella doctrina moral: el para\u00edso estar\u00eda esper\u00e1ndonos a la vuelta de la esquina del desmantelamiento de toda regulaci\u00f3n laboral o medioambiental, toda pol\u00edtica social, toda fiscalidad progresiva y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, toda forma de fiscalidad. Tambi\u00e9n su eliminaci\u00f3n es lo mejor que cabe esperar del Estado de Bienestar, esa beneficencia gazmo\u00f1era que cuanto logra es \u00abdistorsionar el mercado\u00bb dispensando in\u00fatilmente mendrugos a los par\u00e1sitos. De hecho, el ideal consiste en la eliminaci\u00f3n del Estado en s\u00ed mismo y, en fin, de todo cuanto huela m\u00ednimamente a \u00abp\u00fablico\u00bb o \u00absocial\u00bb. Y es que, como se\u00f1alara Margaret Thatcher, la sociedad no existe: s\u00f3lo los individuos. El ser humano no es un animal social, sino econ\u00f3mico \u2013en el sentido m\u00e1s estrecho del t\u00e9rmino: el pecuniario\u2013, y s\u00f3lo arroj\u00e1ndolo a la \u00ablibre\u00bb competencia en el mercado, s\u00f3lo convirti\u00e9ndolo&nbsp;<em>todo<\/em>&nbsp;en un negocio funcionar\u00e1 correctamente la econom\u00eda. En otras palabras, y resumiendo, las sociedades avanzan hacia la bienaventuranza en la medida en que logran materializar los sue\u00f1os de sus \u00e9lites econ\u00f3micas.<\/p>\n\n\n\n<p>Milagrosamente, el n\u00facleo doctrinal de este credo ha logrado sobrevivir a sucesivas refutaciones (cf., v. g., Herndon, Ash &amp; Pollin, 2013; Krugman, 2020; Ostry, Loungani &amp; Furceri, 2016; Stiglitz, 2017; 2019). Bien mirada, esta resiliencia no es particularmente sorprendente, habida cuenta del intenso y bien financiado activismo en las esferas pol\u00edtica, acad\u00e9mica y medi\u00e1tica de la min\u00fascula fracci\u00f3n de la sociedad que ha acaparado la pr\u00e1ctica totalidad del an\u00e9mico crecimiento de los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os. Esa exitosa campa\u00f1a de relaciones p\u00fablicas transmut\u00f3 la pol\u00edtica econ\u00f3mica en una \u00abt\u00e9cnica\u00bb avalada por modelos supuestamente radicados en teor\u00edas cient\u00edficas firmemente establecidas. De acuerdo con esas teor\u00edas, el recurso a aquella t\u00e9cnica debiera haber servido para repartir prosperidad. Tras cuarenta a\u00f1os de experimento, los resultados son inequ\u00edvocos: se logr\u00f3 contener la inflaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n arruinar los logros sociales y econ\u00f3micos cosechados durante los Treinta Gloriosos por el capitalismo controlado por el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto, no obstante, es que los resultados se conoc\u00edan de antemano. La primera implementaci\u00f3n de la doctrina tuvo lugar en el propio a\u00f1o de la crisis del petr\u00f3leo. Chile fue el primer sujeto experimental. Milton Friedman se refiri\u00f3 al experimento que arrancara con el golpe de Estado del comandante en jefe Pinochet como el \u00abmilagro de Chile\u00bb. Nunca aclar\u00f3 cu\u00e1l hab\u00eda sido exactamente ese \u00abmilagro\u00bb, pero tras quince a\u00f1os de utilizaci\u00f3n de Chile como laboratorio econ\u00f3mico el 45% de su poblaci\u00f3n se hab\u00eda hundido bajo el umbral de la pobreza. El protocolo experimental fue simple: poner el sector p\u00fablico en manos privadas y eliminar las pol\u00edticas sociales. El resultado del experimento fue el esperado: en un par de meses las tasas de desempleo, que durante el gobierno de Unidad Popular se hab\u00edan mantenido en torno al 3%, alcanzaron el 20%. El pueblo chileno hubo de soportar un desastre econ\u00f3mico sin precedentes, pero los inversores extranjeros y las \u00e9lites corporativas celebraron el milagro. El colapso fue tal que, de cara a evitar que se consumara la debacle, el Estado tuvo que tomar el control de una parte de la econom\u00eda chilena considerablemente mayor que la previamente gestionada por el gobierno de Unidad Popular (cf. Ramonet, 2009: 36-39; Sigmund, 1984: 8).