{"id":1992,"date":"2020-05-12T10:23:37","date_gmt":"2020-05-12T10:23:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1992"},"modified":"2020-05-12T10:23:38","modified_gmt":"2020-05-12T10:23:38","slug":"la-agroindustria-y-la-sexta-extincion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=1992","title":{"rendered":"La agroindustria y la sexta extinci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Asier Arias<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La vida ha estado presente en la Tierra durante m\u00e1s de 3.500 millones de a\u00f1os (Ma), pero los primeros 3.000 Ma fueron ciertamente aburridos: apenas hab\u00eda diversidad. Fue a partir de la as\u00ed llamada explosi\u00f3n c\u00e1mbrica, hace unos 540 Ma, cuando nuestro planeta comenz\u00f3 a albergar una variedad considerable de organismos multicelulares complejos. Desde entonces han tenido lugar cinco extinciones masivas, episodios de r\u00e1pida disminuci\u00f3n del n\u00famero de formas de vida: la del Ordov\u00edcico-Sil\u00farico (hace unos 440 Ma), la del Dev\u00f3nico-Carbon\u00edfero (380 Ma), la del P\u00e9rmico-Tri\u00e1sico (250 Ma), la del Tri\u00e1sico-Jur\u00e1sico (210 Ma) y la del Cret\u00e1cico-Terciario (65 Ma). Hoy nos encontramos inmersos en el sexto episodio de esta clase.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe destacar dos rasgos compartidos por esos cinco episodios previos al actual. En primer lugar, en cada uno de ellos se perdieron m\u00e1s de tres cuartas partes de las especies existentes. En segundo lugar, todos ellos tuvieron lugar a lo largo de periodos que se prolongaron durante m\u00e1s de un mill\u00f3n de a\u00f1os. Puede que el episodio del Cret\u00e1cico-Terciario, \u00abel de los dinosaurios\u00bb, constituya una excepci\u00f3n a esta regla, pues probablemente fuera considerablemente m\u00e1s r\u00e1pido que los anteriores. No obstante, incluso en este caso, hablamos de rapidez geol\u00f3gica, esto es, de procesos muy lentos a nuestros ojos: una decena de miles de a\u00f1os se considera una estimaci\u00f3n corta del periodo a lo largo del cual se produjo esta pen\u00faltima grave erosi\u00f3n de la biodiversidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Al parecer, la actual extinci\u00f3n masiva difiere de las previas, justamente, en su velocidad: el proceso est\u00e1 siendo m\u00e1s r\u00e1pido esta vez. Sin embargo, y por de pronto, en lo que no parece diferir es en su alcance: estos eventos se asemejan al derrumbe de un castillo de naipes \u2013y, en vista de la din\u00e1mica de anteriores episodios, nuestra especie no juega con las mejores cartas (cf. Wills, 2015).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, con todo, otro importante factor diferencial entre&nbsp;<em>nuestra<\/em>&nbsp;extinci\u00f3n masiva y las previas: la responsabilidad. Existe un solo cabo del que tirar a la hora de explicar por qu\u00e9 la tasa de extinciones es hoy muy superior a la esperada en ausencia del impacto de actividades humanas, a saber, las propias actividades humanas. As\u00ed las cosas, no resulta sencillo desafiar la conclusi\u00f3n de que la principal diferencia entre la actual y las anteriores extinciones masivas es de car\u00e1cter moral. Aceptando la correcci\u00f3n de la hip\u00f3tesis \u00c1lvarez, seg\u00fan la cual el impacto de un gran meteorito desencaden\u00f3 hace 65 Ma la extinci\u00f3n masiva del Cret\u00e1cico-Terciario, cabe decir de la actual que ahora nosotros somos el meteorito. Hilar fino a la hora de determinar qu\u00e9 se esconde tras ese \u00abnosotros\u00bb es, quiz\u00e1, la clave de aquella responsabilidad moral.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Nuestra extinci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La grave erosi\u00f3n que en las \u00faltimas d\u00e9cadas ha experimentado la riqueza biol\u00f3gica de nuestro planeta es un hecho tan ominoso y lamentable como s\u00f3lidamente establecido. As\u00ed, por ejemplo, Jonathan Payne y colaboradores conclu\u00edan en un influyente art\u00edculo publicado en&nbsp;<em>Science<\/em>&nbsp;en noviembre de 2016 que nuestros oc\u00e9anos vienen sufriendo \u00abuna extinci\u00f3n masiva de suficiente intensidad y selectividad ecol\u00f3gica\u00bb como para ser clasificada junto con las cinco previas (Payne et al., 2016: 1286). Gerardo Ceballos, Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo extend\u00edan poco despu\u00e9s esas conclusiones a los vertebrados terrestres. En concreto, y a pesar de que estimaciones previas indicaban que la actual tasa de extinciones es aproximadamente 1.000 veces mayor que durante los \u00faltimos 60 millones de a\u00f1os (De Vos et al., 2014), Ceballos, Ehrlich y Dirzo argumentan convincentemente que la magnitud de la extinci\u00f3n masiva en curso ha venido siendo sistem\u00e1ticamente subestimada al no tomar en consideraci\u00f3n datos relativos a la p\u00e9rdida y reducci\u00f3n de poblaciones de especies no extintas.