{"id":1708,"date":"2020-04-17T10:33:31","date_gmt":"2020-04-17T10:33:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1708"},"modified":"2020-04-26T14:05:35","modified_gmt":"2020-04-26T14:05:35","slug":"covid-19-y-la-superacion-imaginaria-del-neoliberalismo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1708","title":{"rendered":"Covid-19 y la superaci\u00f3n imaginaria del neoliberalismo"},"content":{"rendered":"\n<p>Alejandro Pedregal<strong>,\u00a0<\/strong>Jaime Vindel<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/vientosur\/covid-19-y-la-superacion-imaginaria-del-neoliberalismo\">El Salto Diario<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Ante la situaci\u00f3n de excepcionalidad que vivimos durante estas semanas debido a la pandemia de la COVID-19, algunos sectores de la izquierda pol\u00edtica han sacado a relucir un cierto \u201coptimismo de la voluntad\u201d seg\u00fan el cual nos encontrar\u00edamos a las puertas del fin del neoliberalismo. La crisis presente y su previsible acentuaci\u00f3n venidera han incentivado las esperanzas de quienes vislumbran la derrota definitiva de toda austeridad y el advenimiento de una gesti\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s social. Desde estos espacios se interpela a la poblaci\u00f3n encerrada en sus casas para compartir ese proyecto, con el fin de propiciar las condiciones subjetivas que permitan impulsar una agenda de reformas ambiciosa tras el d\u00eda en que el gobierno decrete el cese del estado de alarma. No est\u00e1 en nuestro \u00e1nimo alimentar pasiones tristes ante el reto pol\u00edtico que estamos encarando, pero s\u00ed que consideramos que \u2014parafraseando la expresi\u00f3n de Antonio Gramsci\u2014 conviene que contrapesemos ese \u201coptimismo de la voluntad\u201d con un cierto \u201cpesimismo del intelecto\u201d, que nos permita enfocar el futuro inmediato desde el realismo anal\u00edtico y la radicalidad pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, a continuaci\u00f3n exponemos algunos de los puntos que entendemos relevantes para la reflexi\u00f3n, al tiempo que asumimos que hay muchos otros que, por cuestiones de urgencia, espacio u otras limitaciones vinculadas a nuestras propias particularidades, dejamos fuera, y que ser\u00e1 necesario sumar al debate.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La batalla pol\u00edtica e ideol\u00f3gica<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, queremos destacar algo obvio: no es necesario alimentar hip\u00f3tesis conspirativas para suponer que diversos sectores del poder pol\u00edtico y econ\u00f3mico tambi\u00e9n se encuentran implicados en la tarea de configurar nuevas reglas para despu\u00e9s del confinamiento. Frente a unas fuerzas de izquierda sometidas a tensiones internas y una poblaci\u00f3n inmovilizada, la derecha cuenta con instrumentos efectivos (en particular, la alianza neoliberal entre las instituciones estatales y el poder financiero) que le otorgan una ventaja de partida para enfrentar la coyuntura actual. La situaci\u00f3n que vivimos hace que se tope con menos resistencias reales: en el caso particular de Espa\u00f1a, algunos diques de contenci\u00f3n \u2014de un alcance relativo, aunque sin duda valorable\u2014 que se est\u00e1n levantando al interior del consejo de ministros e iniciativas ciudadanas como la huelga impulsada por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos.<\/p>\n\n\n\n<p>La batalla cultural que la derecha y la ultraderecha est\u00e1n librando en las redes sociales es un s\u00edntoma superficial de los esfuerzos del capital por reconducir la situaci\u00f3n hacia escenarios que le sean favorables. No est\u00e1 de m\u00e1s en este contexto, como ha recordado Naomi Klein, que las \u00e9lites neoliberales llevan tatuadas en su mente las palabras de su gran referente, Milton Friedman, seg\u00fan el cual \u201csolo una crisis, real o percibida, da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente\u201d, por lo que es necesario \u201cdesarrollar alternativas a las