<\/p>\n\n\n\n<p>Como indic\u00e1bamos, la d\u00e9cada de los setenta asisti\u00f3 a un esfuerzo sin precedentes de relaciones p\u00fablicas corporativas. Aqu\u00e9lla fue la era dorada de los&nbsp;<em>lobbies<\/em>,&nbsp;<em>think tanks<\/em>&nbsp;y comit\u00e9s de acci\u00f3n pol\u00edtica (CAP), cuyo n\u00famero y magnitud se dispararon: a lo largo de aquella d\u00e9cada el n\u00famero de CAPs estadounidenses pas\u00f3 de menos de 90 a casi 1.500. La arena p\u00fablica se inund\u00f3 con propaganda en todos los formatos y las tres ramas del gobierno con dinero y abogados. La campa\u00f1a fue un \u00e9xito: la d\u00e9cada se cerr\u00f3 con los resortes estatales de los principales centros de la econom\u00eda capitalista en manos de ac\u00f3litos del credo. No obstante, el Estado no desapareci\u00f3, como preconizaba el credo. As\u00ed, por ejemplo, a pesar de la ret\u00f3rica de la administraci\u00f3n de Margaret Thatcher acerca de la reducci\u00f3n del gasto p\u00fablico, el mismo no s\u00f3lo no se redujo en relaci\u00f3n al PIB a lo largo de sus tres mandatos, sino que de hecho aument\u00f3 (Eaton, 2013). Variaron, claro, los destinatarios: las \u00e9lites industriales y financieras celebraron el fest\u00edn subvencionado por el Estado mientras la minimizaci\u00f3n selectiva del Estado y los \u00abrecortes salvajes en programas sociales hac\u00edan a la naci\u00f3n presa del p\u00e1nico a causa del inminente colapso social\u00bb (Chomsky, 1997). El desmantelamiento de las trazas \u00absociales\u00bb y \u00abdemocr\u00e1ticas\u00bb del legado socialdem\u00f3crata y el transvase a manos privadas del ingente sector p\u00fablico brit\u00e1nico (transportes, electricidad, gas, agua, carb\u00f3n, siderurgia y un largo etc\u00e9tera de empresas p\u00fablicas vendidas muy por debajo de su precio) generaron brindis y euforia en las salas de reuniones de las grandes firmas al tiempo que, por poner un ejemplo al azar, la pobreza infantil alcanzaba niveles desconocidos desde la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia de COVID-19 cae sobre nuestras sociedades tras cuarenta a\u00f1os de aplicaci\u00f3n de estas recetas socioecon\u00f3micas y, por extra\u00f1o que pueda sonar, no se trata de ninguna casualidad. En palabras de Fernando Valladares, director del grupo de Ecolog\u00eda y Cambio Global del CSIC, \u00abdetr\u00e1s de esta pandemia est\u00e1 la destrucci\u00f3n de la naturaleza\u00bb. Tras ella ser\u00eda insensato volver a esa \u00abnormalidad inviable\u00bb que \u00abfavorece pandemias, destruye ecosistemas, provoca el cambio clim\u00e1tico, genera desigualdad social y se basa en un modelo econ\u00f3mico insostenible\u00bb (Valladares Ros, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>El sector agroindustrial ha adoptado una forma incompatible con la estabilidad de la biosfera no por motivos de eficiencia material, sino cremat\u00edstica. Se trata de un hecho extensa y minuciosamente documentado (cf., v. g., Bailey, Froggatt &amp; Wellesley, 2014; Carrington, 2018; Herrero, 2013; Lymbery, 2017; Poore &amp; Nemecek, 2018; Westhoek et al., 2014). Existen, por otra parte, pocas dudas acerca del v\u00ednculo entre ese modelo agroindustrial