<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftn1\">[1]<\/a>&nbsp;Al incluir estos datos en la ecuaci\u00f3n obtenemos, en palabras de los autores, \u00abuna imagen sombr\u00eda del futuro de la vida, incluyendo la vida humana\u00bb (Ceballos, Ehrlich &amp; Dirzo, 2017: 6095).<\/p>\n\n\n\n<p>La misma imagen atraviesa las p\u00e1ginas de los sucesivos&nbsp;<em>Informes Planeta Vivo<\/em>&nbsp;de WWF, que con su \u00cdndice Planeta Vivo vienen apuntando a un declive promedio del 60% de las poblaciones de vertebrados en apenas 40 a\u00f1os (cf. Oerlemans, 2016; Grooten &amp; Almond, 2018). No obstante, no s\u00f3lo las especies y poblaciones de vertebrados est\u00e1n desapareciendo a gran velocidad: los insectos han sufrido en las \u00faltimas d\u00e9cadas un declive similar, y cabe incluso que aun mayor. Las consecuencias potenciales de este declive ser\u00edan menos preocupantes si estos animales no desempe\u00f1aran un rol ecosist\u00e9mico esencial como polinizadores ni constituyeran un eslab\u00f3n clave en las cadenas tr\u00f3ficas y un vector decisivo en los ciclos de nutrientes. Hoy, en torno a una tercera parte de las especies de insectos se encuentra en peligro de extinci\u00f3n, y es probable que sus tasas de desaparici\u00f3n sean superiores a las de los vertebrados. Esta disminuci\u00f3n del volumen total de insectos podr\u00eda suponer, en los t\u00e9rminos empleados en un art\u00edculo recientemente publicado en&nbsp;<em>Biological Conservation<\/em>, una \u00abamenaza global de colapso catastr\u00f3fico de los ecosistemas\u00bb. Las causas de esa amenaza \u2013sobre las que enseguida volveremos\u2013 son descritas con id\u00e9ntica crudeza en el mismo art\u00edculo: \u00aba menos que cambiemos nuestra forma de producir alimentos, los insectos en su conjunto avanzar\u00e1n hacia la extinci\u00f3n en el plazo de unas pocas d\u00e9cadas\u00bb (cf. S\u00e1nchez-Bayo &amp; Wyckhuys, 2019: 17, 22).<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftn2\">[2]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en mayo de 2019 el IPBES anunci\u00f3 la publicaci\u00f3n de su evaluaci\u00f3n mundial de la biodiversidad aprovech\u00f3 para poner lo obvio de relieve: este \u00abdeclive global sin precedentes\u00bb de la riqueza biol\u00f3gica supone una \u00abamenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo\u00bb (IPBES, 2019a). De acuerdo con las conclusiones del informe, en cuya preparaci\u00f3n trabajaran m\u00e1s de 500 especialistas, \u00abel ritmo del cambio global en la naturaleza durante los \u00faltimos 50 a\u00f1os no tiene precedentes en la historia de la humanidad\u00bb. Estos dr\u00e1sticos cambios han ocasionado que \u00abel ritmo mundial de extinci\u00f3n de especies sea ya como m\u00ednimo entre decenas y cientos de veces superior a la media de los \u00faltimos diez millones de a\u00f1os y se est\u00e9 acelerando\u00bb. El principal \u00abimpulsor directo\u00bb de esta aceleraci\u00f3n debe buscarse en \u00ablos cambios en el uso de la tierra\u00bb, que tienen en la agroindustria su principal motor (IPBES, 2019b: 12, 24, 28). Sir Robert Watson, principal responsable del estudio, no intent\u00f3 maquillar las consecuencias humanas de sus resultados: \u00abnos encontramos en una encrucijada; esta degradaci\u00f3n y destrucci\u00f3n de la naturaleza no s\u00f3lo socava el bienestar de las generaciones actuales, sino asimismo el de innumerables generaciones futuras\u00bb. Mark Rounsevell, responsable de la secci\u00f3n europea del estudio, fue igualmente expl\u00edcito al hablar de las causas de esta destrucci\u00f3n: \u00abel sistema alimentario es la ra\u00edz del problema; el costo de la degradaci\u00f3n ecol\u00f3gica no se ve reflejado en el precio que pagamos por los alimentos\u00bb (Vidal, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La ra\u00edz del problema<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es interesante hacer notar en este punto que, por alg\u00fan motivo, esta \u00abra\u00edz del problema\u00bb apenas se digna a hacer acto de presencia en los medios de comunicaci\u00f3n (cf. Arias Dom\u00ednguez, 2018). Se\u00f1alemos, contra la norma pues, que \u00abalrededor de dos terceras partes