pol\u00edticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo pol\u00edticamente imposible se vuelve pol\u00edticamente inevitable\u201d. Conscientes de la asimetr\u00eda con la que los diferentes sectores sociales pueden acceder a los resortes del poder, las \u00e9lites neoliberales a menudo anticipan su lucha ideol\u00f3gica al desarrollo de esas alternativas. Fascinadas por la astucia neoliberal (o por referentes te\u00f3ricos del poder como Carl Schmitt), el populismo progresista pasa por alto ese desequilibrio al tratar de impulsar sus propias operaciones discursivas, como si el terreno de confrontaci\u00f3n dial\u00e9ctica no estuviera inclinado antes del inicio del juego. Nos parece que la proclamaci\u00f3n apresurada del fin del neoliberalismo responde a esa tendencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La desigualdad en la correlaci\u00f3n de fuerzas explica que, en cada crisis a la que hemos asistido desde los a\u00f1os setenta, los partidarios del monetarismo y el libre mercado se hayan situado en mejor disposici\u00f3n que las diversas variantes de la izquierda pol\u00edtica. La capacidad que el neoliberalismo ha mostrado para forjar otros mundos posibles ha sido recientemente reformulada por la derecha populista, la ultraderecha y los neofascismos, que han sabido conjugar la consolidaci\u00f3n del orden existente con una anticipaci\u00f3n, m\u00e1s o menos consciente, a los escenarios de crisis, sacando rentabilidad pol\u00edtica y econ\u00f3mica de ellos. La utop\u00eda neoliberal se ve as\u00ed sucedida por lo que Angelica Dimitrakaki y Harry Weeks han identificado como las \u201cpol\u00edticas conservadoras prefigurativas\u201d de la nueva derecha: su habilidad para poner la innovaci\u00f3n pol\u00edtica al servicio de la reproducci\u00f3n de lo mismo (o lo peor). El capitalismo del desastre avanza as\u00ed hacia contextos de democracia vaciada, cuando no directamente autoritarios. (En el momento en el que escribimos estas l\u00edneas, el parlamento h\u00fangaro acaba de aprobar un estado de emergencia indefinido que, bajo la justificaci\u00f3n de hacer frente a la crisis del coronavirus, otorga plenos poderes al primer ministro Viktor Orban al suspender la actividad de la c\u00e1mara legislativa e instaurar un clima de censura de la libertad de expresi\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, la izquierda evidencia dificultades para organizarse alrededor de bases sociales s\u00f3lidas. Ante la pol\u00edtica fren\u00e9tica impulsada por el neoliberalismo, que en apenas unas d\u00e9cadas ha revolucionado la matriz productiva y la subjetividad de las sociedades occidentales, la izquierda ha tendido a camuflar esa endeblez organizativa mediante la puesta en juego de diversos \u201csignificantes vac\u00edos\u201d, m\u00e1quinas de guerra electoral y \u2014durante estos d\u00edas\u2014 la superaci\u00f3n imaginaria del neoliberalismo. Entendemos que es imprescindible dar la batalla por la hegemon\u00eda en todos los campos, pero tambi\u00e9n defendemos que la centralidad de la pol\u00edtica emancipatoria no puede residir en proyectar sombras y perseguir fantasmas gestados por expertos en comunicaci\u00f3n pol\u00edtica. Esta inercia ha ido arrastrando a la izquierda pol\u00edtica hacia formas cada vez m\u00e1s difusas, con un alto grado de inorganicidad en su funcionamiento interno y una falta de ambici\u00f3n program\u00e1tica en relaci\u00f3n a aquellos sectores sociales que pueden verdaderamente impulsar y materializar un cambio radical que facilite la planificaci\u00f3n coordinada de nuestra vida en com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cuesti\u00f3n econ\u00f3mica y el marco de la UE<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El optimismo del que hablamos parece tambi\u00e9n pasar por alto algunos factores esenciales para entender qu\u00e9 significan las crisis para el capitalismo y c\u00f3mo ha actuado hist\u00f3ricamente ante ellas. Lo primero ser\u00eda resaltar un elemento fundamental: las crisis son partes constitutivas del capitalismo. Es decir, una crisis, por