y el creciente riesgo de pandemias. Seg\u00fan Peter Daszak, codescubridor del origen del SARS, alrededor de 1,7 millones de virus nos esperan en los ecosistemas que no han sido arrasados a\u00fan con buld\u00f3ceres para abrir espacio al monocultivo intensivo. La deforestaci\u00f3n, la dr\u00e1stica simplificaci\u00f3n de ecosistemas y la desaparici\u00f3n de especies intermedias a expensas de esta \u00abgesti\u00f3n\u00bb industrial de algunos de los reservorios de biodiversidad m\u00e1s ricos del planeta hac\u00edan que una pandemia como la actual fuera cuesti\u00f3n de tiempo. La ganader\u00eda industrial, para cuyo mantenimiento y expansi\u00f3n se dise\u00f1ara aquel sistema de \u00abgesti\u00f3n\u00bb, tiene, por a\u00f1adidura, su propia le\u00f1a que arrojar al fuego, pues tal y como evidenciaran ya la gripe aviar, la gripe porcina y el propio SARS, la cr\u00eda industrial de animales tiene lugar en entornos que deben describirse como \u00abf\u00e1bricas de replicaci\u00f3n y mutaci\u00f3n de virus\u00bb (Korol, 2020). El nuevo coronavirus no sali\u00f3 de ning\u00fan laboratorio militar (cf. Andersen et al., 2020), sino en \u00faltimo t\u00e9rmino de una red global de laboratorios de ideas econ\u00f3micas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abExternalidad negativa\u00bb es el modismo que emplean los economistas para referirse a efectos adversos de la actividad econ\u00f3mica tales como esta pandemia o el cambio clim\u00e1tico.<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftn1\">[1]<\/a>&nbsp;As\u00ed, si yo vendo petr\u00f3leo y t\u00fa lo compras, puede que nuestra transacci\u00f3n resulte favorable para ambos; pero, \u00bfqu\u00e9 efectos tiene sobre el resto? \u00bfQui\u00e9n se va a encargar de esos efectos? \u00bfDe d\u00f3nde van a sacar los ep\u00edgonos de Hayek y von Mises a un agente privado que pague a otro agente privado para que palie los desastres ocasionados por mis eventuales vertidos? \u00bfQu\u00e9 contrato privado va a regular muestras emisiones? \u00bfQu\u00e9 \u00abemprendedor\u00bb va a protegernos de la subida del nivel del mar? \u00bfCu\u00e1l de los h\u00e9roes de las novelas de Ayn Rand se hubiera gastado un solo c\u00e9ntimo en financiar durante d\u00e9cadas la red planetaria de grupos de investigaci\u00f3n que jam\u00e1s pudo venderle nada a nadie pero s\u00ed establecer de forma inequ\u00edvoca el v\u00ednculo entre el nivel de la l\u00ednea de costa y el de part\u00edculas por mill\u00f3n de CO<sub>2<\/sub>&nbsp;en la atmosfera?<\/p>\n\n\n\n<p>No debi\u00e9ramos subestimar la capacidad de los adeptos al credo para repentizar respuestas a estas preguntas. Su estrategia ante la externalidad clim\u00e1tica ha venido consistiendo en se\u00f1alar que, \u00aben caso de que exista, es un proceso muy lento, y el mercado siempre ha demostrado a lo largo de la historia que es perfectamente capaz de adaptarse a este tipo de desaf\u00edos de manera eficiente\u00bb. Nos hallar\u00edamos, pues, ante un mero \u00abproblema artificial\u00bb que \u00absocialistas de todo tipo\u00bb usan a fin de \u00abamargarnos la vida\u00bb a cuenta de \u00absupuestas generaciones futuras\u00bb, de forma que har\u00edamos bien en dejar de \u00abrasgarnos las vestiduras con l\u00e1grimas de cocodrilo\u00bb por minucias como \u00e9sta y comenzar a pensar en la verdadera amenaza que se cierne sobre esas generaciones futuras: los ineficientes sistemas p\u00fablicos de pensiones. El enemigo a batir es \u00e9ste y no ese otro con el que tratan de aterrarnos panfletos bolcheviques como&nbsp;<em>Science<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>Nature<\/em>. \u00abEsto s\u00ed que es dinero contante y sonante\u00bb (Huerta de Soto, 2018a). Este temple intelectual hace de un d\u00f3lar algo con mayor consistencia ontol\u00f3gica que un cachalote y, desde luego, preferible en cualquier caso a un litro de agua en medio del desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Encontrar acomodo en esta clase de posturas requiere de al menos dos cosas: imaginaci\u00f3n y desd\u00e9n por las ciencias naturales.