de la p\u00e9rdida total de vida salvaje se deben a la producci\u00f3n de alimentos\u00bb y, en concreto, a la creciente tendencia a quemar y arrasar con buld\u00f3ceres millones de hect\u00e1reas de bosques y selvas tropicales para transformarlas en monocultivos de cereales con los que posteriormente se ceban miles de millones de animales criados industrialmente, un proceso en el que se disipa \u00abal menos un tercio de toda la cosecha global de cereales y casi toda la de soja: suficiente comida para cuatro mil millones extra de personas\u00bb (cf. Lymbery, 2017: xiv-xvi<strong>)<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan datos de la FAO, la producci\u00f3n mundial de soja aument\u00f3 un 634% entre 1971 y 2016 (Grooten &amp; Almond, 2018: 51). Como veremos, no fue ninguna casualidad: se trata de un negocio que no tardar\u00e1 en arrojar por el precipicio de la historia geol\u00f3gica a la inmensa mayor\u00eda de las formas de vida, pero un negocio boyante al fin y al cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque existen otros importantes detonantes de la p\u00e9rdida de biodiversidad, esta transformaci\u00f3n de los principales reservorios terrestres de diversidad biol\u00f3gica en monocultivos a expensas de la ganader\u00eda industrial es el de mayor peso. La ganader\u00eda es el sector que realiza un mayor uso del suelo, dando cuenta del empleo del 80% de las tierras agr\u00edcolas (FAO, 2013: 130). Es este desproporcionado uso del suelo el que hace de la ganader\u00eda industrial el principal motor de la deforestaci\u00f3n: la expansi\u00f3n agr\u00edcola inducida por la sed de grano de la ganader\u00eda industrial (cf. FAO, 2009; Lymbery, 2017) es responsable del 80% de la deforestaci\u00f3n a nivel mundial (cf. FAO, 2018; Kissinger, Herold &amp; De Sy, 2012). De este modo, \u00abla producci\u00f3n ganadera constituye el principal impulsor de la p\u00e9rdida de h\u00e1bitat\u00bb (Machovina, Feeley &amp; Ripple, 2015: 420), siendo a su vez la p\u00e9rdida de h\u00e1bitat \u00abla principal causa de extinci\u00f3n de especies\u00bb (Pimm &amp; Raven, 2000: 843).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal y como la propia FAO ha puesto de relieve en sucesivas ocasiones, arrasar selvas y bosques para cultivar leguminosas, arec\u00e1ceas o cereales con los que alimentar posteriormente a animales criados industrialmente es un sistema de producci\u00f3n de alimentos extraordinariamente ineficiente. Aproximadamente dos terceras partes del valor nutricional y energ\u00e9tico del grano se pierden en el proceso de convertirlo, a trav\u00e9s de los animales, en carne, huevos y leche. En ocasiones, el despilfarro es pr\u00e1cticamente perfecto: en el caso de la carne de vacuno, por ejemplo, de cada 100 calor\u00edas que la vaca recibe en forma de grano ofrece s\u00f3lo 3 en forma de carne. No cuesta entender, pues, que aunque el ganado consuma la inmensa mayor\u00eda de la producci\u00f3n agr\u00edcola, de \u00e9l provenga menos del 20% del suministro mundial de calor\u00edas (Ritchie, 2017). Cabe a este despilfarro alimenticio a\u00f1adir el energ\u00e9tico, pues \u00aben este sistema industrializado se invierten muchas kilocalor\u00edas (petroleras) en obtener casi las mismas kilocalor\u00edas (alimentarias), mientras los cultivos tradicionales diversificados ofrec\u00edan rendimientos entre 10 y 20 veces mejores\u00bb (Calle Collado, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, es razonable preguntarse por las motivaciones e intereses subyacentes a la g\u00e9nesis y mantenimiento de un sistema de producci\u00f3n de alimentos tan ineficiente y destructivo. Desde luego, no trataremos de embutir en un par de p\u00e1rrafos nada parecido a una explicaci\u00f3n hist\u00f3rica acabada de la forma actual del sector agroindustrial. Sin embargo, aproximarnos brevemente a las l\u00edneas generales del proceso nos servir\u00e1 para comprobar que dicha forma ni ha sido producto de la casualidad ni de las inexorables leyes de la f\u00edsica. Cierto es que tampoco debiera concebirse como el resultado de un deliberado intento de arruinar el planeta, sino m\u00e1s bien como fruto de una serie de contingencias hist\u00f3ricas y planes expl\u00edcitos, en uno y otro caso troquelados por el omnipresente motivo del lucro.