s\u00ed misma, no debe entenderse como una etapa que necesariamente permita adivinar el fin del capitalismo ni su declive. Se trata de una fase m\u00e1s de la din\u00e1mica del capital en la que este se confronta con sus propias contradicciones, de manera quiz\u00e1 m\u00e1s notoria que en etapas de mayor estabilidad. El hecho de que durante una crisis sea m\u00e1s notable la indiferencia del capital por la vida humana y sus condiciones materiales, no siempre representa la antesala de un cambio hacia un proyecto social m\u00e1s equitativo. El capitalismo, como sistema, es un engranaje l\u00f3gico amoral, cuyo funcionamiento depende de la cosificaci\u00f3n de las relaciones sociales. Lo que desnudan las crisis es esa (ir)racionalidad subyacente, pero eso no nos dice nada sobre la eventual superaci\u00f3n del orden existente.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, lo que sucede normalmente durante una crisis es lo contrario, m\u00e1s a\u00fan cuando en su fuga hacia adelante el capitalismo no encuentra contrapoderes medianamente consistentes. En esas situaciones, el capital tiende a concentrarse y, consecuentemente, las brechas sociales se agrandan. El hecho de que esto provoque confrontaciones cada vez m\u00e1s enconadas no ha de traducirse en una batalla que resuelva las contradicciones entre capital y trabajo, pues el primero dispone de medios suficientes para forjar nuevas relaciones sociales que desv\u00eden los conflictos hacia otros escenarios, al tiempo que explora nuevas formas de generar ganancias: incrementando la divisi\u00f3n racial o de g\u00e9nero al interior de las clases subalternas, externalizando servicios prescindibles, deslocalizando determinados sectores econ\u00f3micos, condicionando la movilidad de los trabajadores, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan han sugerido economistas como Michael Roberts, la crisis econ\u00f3mica que asoma tiene muchas probabilidades de ser muy superior a la del 2007-08 (o a la crisis fiscal europea de 2011), ya que arranca sin que la crisis anterior haya resuelto sus propias contradicciones, en un escenario econ\u00f3mico internacional cargado de incertidumbres. A esto habr\u00eda que sumar que los propios instrumentos que se emplearon para la salida de la crisis de 2007-08 condicionan el modo en que se va a afrontar esta: la apuesta por la pol\u00edtica monetaria y el rescate bancario no hizo m\u00e1s que fortalecer el poder de los sectores especulativos ante las coyunturas cr\u00edticas por venir. Por referirnos nuevamente al contexto espa\u00f1ol, estamos apreciando esta tendencia en las medidas que el ejecutivo est\u00e1 planteando con objeto de atajar la crisis social en curso: la moratoria en el ingreso de las hipotecas o la activaci\u00f3n de cr\u00e9ditos para el pago de los alquileres, aunque pueden resultar parcialmente paliativas, no comprometen en ning\u00fan caso los intereses de los sectores rentistas y financieros de la econom\u00eda nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, la Uni\u00f3n Europea ha replicado en estos d\u00edas la misma din\u00e1mica que presenciamos tras el 2011, con las reticencias de diversos Estados miembros (en particular, Alemania, Holanda, Finlandia o Austria) a la creaci\u00f3n de \u201ccoronabonos\u201d o \u201cbonos de reconstrucci\u00f3n\u201d que mutualicen la salida de la crisis, y con su apuesta por revalidar los mecanismos de rescate financiero a trav\u00e9s del MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Adem\u00e1s, estos \u00fanicamente estar\u00edan exentos de contrapartidas si sus fondos se destinaran al rubro sanitario, lo que por tanto dejar\u00eda al margen de un potencial apoyo a todas aquellas pol\u00edticas destinadas a salvaguardar el empleo o preservar los servicios p\u00fablicos. En este contexto, el papel de la UE como agente geopol\u00edtico, ya sumamente trastocado desde el inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, puede verse a\u00fan m\u00e1s debilitado por la p\u00e9rdida de legitimidad interna. Aunque debido a las desigualdades