<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftn2\">[2]<\/a>&nbsp;Por lo que al primer requisito se refiere, la literatura ortodoxa no s\u00f3lo abunda en arrobadas exaltaciones de la inventiva humana, sino que predica adem\u00e1s con el ejemplo. As\u00ed, algunos ultraortodoxos han llegado incluso a imaginar utop\u00edas en las que diferentes sistemas judiciales privados compiten por captar clientes para alumbrar por esa v\u00eda la m\u00e1s perfilada de las justicias. La creatividad de estos entusiastas de la libertad humana no debe valorarse sin tomar en consideraci\u00f3n que, para ellos, el culmen de la misma consiste en la posibilidad de alquilarse para obedecer \u00f3rdenes o, alternativamente, darlas para enriquecerse a costa del trabajo de quien no tiene otro remedio que obedecerlas. En cuanto al segundo requisito, indiquemos s\u00f3lo de pasada que tal vez una pandemia sea un contexto tan bueno como cualquier otro para poner a un lado del fulcro las virtudes de la racionalidad cient\u00edfica y al otro los h\u00e1bitos intelectuales de la mayor\u00eda de los economistas.<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftn3\">[3]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Dejando de lado la ficci\u00f3n sociol\u00f3gica y las tautolog\u00edas morales, podemos saltar de la externalidad ecol\u00f3gica a la sanitaria pregunt\u00e1ndonos qu\u00e9 clase de ocasi\u00f3n de lucro nos habr\u00eda se\u00f1alizado \u00abel mercado\u00bb para indicarnos la conveniencia de interrumpir con medidas de confinamiento la pr\u00e1ctica totalidad de las transacciones que le dan \u00abvida\u00bb. La indagaci\u00f3n de los motivos por los cuales los hospitales privados despiden a sus empleados en medio de una pandemia nos aleja de estas interesantes disquisiciones metaf\u00edsicas, pero patentiza con id\u00e9ntica justeza la inconsistencia de los dogmas ortodoxos.<\/p>\n\n\n\n<p>La g\u00e9nesis de la pandemia de COVID-19 debe concebirse como un \u00abcolosal fallo de mercado\u00bb, como un resultado m\u00e1s de esa ideolog\u00eda seg\u00fan la cual la toma de decisiones debe ponerse en manos de tiran\u00edas privadas regidas por el imperativo de acumulaci\u00f3n de capital, tiran\u00edas herm\u00e9ticas al escrutinio p\u00fablico e inmunes a cualquier clase de control democr\u00e1tico (cf. Chomsky, 2020).<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftn4\">[4]<\/a>&nbsp;De este modo, no s\u00f3lo debemos agradecer a un modelo agroindustrial dominado por el motivo del lucro la creciente probabilidad de pandemias como la que estamos sufriendo, sino que, adicionalmente, debemos agradecer a un sistema socioecon\u00f3mico dominado por el mismo motivo que la informaci\u00f3n acerca de esa creciente probabilidad fuera desatendida (cf. Font, 2020a, 2020b): poco pod\u00eda importarle al mercado esa informaci\u00f3n cuando sus implicaciones se ubicaban antes del lado de los costos y las p\u00e9rdidas que del de los beneficios (cf. Chomsky, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de esta pandemia ninguna implementaci\u00f3n