<\/p>\n\n\n\n<p>De cara a esbozar los contornos generales de una respuesta a aquella pregunta debemos remontarnos un siglo, a la Primera Guerra Mundial. En aquel momento, los elevados precios del grano condujeron a miles de agricultores estadounidenses a transformar millones de hect\u00e1reas de pradera en monocultivos de cereales. El peso oscil\u00f3 con ello de la demanda a la oferta, y la producci\u00f3n excesiva en respuesta a los precios elevados gener\u00f3 enormes excedentes. El gobierno hubo de acudir al rescate, y desde comienzos de los treinta ha venido sosteniendo el sector con subsidios astron\u00f3micos. La bonanza sustentada por el Estado condujo a la enorme industria del ma\u00edz a buscar nuevos mercados, y los encontr\u00f3: hoy s\u00f3lo el 20% del ma\u00edz estadounidense se destina al consumo humano. Con el 80% restante se produce biocombustible y pienso para el ganado. Esa b\u00fasqueda de nuevos mercados contribuir\u00eda decisivamente al giro hacia formas intensivas de ganader\u00eda. Los animales que previamente pastaban hierba al aire libre y enriquec\u00edan el suelo con fertilizante natural pasaron a comer, hacinados en el interior de naves industriales, cereales subvencionados cultivados en suelos masiva e in\u00fatilmente enriquecidos con fertilizantes artificiales \u2013in\u00fatilmente, entre otras cosas, porque las tasas de absorci\u00f3n se encuentran en algunas regiones incluso por debajo del 20%: el 80% restante termina en los mares, dando lugar a inmensas zonas oce\u00e1nicas muertas en las que la eutrofizaci\u00f3n (exceso de nutrientes) y la hipoxia (d\u00e9ficit de ox\u00edgeno) impiden que la vida marina prolifere.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras la Segunda Guerra Mundial los pa\u00edses europeos siguieron esencialmente el mismo camino, \u00abdestinando miles de millones de dinero del contribuyente a subvencionar la agricultura y dedicando gran parte del cereal obtenido a cebar animales criados bajo techo o en confinamiento cerrado en granjas industriales\u00bb (Lymbery, 2017: 47). La industrializaci\u00f3n del sector alimentario experiment\u00f3 tras la guerra una escalada espectacular. Transcurrido apenas un mes desde la rendici\u00f3n de Jap\u00f3n se funda la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO), con el prop\u00f3sito expreso de garantizar la \u00abseguridad alimentaria\u00bb mundial mediante la \u00abindustrializaci\u00f3n rural\u00bb y la instauraci\u00f3n de un mercado internacional de alimentos (cf. FAO, 1946a). El proyecto se desarroll\u00f3 en dos planos: en el de la declaraci\u00f3n de intenciones fue presentado como un esfuerzo de superaci\u00f3n del modelo colonial de explotaci\u00f3n de mano de obra y recursos; en el de la implementaci\u00f3n supuso una ampliaci\u00f3n de aquel modelo caracterizada por la homogeneizaci\u00f3n de la actividad agraria bajo la tutela de la \u00abmodernizaci\u00f3n agr\u00edcola\u00bb y la gu\u00eda de los mercados internacionales, dominados por Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los organismos internacionales reci\u00e9n fundados, cuando no hubieron de limitarse a contemplar el curso de los acontecimientos, intervinieron en ellos favoreciendo el establecimiento de un sistema econ\u00f3mico global cortado por el patr\u00f3n de los intereses de la nueva potencia hegem\u00f3nica. En lo atiente al dise\u00f1o del se\u00f1alado mercado mundial de alimentos, el escasamente disimulado rechazo estadounidense del multilateralismo se plasm\u00f3 en la implantaci\u00f3n de una red de \u00abprogramas de ayuda\u00bb (cf. FAO, 1946b) que funcionar\u00eda en la pr\u00e1ctica como un mecanismo para el reciclado de excedentes agrarios e industriales. Se abrieron as\u00ed v\u00edas no s\u00f3lo para la exportaci\u00f3n de la sobreproducci\u00f3n estadounidense, sino asimismo para el patrocinio de la industrializaci\u00f3n a escala global del sector agrario, fuertemente dependiente desde entonces del uso de maquinaria y combustibles f\u00f3siles y con una importante focalizaci\u00f3n en la producci\u00f3n y consumo de carne (cf. McMichael, 2006: 173).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces hasta nuestros d\u00edas, la mera ret\u00f3rica humanitaria ha sido cuanto se ha agregado a aquel proyecto de \u00abdesarrollo\u00bb del Tercer Mundo mediante su incorporaci\u00f3n a un \u00abmercado global\u00bb controlado por las potencias occidentales: quiz\u00e1 no sea casual la prevalencia del esquema interpretativo \u00abimperialista\u00bb en el an\u00e1lisis de los principales especialistas en historia y sociolog\u00eda del sistema agroindustrial (cf., v. g., van der Ploeg, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p>El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas describ\u00eda recientemente el resultado de este proyecto de industrializaci\u00f3n