de poder econ\u00f3mico y a las fuertes relaciones de dependencia entre los pa\u00edses del norte y el sur es dif\u00edcil imaginar una desestructuraci\u00f3n inmediata del mercado com\u00fan europeo, la ruina de su proyecto pol\u00edtico puede conducir a la UE en el medio plazo a una situaci\u00f3n cr\u00edtica, si no a su disoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cuesti\u00f3n geopol\u00edtica&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por si esto fuera poco, no es descartable que el (des)orden internacional d\u00e9 lugar a un nuevo belicismo. Es conocida la tendencia del capitalismo a resolver las crisis y reconstruirse por medio de su \u201cdestrucci\u00f3n creativa\u201d por excelencia: las guerras. Lo sucedido desde la \u00faltima crisis en Libia y Siria \u2014adem\u00e1s de las tensiones, sanciones y amenazas hacia Venezuela e Ir\u00e1n u otro tipo de intervenciones como el golpe recientemente perpetrado en Bolivia\u2014 podr\u00eda servirnos de ejemplo. La reactivaci\u00f3n de la econom\u00eda precisa de recursos a bajo coste, y el saqueo de estos en periodos de declive es una de las m\u00faltiples pol\u00edticas, no exentas de convulsiones, que los centros capitalistas adoptan para ello. Este riesgo resulta si cabe a\u00fan m\u00e1s inquietante en una \u00e9poca atravesada por el deterioro ecosist\u00e9mico, la creciente escasez de recursos energ\u00e9ticos y la posibilidad de que pandemias como la que vivimos estos d\u00edas retornen c\u00edclicamente. El escenario que se abra deber\u00e1 contar, adem\u00e1s, con un factor que hasta ahora parec\u00eda parte del pasado: la escalada nuclear reanudada por Estados Unidos en un escenario global de tensi\u00f3n, en el que la potencia norteamericana ha abandonado o finiquitado todo tratado que pueda ponerla freno. Finalmente, es de prever que las intervenciones militares y sus \u201cvariantes\u201d, unidas a la cat\u00e1strofe clim\u00e1tica, provocar\u00e1n nuevos movimientos migratorios de poblaciones en busca de unas condiciones vitales m\u00ednimamente garantizadas. Ante esta presi\u00f3n migratoria y el efecto de la crisis econ\u00f3mica en los llamados pa\u00edses desarrollados, es factible que el neoliberalismo fomente sus alianzas pol\u00edticas con las ultraderechas populistas, impulsando un refuerzo de las fronteras que acompa\u00f1e a sus medidas econ\u00f3micas de austeridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los elementos decisivos de la fase en la que nos adentramos ser\u00e1 la posici\u00f3n hegem\u00f3nica de China. Aunque resulte apresurado declarar el final del imperio estadounidense, no podemos desmerecer el nuevo rol que el pa\u00eds asi\u00e1tico viene jugando en la geopol\u00edtica global, el cual solo se ha visto incrementado (especialmente en t\u00e9rminos de visibilidad medi\u00e1tica) con la crisis del coronavirus. Como ha destacado David Harvey, China cumpli\u00f3 un papel fundamental en la salida a la crisis financiera de 2008: la masiva inversi\u00f3n en la construcci\u00f3n de infraestructuras y viviendas, junto a la expansi\u00f3n del comercio exterior, dieron cauce a los excedentes de capital y a la realizaci\u00f3n del valor. Para Harvey, nos encontramos ante una tesitura en la que es dudoso que el gigante asi\u00e1tico, que m\u00e1s recientemente ha comenzado a reconfigurar su modelo productivo hacia el sector de servicios y la inversi\u00f3n en I+D, pueda volver a jugar ese rol.<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n a Estados Unidos, Harvey pronostica que un eventual desfondamiento de su econom\u00eda derivado de la crisis sanitaria podr\u00eda dar lugar a un cierre autoritario de la administraci\u00f3n Trump, que en una situaci\u00f3n de emergencia incluso contemplar\u00eda la nacionalizaci\u00f3n de sectores productivos clave como la automoci\u00f3n. En definitiva, se tratar\u00eda de una pol\u00edtica destinada a complementar la liquidez con que la Reserva Federal est\u00e1 inyectando la econom\u00eda durante los primeros compases de la crisis (y que, al igual que