de ninguna reformulaci\u00f3n concebible del credo neoliberal servir\u00e1 para hacer frente a un desplome de la demanda como el que se avecina: si la quimera anarcocapitalista desconcertaba ya en sus or\u00edgenes, hoy no existen palabras para describir su falta de conexi\u00f3n con la realidad. Por su parte, extender el \u00abkeynesianismo para las \u00e9lites\u00bb de los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os a un nuevo \u00abkeynesianismo para los pobres\u00bb quiz\u00e1 pudiera mantener vivo el capitalismo por un par de d\u00e9cadas, pero arruinar\u00eda definitivamente la biosfera.<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftn5\">[5]<\/a>&nbsp;Vivimos un momento hist\u00f3rico que reclama compromiso pol\u00edtico, y sin valorar adecuadamente estos hechos el mismo no puede sino extraviarse en idilios regresivos o&nbsp;<a href=\"https:\/\/blogs.publico.es\/dominiopublico\/30892\/mesianismo-tecnologico-y-limites-biofisicos-el-caso-del-100-electrico\/\">utop\u00edas irrealizables<\/a>. \u00abEl crecimiento econ\u00f3mico exponencial y la interminable acumulaci\u00f3n de capital se terminaron: no pueden prolongarse m\u00e1s, ni tampoco el tipo de consumismo consistente con ellos, de modo que debemos comenzar a pensar con seriedad en formas de construir un sistema social anticapitalista\u00bb (Harvey, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la pandemia, m\u00e1s nos vale que comience a orientarnos la solidaridad de los trabajadores y la racionalidad cient\u00edfica \u2013en lugar de la rivalidad en el mercado y la \u00abracionalidad\u00bb econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aguilera Klink, F. (2020) \u00abEconom\u00eda y medio ambiente: externalidades y fallos del mercado\u00bb,&nbsp;<em>Rebeli\u00f3n<\/em>, 1 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Andersen, K. G., et al. (2020) \u00abThe proximal origin of SARS-CoV-2\u00bb,&nbsp;<em>Nature Medicine<\/em>, 17 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Arias Maldonado, M. (2018)&nbsp;<em>Antropoceno. La pol\u00edtica en la era humana<\/em>. Barcelona: Taurus.<\/p>\n\n\n\n<p>Bailey, R., Froggatt, A. &amp; Wellesley, L. (2014)&nbsp;<em>Livestock: Climate Change\u2019s Forgotten Sector. Global Public Opinion on Meat and Dairy Consumption<\/em>. London: Chatham House\/The Royal Institute of International Affairs.<\/p>\n\n\n\n<p>Bunge, M. (1982\/2015)&nbsp;<em>Econom\u00eda y filosof\u00eda<\/em>. Pamplona: Laetoli.<\/p>\n\n\n\n<p>Carrington, D. (2018) \u00abAvoiding meat and dairy is \u2018single biggest way\u2019 to reduce your impact on Earth\u00bb,&nbsp;<em>The Guardian<\/em>, 31 de mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Chomsky, N. (1997) \u201cThe passion for free markets\u201d,&nbsp;<em>Z Magazine<\/em>, 10.<\/p>\n\n\n\n<p>Chomsky, N. (2020) \u00abCoronavirus: What is at stake?\u00bb,&nbsp;<em>DiEM25<\/em>, 28 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Eaton, G. (2013) \u00abHow public spending rose under Thatcher\u00bb,&nbsp;<em>NewStatesman<\/em>, 8 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Font, M. (2020a) \u00abEstamos alterando demasiado los sistemas naturales y entran en contacto con la especie humana virus que nunca lo hab\u00edan estado\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 25 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Font, M. (2020b) \u00abNecesitamos una respuesta a nivel mundial. Hemos fallado en no tener un plan coordinado y deber\u00edamos aprender\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 31 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Harvey, D. (2005)&nbsp;<em>Breve historia del neoliberalismo<\/em>. Madrid: Akal, 2007.