y mercantilizaci\u00f3n global como \u00abuna realidad dual, con un sector agr\u00edcola muy competitivo orientado a la exportaci\u00f3n, altamente tecnificado y al que los gobiernos dan muchas facilidades, y el sector de la agricultura familiar, que es el que realmente alimenta a la poblaci\u00f3n, que carece de acceso a la tecnolog\u00eda, los mercados, los servicios p\u00fablicos b\u00e1sicos y el apoyo financiero y que adem\u00e1s ocupa las tierras de peor calidad\u00bb (PMA, 2018). Y es que, en efecto, a pesar de que s\u00f3lo el 1% de las explotaciones agrarias sean mayores de 50 hect\u00e1reas, ese 1% controla el 65% de las tierras agr\u00edcolas; aun as\u00ed, m\u00e1s del 80% de la alimentaci\u00f3n global depende de granjas familiares (FAO, 2014: xi; v. et. Korol, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Asimetr\u00edas e hipocres\u00edas<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como es la norma, las comunidades humanas del Sur global son las que m\u00e1s directamente sufren los impactos de la irracionalidad econ\u00f3mica occidental. Tal y como destacaba recientemente WWF, \u00abalimentar animales con cultivos que podr\u00edan ser consumidos por los seres humanos no es s\u00f3lo una forma ineficiente de agregar prote\u00edna a un tipo de dieta que est\u00e1 teniendo un impacto negativo en nuestra salud\u00bb, sino que supone, adem\u00e1s, una grave amenaza para la seguridad h\u00eddrica y alimentaria de la poblaci\u00f3n en regiones como \u00ablos bosques de la Amazon\u00eda, el Cerrado, la cuenca del Congo, el Yangts\u00e9, el Mekong, el Himalaya o la meseta del Dec\u00e1n, [que] ya sufren una presi\u00f3n considerable sobre sus recursos de tierras y aguas y no est\u00e1n adecuadamente protegidas por leyes medioambientales\u00bb (WWF, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>Alguno de los gobiernos de esas regiones hab\u00eda comenzado a implementar exitosos programas de protecci\u00f3n frente al expolio corporativo. Fue el caso de Brasil, cuyos logros en materia de conservaci\u00f3n durante el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) fueron un\u00e1nimemente aplaudidos por la comunidad cient\u00edfica (cf., v. g., Nepstad et al., 2014; Amigo, 2020). Aquellos a\u00f1os de \u00abexcesos regulatorios\u00bb e \u00abinjerencias estatales\u00bb terminar\u00edan, no obstante, bajo la bota de los intereses mercantiles y el pie de un gobierno tan indiferente a la destrucci\u00f3n de su pa\u00eds como caro a los mercados: la perspectiva de \u00abuna pol\u00edtica econ\u00f3mica ultraliberal que apuesta por las privatizaciones masivas, la reducci\u00f3n del Estado y una reforma impositiva regresiva bast\u00f3 para que la Bolsa y las grandes multinacionales abrazan al ultraderechista\u00bb (Marra, 2018). El equipo editorial del&nbsp;<em>Wall Street Journal<\/em>&nbsp;celebr\u00f3 sin demora el primer paso hacia el Palacio del Altiplano de la entonces emergente promesa de la democracia latinoamericana: puede que en ocasiones haga declaraciones inadecuadas, advert\u00edan los editorialistas tras la amplia ventaja de Bolsonaro en la primera vuelta, pero no es m\u00e1s que un defensor de los valores tradicionales que supo conquistar el coraz\u00f3n de la \u00abclase media\u00bb con sus propuestas para contener el crimen y liberar a los empresarios del control gubernamental (cf. WST, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas se hab\u00eda calzado el pie la bota cuando los aranceles anejos a la ofensiva geoestrat\u00e9gica que la administraci\u00f3n Trump lanzara contra China inclinaron a este pa\u00eds a buscar en Brasil la soja que hasta entonces importaba desde Estados Unidos, para desesperaci\u00f3n de las personas interesadas en el futuro del planeta y regocijo de los mercados: las proyecciones de incremento de la demanda y la tolerancia institucional hacia la devastaci\u00f3n medioambiental hicieron que el MSCI registrara un desenfrenado aumento de inter\u00e9s inversor en la regi\u00f3n (cf. Fuchs, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>Que la destrucci\u00f3n de la Amazon\u00eda iba a redoblarse con la toma de poder de Bolsonaro era algo que no s\u00f3lo sab\u00edan aquellos inversores que, sin demora, acercaron a la sardina de sus activos las ascuas del predecible incendio. Las l\u00edneas maestras de la historia de terror que se avecinaba hab\u00edan sido anunciadas con total claridad. Para confirmarlas, en enero, reci\u00e9n estrenado su poder, Bolsonaro puso al frente del Ministerio de Agricultura a una antigua representante de la