sucede en el contexto de la UE con el Banco Central, en t\u00e9rminos cuantitativos privilegiar\u00eda los intereses del bloque de poder dominante sobre las pol\u00edticas sociales paliativas). Qui\u00e9n sabe si no asistiremos as\u00ed a un reemplazo del \u201cMake America Great Again\u201d por un particular \u201cSave America First\u201d (por evocar el libro de 1938 de Jerome Frank, abogado de la primera \u00e9poca del New Deal), que redefina el discurso proteccionista en un contexto de progresiva desglobalizaci\u00f3n de los flujos econ\u00f3micos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, incluso si China consiguiera extender su hegemon\u00eda pol\u00edtico-econ\u00f3mica en el nuevo orden mundial, la hegemon\u00eda militar de Estados Unidos, con una inversi\u00f3n en defensa superior al agregado en gasto de al menos los siguiente ocho pa\u00edses (y con un presupuesto en crecimiento desbocado), est\u00e1 muy lejos de su alcance. Y, como sabemos, no hay nada m\u00e1s peligroso que un imperio declinante con la autoestima herida y una capacidad de destrucci\u00f3n tan vasta, con cantidades ingentes de bases militares y soldados repartidos por todo el globo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este proceso de militarizaci\u00f3n podr\u00eda afectar tanto a las relaciones internacionales como al conjunto de la vida p\u00fablica. Desde hace casi dos d\u00e9cadas, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo existe una creciente naturalizaci\u00f3n social de la vigilancia y el control que se puede ver favorecida por las consecuencias psicosociales del confinamiento. Por si fuera poco, durante la crisis del coronavirus estamos asistiendo en diversos pa\u00edses a la proliferaci\u00f3n de discursos de patrioterismo folcl\u00f3rico que llaman a la \u201cunidad nacional\u201d y a expresiones coercitivas que alimentan la desconfianza y el miedo entre la ciudadan\u00eda. Se trata de una estrategia que fortalece el imaginario reactivo del \u201cpolic\u00eda que llevamos dentro\u201d (una suerte de socializaci\u00f3n v\u00edrica de la Ley mordaza), con la intriga a\u00f1adida sobre el uso futuro de los datos que se habr\u00e1n acumulado en estos meses por medio de aplicaciones y redes sociales, con independencia de que estos hayan sido aportados con la intenci\u00f3n de contribuir socialmente a la superaci\u00f3n de la emergencia sanitaria.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La crisis ecol\u00f3gica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Otro argumento que nos genera dudas es aquel que quiere ver en el par\u00f3n productivo ocasionado por la COVID-19 una oportunidad inmejorable para activar procesos de transformaci\u00f3n social que hagan frente a las demandas de la crisis ecol\u00f3gica. Compartimos la necesidad de desafiar el modo en que la crisis ecol\u00f3gica est\u00e1 quedando omitida por la emergencia sanitaria, algo que invisibiliza la posible relaci\u00f3n entre ambas. (Como ha se\u00f1alado el bi\u00f3logo estadounidense Rob Wallace, aunque no existe una certeza absoluta sobre el origen de la pandemia, esta crisis s\u00ed permite destacar el v\u00ednculo cada vez m\u00e1s notorio entre la extensi\u00f3n geogr\u00e1fica del modelo agroindustrial, sus condiciones de producci\u00f3n y la activaci\u00f3n de cepas v\u00edricas que hasta este momento hab\u00edan permanecido aisladas en zonas de naturaleza salvaje o que eran portadas por animales no incorporados a\u00fan a la dieta humana).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, somos esc\u00e9pticos respecto al entusiasmo de quienes perciben una noticia esperanzadora en el descenso de las emisiones de gases de efecto invernadero durante estos meses, en la medida en que estimamos que tiene un valor pr\u00e1cticamente insignificante si no se ve dotado de continuidad. Como es sabido, el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero en relaci\u00f3n a la crisis ecol\u00f3gica no reside en las emisiones puntuales, sino en su acumulaci\u00f3n hist\u00f3rica. Y, al contrario de lo que nos gustar\u00eda suponer, todo indica que el incremento sostenido de emisiones se reanudar\u00e1 una vez pase la emergencia sanitaria, incluso es probable que se acelere con la justificaci\u00f3n de reactivar la econom\u00eda, tan dependiente de los combustibles f\u00f3siles.