<\/p>\n\n\n\n<p>Harvey, D. (2020) \u00abCompensatory consumerism\u00bb,&nbsp;<em>Anti-Capitalist Chronicles<\/em>, 2 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Herndon, T., Ash, M. &amp; Pollin, R. (2013) \u201cDoes high public debt consistently stifle economic growth? A critique of Reinhart and Rogoff\u201d,&nbsp;<em>Cambridge Journal of Economics<\/em>, 38(2), pp. 257-279.<\/p>\n\n\n\n<p>Herrero, M., et al. (2013) \u201cBiomass use, production, feed efficiencies, and greenhouse gas emissions from global livestock systems\u201d,&nbsp;<em>Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America<\/em>, 110(52), pp. 20888-20893.<\/p>\n\n\n\n<p>Huerta de Soto, J. (2018a) \u00abSociedades anarcocapitalistas\u00bb,&nbsp;<em>Xo\u00e1n de Lugo<\/em>, 10 de junio.<\/p>\n\n\n\n<p>Huerta de Soto, J. (2018b) \u201cDios y el anarcocapitalismo\u201d,&nbsp;<em>Fe y Libertad<\/em>, 1(2), pp. 171-183.<\/p>\n\n\n\n<p>Husson, M. (2020) \u00abNeoliberalismo contaminado\u00bb,&nbsp;<em>Viento Sur<\/em>, 2 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Korol, C. (2020) \u00abNo le echen la culpa al murci\u00e9lago\u00bb,&nbsp;<em>P\u00e1gina12<\/em>, 3 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Krugman, P. (2020)&nbsp;<em>Arguing with Zombies. Economics, Politics, and the Fight for a Better Future<\/em>. New York: Norton.<\/p>\n\n\n\n<p>Lymbery, P. (2017)&nbsp;<em>Dead Zone. Where the Wild Things Were<\/em>. London: Bloomsbury.<\/p>\n\n\n\n<p>Ostry, J. D., Loungani, P. &amp; Furceri, D. (2016) \u201cNeoliberalism: Oversold?\u201d,&nbsp;<em>Finance and Development<\/em>, 53(2), 38-41.<\/p>\n\n\n\n<p>Palazuelos, E. (2015) \u201cLas compa\u00f1\u00edas transnacionales como el jugador principal de la Econom\u00eda Mundial\u201d, en E. Palazuelos (dir.),&nbsp;<em>Econom\u00eda pol\u00edtica Mundial<\/em>, Madrid: Akal, pp. 49-67.<\/p>\n\n\n\n<p>Poore, J. &amp; Nemecek, T. (2018) \u201cReducing food\u2019s environmental impacts through producers and consumers\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 360(6392), pp. 987-992.<\/p>\n\n\n\n<p>Ramonet, I. (2009)&nbsp;<em>La cat\u00e1strofe perfecta. Crisis del siglo y refundaci\u00f3n del porvenir<\/em>. Madrid: P\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Savater, F. (2020) \u00abC\u00fanico\u00bb,&nbsp;<em>El Pa\u00eds<\/em>, 28 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Schwab, K. (2020) \u00abCovid-19: una prueba de fuego para el modelo de capitalismo de los grupos de inter\u00e9s\u00bb,&nbsp;<em>El Pa\u00eds<\/em>, 6 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigmund, P. E. (1984) \u201cChile. Free-market authoritarianism\u201d, en R. G. Wesson (ed.),&nbsp;<em>Politics, Policies, and Economic Development in Latin America<\/em>, Stanford, CA: Hoover Press, pp. 1-13.<\/p>\n\n\n\n<p>Stiglitz, J. E. (2017) \u00abThe globalization of our discontent\u00bb,&nbsp;<em>Project Syndicate<\/em>, 5 de diciembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Stiglitz, J. E. (2019) \u00abThe end of neoliberalism and the rebirth of history\u00bb,&nbsp;<em>Social Europe<\/em>, 26 de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Valladares Ros, F. (2020) \u00abSi no sanamos el clima, volveremos a enfermar\u00bb,&nbsp;<em>The Conversation<\/em>, 2 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Westhoek, H., et al. (2014) \u201cFood choices, health and environment: Effects of cutting Europe\u2019s meat and dairy intake,\u201d&nbsp;<em>Global Environmental Change<\/em>, 26, pp. 196-205.