agroindustria y le concedi\u00f3 por decreto potestad para derogar restricciones a la explotaci\u00f3n de territorios ind\u00edgenas previamente protegidos. Instigadas por la acumulaci\u00f3n de pronunciamientos que indicaban que las pocas regulaciones que sobrevivieran a la apisonadora ser\u00edan desatendidas, las agresiones a ind\u00edgenas y la invasi\u00f3n y destrucci\u00f3n de sus territorios se dispararon inmediatamente. Lo que cabe esperar cuando se \u00abenvalentona al agronegocio para que incendie la Amazon\u00eda y ataque a los pueblos ind\u00edgenas\u00bb (Goodman, 2019) es que sucedan ambas cosas; y sucedieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan siquiera fue necesario esperar al agosto de la \u00abtemporada de la queimada\u00bb: datos oficiales apuntaban ya en julio a un dram\u00e1tico aumento de la deforestaci\u00f3n. En respuesta, el patrono de la \u00abclase media\u00bb emprendi\u00f3 la reconversi\u00f3n del organismo p\u00fablico que proporciona esos datos en una agencia de colocaci\u00f3n de amiguetes militares. Despu\u00e9s, ya en agosto, en medio de la masiva ola de incendios que cop\u00f3 los titulares internacionales, acus\u00f3 a las organizaciones ecologistas de provocarlos ellas mismas, airadas por su expulsi\u00f3n de la agencia estatal de colocaci\u00f3n. Para entonces, lo que quedaba de los sofisticados \u00f3rganos de control de la \u00e9poca del PT informaba que entre el 1 de enero y el 18 de agosto los incendios forestales hab\u00edan aumentado hasta pr\u00e1cticamente duplicar los declarados durante el mismo periodo del a\u00f1o anterior. Luego, ya en septiembre, un informe de Human Rights Watch despejaba las dudas, si alguna vez las hubo: no fueron los ecologistas quienes incendiaron la selva, sino una criminal alianza entre las autoridades y la agroindustria. As\u00ed, mientras el ejecutivo \u00absaboteaba el trabajo de los agentes medioambientales que segu\u00edan en plantilla\u00bb tras la marea de recortes y despidos a comienzos de a\u00f1o, grupos mafiosos bien organizados enviaron matones armados para que intimidaran, agredieran y asesinaran a los defensores ind\u00edgenas del territorio. A continuaci\u00f3n, coordinaron enormes operaciones de tala, transporte, procesamiento y venta de madera. Finalmente, retiraron la vegetaci\u00f3n restante para quemarla en la \u00e9poca seca y abrir espacio a las actividades agroindustriales. El informe cita numerosos testimonios de ind\u00edgenas, miembros de comunidades locales y \u00abdefensores de los bosques\u00bb de acuerdo con los cuales \u00abel temor a represalias por parte grupos criminales se intensific\u00f3 desde la elecci\u00f3n de Bolsonaro\u00bb (HRW, 2019: 9, 137). La promesa de campa\u00f1a de arrasar con los mecanismos de fiscalizaci\u00f3n medioambiental erigidos desde 2003 se hab\u00eda convertido en una se\u00f1al de v\u00eda abierta al negocio de arrasar la selva.<\/p>\n\n\n\n<p>Los l\u00edderes europeos expresaron, como suelen, una profunda preocupaci\u00f3n. No obstante, esa preocupaci\u00f3n se limit\u00f3, como asimismo suele, al \u00e1mbito de las declaraciones. Las relaciones comerciales entre Brasil y la Uni\u00f3n Europea (UE) permanecieron intactas. La soja sigue siendo el principal producto de exportaci\u00f3n brasile\u00f1o y, por alg\u00fan motivo, la cosecha 2019-2020 fue extraordinaria: Brasil es ahora el principal exportador mundial de este producto, rebasando holgadamente a Estados Unidos, anterior l\u00edder en este ranking. La pr\u00e1ctica totalidad de la soja que importa la Uni\u00f3n Europea (en torno al 85%) procede de Estados Unidos y Brasil \u2013pa\u00eds que permite el uso de decenas de pesticidas prohibidos en la UE\u2013, y el aumento de la fracci\u00f3n brasile\u00f1a no se ha visto obstaculizado por los ce\u00f1os fruncidos frente a las c\u00e1maras tras los incendios. La pr\u00e1ctica totalidad de esa soja (tambi\u00e9n en torno al 85%) se destina, por cierto, a la fabricaci\u00f3n de pienso para ganado. Las tendencias previas siguieron pues inalteradas su curso, y quiz\u00e1 lector malintencionado encuentre alguna relaci\u00f3n entre esas tendencias y las astron\u00f3micas inversiones en pol\u00edtica de los gigantes del sector agroindustrial. As\u00ed, si durante las negociaciones del TTIP \u00ablos grupos de presi\u00f3n relacionados con los agronegocios superaron con creces a todos los dem\u00e1s\u00bb en sus cabildeos con la Comisi\u00f3n Europea (CEO, 2014), el espectacular incremento proyectado para las exportaciones agrarias por el tratado Mercosur-UE \u00abcorresponde