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, ya encontramos indicios sumamente preocupantes que apuntan hacia la posibilidad de que la legislaci\u00f3n existente sobre regulaci\u00f3n medioambiental se vea relajada \u2014si no suprimida\u2014 en un futuro inmediato. As\u00ed, hace apenas unos d\u00edas, y adoptando las exigencias de la industria petrolera, la Agencia de Protecci\u00f3n del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en ingl\u00e9s) anunciaba que, ante la incertidumbre que la COVID-19 arrojaba sobre la econom\u00eda norteamericana, se suspend\u00edan temporalmente las leyes de protecci\u00f3n ambiental. Es evidente que en un escenario pol\u00edtico de excepcionalidad, en el que es m\u00e1s que factible que se refuercen posturas autoritarias, y ante la inexistencia de acuerdos internacionales ante los que responder (recordemos que la administraci\u00f3n Trump se retir\u00f3 de los Acuerdos de Par\u00eds), la medida abre la posibilidad de que este tipo de actuaciones proliferen y se alarguen en el tiempo. Adem\u00e1s, el ejemplo estadounidense podr\u00eda ser perfectamente replicado en todos aquellos pa\u00edses que no quieran perder el paso competitivo, de acuerdo con la l\u00f3gica del crecimiento econ\u00f3mico capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir, en el contexto que se avecina no podemos descartar que dentro del propio ecologismo, en contraposici\u00f3n a aquellas voces que proponen cambios sist\u00e9micos, se fortalezcan a medio plazo posturas de car\u00e1cter biorregionalista, econacionalista o ecofascista, con un fuerte sesgo clasista y racista, que invoquen melanc\u00f3licamente pasados m\u00edticos de conexi\u00f3n con la naturaleza o abracen diversas variantes de un antihumanismo neomalthusiano.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Otro Plan Marshall\u2026 \u00bfes posible?<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n a este panorama cabr\u00eda preguntarse c\u00f3mo se encuentra posicionada la izquierda social y pol\u00edtica, m\u00e1s all\u00e1 de las proyecciones imaginarias que hemos cuestionado. Obviamente, no tratamos de despreciar la importancia de la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica respecto a la evoluci\u00f3n futura del curso de la historia, pero s\u00ed cuestionar su desconexi\u00f3n radical respecto a un an\u00e1lisis medianamente preciso de la correlaci\u00f3n de fuerzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante estos d\u00edas hemos escuchado alusiones a la necesidad de implementar un nuevo Plan Marshall para Europa, que en este caso sea impulsado por las propias instituciones europeas, en lugar de contar con la tutela del socio estadounidense. En realidad, se trata de una visi\u00f3n sumamente paternalista del viraje sociopol\u00edtico por venir, que autonomiza la centralidad del Estado en los procesos de transformaci\u00f3n. Algo similar se puede decir de quienes abogan por la implementaci\u00f3n de un Green New Deal. En ambos casos se pasa por alto que los procesos hist\u00f3ricos del siglo XX en que se inspiran fueron impulsados gracias a la acumulaci\u00f3n de poder por el movimiento obrero en un ciclo de larga duraci\u00f3n, que tuvo, entre otros, hitos tan relevantes como los acontecimientos revolucionarios de 1848, 1871 y 1917. Quienes claman por activar una matriz neokeynesiana de pol\u00edticas p\u00fablicas con frecuencia olvidan realizar una valoraci\u00f3n m\u00e1s espec\u00edfica de cu\u00e1les fueron las circunstancias que propiciaron el original hist\u00f3rico al que se abrazan.