<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;Federico Aguilera Klink, Joan Mart\u00ednez Alier y Jos\u00e9 Manuel Naredo son las tres grandes excepciones en la econom\u00eda acad\u00e9mica espa\u00f1ola a una tendencia end\u00e9mica en el \u00e1rea: la ceguera a las ciencias naturales. Sobrevolando alguno de los rudimentos elementales de \u00e9stas, el primero ha vuelto recientemente a poner de relieve los motivos por los cuales locuciones como \u00abexternalidad negativa\u00bb carecen completamente de sentido (Aguilera Kilnk, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;Una tercera, bien que opcional, ser\u00eda la fe: a algunos ac\u00f3litos les sobran al parecer motivos para confiar en que Dios no s\u00f3lo comparte su credo socioecon\u00f3mico, sino que, de hecho, \u00abest\u00e1 con ellos\u00bb (Huerta de Soto, 2018b: 181).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;El editorial del \u00faltimo n\u00famero de febrero de 2020 de la revista&nbsp;<em>Nature<\/em>&nbsp;anunciaba su compromiso con la tarea de equilibrar la balanza acortando poco a poco la distancia que separa hoy ambos platos. Tal y como all\u00ed se pon\u00eda de relieve, la tarea es ingente, pero determinados proyectos comienzan a ofrecer moderados motivos para el optimismo. En Bunge (1982\/2015) encontrar\u00e1 el lector una aproximaci\u00f3n preliminar a la naturaleza de este hiato.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftnref4\">[4]<\/a>&nbsp;Nuevamente, hemos de tomarnos&nbsp;<em>cum grano salis<\/em>&nbsp;esa jerga econ\u00f3mica entrecomillada (cf. Aguilera Kilnk, 2020). Aclaremos, por otra parte, que la noci\u00f3n de tiran\u00eda alude en este contexto al hecho de que las corporaciones privadas, \u00abprotagonistas [hoy] del proceso econ\u00f3mico y las relaciones de poder\u00bb a escala nacional e internacional (Palazuelos, 2015: 64), constituyen el tipo de organizaci\u00f3n social m\u00e1s pr\u00f3ximo al ideal de una autocracia autoritaria jam\u00e1s concebido por el ser humano: las decisiones son tomadas por una min\u00fascula fracci\u00f3n de los miembros de la organizaci\u00f3n y nadie dentro o fuera de la misma tiene voz ni voto \u2013las opiniones e intereses del trabajador o el ciudadano, por muy afectados que puedan verse por aquellas decisiones, sencillamente no cuentan.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria\/#_ftnref5\">[5]<\/a>&nbsp;Lleva pues raz\u00f3n el padre del Foro de Davos: el capitalismo con rostro humano y aderezo filantr\u00f3pico es, en efecto, el \u00fanico \u00abmodelo econ\u00f3mico que nos permitir\u00e1 sobrevivir hoy\u00bb (Schwab, 2020). Lleva raz\u00f3n en el pronombre en primera persona del plural, porque se trata del \u00fanico modelo compatible a corto plazo con la promesa de reproducci\u00f3n de&nbsp;<em>su<\/em>&nbsp;clase social, y justamente por la cuesti\u00f3n de los plazos lleva asimismo raz\u00f3n en el adverbio demostrativo de tiempo: nuestros comisarios no suelen tener en cuenta la realidad biof\u00edsica al plantearse la cuesti\u00f3n del lugar en el que colocar el siguiente parche a nuestro sistema socioecon\u00f3mico \u2013y, desde luego, Schwab no es ninguna excepci\u00f3n en este punto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Asier Arias Fuente: Rebeli\u00f3n No es necesario un terremoto para derribar un castillo de naipes: basta un exceso de peso aqu\u00ed o una leve corriente de aire all\u00e1. Basta, en otras palabras, una eventualidad. 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