a lo que los gobiernos de ambos lados del Atl\u00e1ntico prometieron a los lobistas del sector agroindustrial durante la negociaci\u00f3n del acuerdo\u00bb (GRAIN, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>C\u00edrculos viciosos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras las pol\u00edticas efectivas siguen contradiciendo las magn\u00e1nimas declaraciones de nuestros l\u00edderes pol\u00edticos, sigue tambi\u00e9n discuti\u00e9ndose si existir\u00e1 un punto de no retorno a partir del cual la deforestaci\u00f3n de la Amazon\u00eda se acelerar\u00e1 de forma abrupta dejando tras de s\u00ed algo parecido a la sabana africana, pero con mucha menos biodiversidad. Aunque los detalles son interesantes, el proceso puede describirse con sencillez: menos \u00e1rboles se traduce en menos humedad, que a su vez se traduce en menos \u00e1rboles, y as\u00ed sucesivamente hasta un punto en que la velocidad a la que gira el c\u00edrculo vicioso se deboca. De acuerdo con algunos especialistas, al ritmo actual podr\u00edamos alcanzar ese punto entre el final de esta d\u00e9cada y el comienzo de la siguiente. Otros, m\u00e1s optimistas, ubican ese umbral un poco m\u00e1s alto, pero coinciden en que \u00abestamos jugando a la ruleta rusa mediomabiental\u00bb. Finalmente, otros opinan que no disponemos a\u00fan de suficiente evidencia para determinar con precisi\u00f3n ese umbral, y que de hecho la propia idea es peligrosa, pues hace pensar que existe un punto por debajo del cual la Amazon\u00eda estar\u00eda a salvo. En cualquier caso, los especialistas de cada uno de estos tres bandos convienen en que avanzamos a buen ritmo hacia el colapso del mayor bosque tropical del planeta (cf. Amigo, 2020). Buena parte de la sangre y las cenizas que queden por el camino deber\u00e1 achacarse a la se\u00f1alada hipocres\u00eda europea \u2013y as\u00ed, en \u00faltimo t\u00e9rmino, y en la medida en que vivimos en sociedades con amplios m\u00e1rgenes para la organizaci\u00f3n y la respuesta, a todos y cada uno de los europeos, particularmente a los que vivimos en un pa\u00eds que produce m\u00e1s del triple de carne de la que consume e importa desde Brasil m\u00e1s de la mitad de la soja con la que ceba a su caba\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como fuere, la devastaci\u00f3n de la Amazon\u00eda y la sexta extinci\u00f3n masiva no son los \u00fanicos logros en el palmar\u00e9s de la agroindustria. El cambio clim\u00e1tico es con toda probabilidad la mayor amenaza que jam\u00e1s se haya cernido sobre nuestra civilizaci\u00f3n, nuestra especie y nuestro planeta tal y como lo conocemos, y la irracionalidad agroindustrial es uno de sus principales motores. As\u00ed, si por una parte el sector es responsable de entre una cuarta y una tercera parte de los gases de efecto invernadero que emitimos a la atm\u00f3sfera (cf., v. g., Poore &amp; Nemecek, 2018; Gilbert, 2012), por otra, impide que esos gases sean reabsorbidos por los ecosistemas que arruina, particularmente por las selvas tropicales, que hab\u00edan venido siendo concebidas como un importante amortiguador del cambio clim\u00e1tico dado su potencial para la recaptaci\u00f3n natural de nuestras emisiones de carbono.<\/p>\n\n\n\n<p>Anotemos de pasada que, si bien es cierto que el papel de los ecosistemas boscosos en el calentamiento global es un tema de investigaci\u00f3n abierto y en debate, lo que no est\u00e1 en cualquier caso en duda es el potencial mitigador de los \u00abclaros enfriadores clim\u00e1ticos\u00bb que constituyen los bosques tropicales, principales afectados por el embate agroindustrial (Popkin, 2019: 281). Lamentablemente, la degradaci\u00f3n de estos enormes sumideros de carbono parece estar haciendo de ellos gigantescos emisores netos: seg\u00fan datos publicados en&nbsp;<em>Science<\/em>&nbsp;en octubre de 2017, en lugar de absorber carbono, los ecosistemas tropicales estar\u00edan ahora comenzando a emitirlo a un ritmo superior al de todo el tr\u00e1fico de Estados Unidos (Baccini et al., 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, el cambio clim\u00e1tico produce efectos que, en un nuevo c\u00edrculo vicioso, ocasionan o aceleran la extinci\u00f3n de especies. De este modo, por ejemplo, cerca de la mitad de las especies marinas ser\u00edan vulnerables o se encontrar\u00edan en riesgo a causa de los efectos del cambio clim\u00e1tico (Jones &amp; Cheung, 2017) y, de hecho, la biodiversidad de algunos ecosistemas marinos podr\u00eda verse reducida en un 80% antes del final de siglo por el solo impacto del cambio clim\u00e1tico (Asch, Cheung &amp; Reygondeau, 2018).