<\/p>\n\n\n\n<p>Como han se\u00f1alado autores como Mike Davis o Noam Chomsky, la fortaleza de los sindicatos industriales estadounidenses fue decisiva durante los a\u00f1os treinta para que el presidente Roosevelt impulsara la segunda tanda de medidas sociales del New Deal, que pese a todo se quedaron a las puertas de la creaci\u00f3n de un sistema sanitario p\u00fablico (un d\u00e9ficit que genera grandes estragos en la poblaci\u00f3n norteamericana, como se evidencia en estos d\u00edas). Por otra parte, esa dial\u00e9ctica entre el poder sindical y el Partido Dem\u00f3crata, sumada al clima premacarthista y las acusaciones de querer implantar un r\u00e9gimen comunista en Estados Unidos, impidieron que la clase trabajadora estadounidense consolidara una organizaci\u00f3n pol\u00edtica propia de referencia (otra cuenta pendiente que se arrastra hasta hoy).<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a Europa, seg\u00fan recuerda Josep Fontana, el Plan Marshall fue ante todo un ejercicio de contenci\u00f3n que marc\u00f3 en 1947 el inicio de la Guerra Fr\u00eda, con la consecuente dependencia de Estados Unidos a todos los niveles (incluido el energ\u00e9tico, con el giro decisivo hacia el petr\u00f3leo que, como han se\u00f1alado Timothy Mitchell o Andreas Malm, propuls\u00f3 a las multinacionales petroqu\u00edmicas estadounidenses). Este plan de contenci\u00f3n no solo fue implementado por el gobierno de Estados Unidos con la intenci\u00f3n de aplacar la irradiaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en Europa occidental, sino que supuso un pacto de coyuntura entre las fuerzas del capital y del trabajo en el contexto de la posguerra, que no siempre colmaba las aspiraciones de las clases subalternas.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan destacara hace d\u00e9cadas E. P. Thompson, o m\u00e1s recientemente Selina Todd, el per\u00edodo 1942-48 contribuy\u00f3 a que las clases trabajadoras de Europa occidental alcanzaran una hegemon\u00eda social sin precedentes, lo cual permiti\u00f3 al gobierno brit\u00e1nico llevar adelante una agresiva agenda de reformas sociales \u2014incluida la nacionalizaci\u00f3n de sectores estrat\u00e9gicos\u2014, que se sit\u00faa en el origen del Estado del bienestar. Pero esas reformas eran percibidas por amplios sectores del movimiento obrero y de la cultura antifascista como un avance provisional hacia el socialismo, no como una conquista definitiva. El Estado del bienestar era un \u00e1mbito en disputa entre quienes reivindicaban la herencia de esa imaginaci\u00f3n hist\u00f3rica, y su progresiva conversi\u00f3n en lo que el propio Thompson denomin\u00f3 un \u201cEstado de oportunidad\u201d: un modelo social que, en lugar de constituirse como un horizonte nivelador que garantizara la felicidad colectiva, promovi\u00f3 la conciencia individualista seg\u00fan la cual la igualdad era concebida como un punto de partida para la competitividad entre pares.<\/p>\n\n\n\n<p>Que este segundo modelo se impusiera allan\u00f3 el camino a las tesis de la Escuela de Chicago, con Friedman a la cabeza. Lo que hizo la contrarrevoluci\u00f3n neoliberal fue construir un nuevo juego de equilibrios en el que el secesionismo de las \u00e9lites (el blindaje de los intereses del 1%) y la creciente desigualdad en el acceso a los ingresos y los servicios sociales se conjug\u00f3 con un modelo meritocr\u00e1tico falaz de reconocimiento econ\u00f3mico y cultural. La carencia de una cultura igualitaria bajo este modelo ha acabado reproduciendo, en ese sentido, la desarticulaci\u00f3n de las clases trabajadoras a la que alud\u00edamos m\u00e1s arriba. Esto dificulta enormemente la construcci\u00f3n de formas de solidaridad que no respondan simplemente a una irrigaci\u00f3n del Estado hacia la sociedad civil por medio de pol\u00edticas redistributivas; un clima social en el que la falta de acceso al empleo y ciertos bienes de primera necesidad (como la energ\u00eda), sumada a la crisis de los cuidados y al bloqueo de la imaginaci\u00f3n de alternativas radicales y factibles, constituye un c\u00f3ctel subjetivo enormemente inflamable.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La izquierda ante una nueva encrucijada hist\u00f3rica&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si queremos atajar una posible involuci\u00f3n de nuestras sociedades que capitalice en un sentido reactivo las diferencias abismales ya existentes en t\u00e9rminos de clase, g\u00e9nero y raza, la izquierda ha de actuar de manera coordinada en diversos frentes y dotarse de los contrapesos adecuados para ello. No nos cabe duda de que las expresiones de solidaridad y de concienciaci\u00f3n ciudadana en favor de lo p\u00fablico que presenciamos emocionados estos d\u00edas quedar\u00e1n como un capital pol\u00edtico incalculable para rearmar toda forma de resistencia social. Pero el trabajo de formaci\u00f3n de un nuevo bloque hist\u00f3rico no puede responder nuevamente a los atajos discursivos que han hegemonizado el ciclo de la \u201cnueva pol\u00edtica\u201c \u2014notablemente presente en casi todas las geograf\u00edas del Estado espa\u00f1ol\u2014, un aspecto que ayuda a explicar la escas\u00edsima porosidad de esas organizaciones para canalizar las demandas procedentes de los sectores sociales desfavorecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, tambi\u00e9n deseamos identificar algunos elementos esperanzadores para mirar al futuro. Pese a que no creemos que se deba sobrevalorar la capacidad de los movimientos ciudadanos y de la \u201dnueva pol\u00edtica\u201c para colmar la desestructuraci\u00f3n neoliberal de la vida p\u00fablica, lo cierto es que el ciclo abierto en 2008 no solo ha fortalecido el poder de las finanzas. Tambi\u00e9n ha forjado valiosos espacios de aprendizaje para las formas de contestaci\u00f3n dentro del tejido asociativo de los barrios y otros \u00e1mbitos de conflicto y resistencia sociopol\u00edtica de base. En todo caso, es posible que, en el futuro inmediato, la rabia y la conciencia acumuladas durante el movimiento ciudadano detonado en el 2011 deban encontrar otra modulaci\u00f3n pol\u00edtica. La memoria viva de las protestas sociales y la pervivencia de redes informales de organizaci\u00f3n comunitaria gestadas desde entonces ofrecen una buena plataforma sobre la que fraguar las luchas que vendr\u00e1n, pero probablemente estas presenten una composici\u00f3n social diferente a la del ciclo anterior. En el caso espa\u00f1ol, esas luchas deber\u00e1n adem\u00e1s encarar el reto de resistir a la posibilidad de que unos nuevos \u201dPactos de la Moncloa\u201c consoliden la autonom\u00eda de la pol\u00edtica partidista, con la justificaci\u00f3n de atajar la incertidumbre econ\u00f3mico-social.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante una emergencia como la actual y sus probables consecuencias dram\u00e1ticas, antes que imaginar futuros desconectados de la realidad hist\u00f3rica que nos ha tocado vivir, y con el prop\u00f3sito genuino de construir una fuerza transformadora en beneficio de la mayor\u00eda, es importante que la izquierda disponga de una radiograf\u00eda lo m\u00e1s precisa posible de la situaci\u00f3n que enfrenta. No para quedarse en un mero nivel de an\u00e1lisis, sino para inscribir de modo efectivo su acci\u00f3n en el proceso pol\u00edtico que abre la crisis de la COVID-19. Si, como se\u00f1al\u00f3 Bertolt Brecht, \u201dla esperanza est\u00e1 latente en las contradicciones\u201c, entonces hemos de afrontar estas con determinaci\u00f3n, sin recrearnos en proyecciones autocumplidas. Solo de esta forma ser\u00e1 posible constituir formas cohesionadas de contrapoder, que puedan anticiparse a las \u00e9lites y resistir sus \u201dpol\u00edticas inevitables\u201d de forma imaginativa, para as\u00ed activar aquellas alternativas que respondan a las necesidades y anhelos de una vida mejor en com\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Pedregal,\u00a0Jaime Vindel Fuente: El Salto Diario Ante la situaci\u00f3n de excepcionalidad que vivimos durante estas semanas debido a la pandemia de la COVID-19, algunos sectores de la izquierda pol\u00edtica han sacado a relucir un cierto \u201coptimismo de la voluntad\u201d seg\u00fan el cual nos encontrar\u00edamos a las puertas del fin del neoliberalismo. 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