<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftn3\">[3]<\/a>&nbsp;Prolongando estas conclusiones, un reciente trabajo publicado en&nbsp;<em>Nature<\/em>&nbsp;proyectaba las perspectivas que el cambio clim\u00e1tico arroja tanto para las especies marinas como para las terrestres. Sus resultados no podr\u00edan ser m\u00e1s expl\u00edcitos: de continuar al ritmo actual de emisiones, \u00abel inminente riesgo de p\u00e9rdidas repentinas y severas de biodiversidad a causa del cambio clim\u00e1tico\u00bb se plasmar\u00eda en \u00abeventos de exposici\u00f3n abrupta\u00bb a condiciones que rebasar\u00edan los nichos clim\u00e1ticos de amplias proporciones de las especies marinas tropicales antes de 2030 y de las especies que habitan bosques tropicales y latitudes m\u00e1s altas en las dos d\u00e9cadas subsiguientes (Trisos, Merow &amp; Pigot, 2020: 496).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, debemos a\u00f1adir al palmar\u00e9s de la agroindustria la perturbaci\u00f3n de los ciclos biogeoqu\u00edmicos. Se trata de un extremo de enorme relevancia que, sin embargo y por mor de la concisi\u00f3n, sobrevolaremos aqu\u00ed sin entrar en ninguna clase de detalles. La noci\u00f3n de ciclo biogeoqu\u00edmico alude al conjunto de procesos f\u00edsicos, qu\u00edmicos y biol\u00f3gicos implicados en la trayectoria que siguen a trav\u00e9s de la atm\u00f3sfera, la hidrosfera, la litosfera y la biosfera los diferentes elementos y compuestos qu\u00edmicos fundamentales para el funcionamiento de esta \u00faltima. As\u00ed, por ejemplo, las diferentes formas en las que el nitr\u00f3geno atmosf\u00e9rico se incorpora a la composici\u00f3n de suelos y seres vivos para retornar con posterioridad a la atm\u00f3sfera vienen dadas por unas determinadas pautas dependientes del equilibrio din\u00e1mico de la biosfera. Nosotros conocemos una forma espec\u00edfica de ese equilibrio, y hay muchas otras que no podr\u00edamos conocer: tal ser\u00eda el caso en que, por ejemplo, todo el nitr\u00f3geno se encontrara disuelto en los oc\u00e9anos.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen muchas maneras de perturbar estos ciclos, y la agroindustria ha explorado la pr\u00e1ctica totalidad de las mismas. Destacan entre ellas sus peligrosos n\u00fameros de baile en la cuerda floja de los ciclos del f\u00f3sforo y el nitr\u00f3geno, que ejecuta sin red de seguridad al haber rebasados ya los l\u00edmites biof\u00edsicos del planeta (cf. Steffen et al., 2015). El tr\u00e1nsito de la agricultura tradicional al monocultivo intensivo requiri\u00f3 de insumos masivos de fertilizantes artificiales, que alteraron dr\u00e1sticamente las pautas a las que alud\u00edamos en el p\u00e1rrafo anterior, afectando a la capacidad de reposici\u00f3n natural de nutrientes, acidificando los suelos, emitiendo gases de efecto invernadero y contaminando gravemente los acu\u00edferos.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso del nitr\u00f3geno es especialmente elocuente. Su presencia es necesaria para la vida \u2013de hecho, forma parte de mol\u00e9culas tan esenciales como las propias bases nitrogenadas\u2013, pero tambi\u00e9n escasa en la mayor\u00eda de los ecosistemas. La agricultura tradicional depend\u00eda, como la industrial, de la asimilaci\u00f3n de nitr\u00f3geno por parte de las plantas, pero mientras la agricultura tradicional resolv\u00eda el problema de la reposici\u00f3n de nitr\u00f3geno mediante rotaciones y abonos naturales, la industrial lo \u00abresuelve\u00bb destrozando suelos y acu\u00edferos con fertilizantes industriales. A d\u00eda de hoy, en nuestro planeta se fija m\u00e1s nitr\u00f3geno a trav\u00e9s de los procesos industriales mediante los que se producen los fertilizantes artificiales que mediante los procesos naturales bi\u00f3ticos y abi\u00f3ticos. A su vez, estos procesos industriales consumen enormes cantidades de combustibles f\u00f3siles, de forma que \u00abestamos produciendo cuerpos vivos a base de petr\u00f3leo y gas natural\u00bb (Picazo, 2020). Como se\u00f1al\u00e1ramos m\u00e1s arriba, s\u00f3lo una escasa proporci\u00f3n del nitr\u00f3geno artificialmente a\u00f1adido al ciclo es asimilado por los vegetales: el resto contamina tanto los acu\u00edferos adyacentes como la atm\u00f3sfera, contribuyendo al cambio clim\u00e1tico y a otras lindezas del tipo de la lluvia \u00e1cida. No cabe cerrar este apartado del palmar\u00e9s de la agroindustria sin indicar que, al tiempo que la agricultura industrial arruina por v\u00edas como la apuntada suelos y acu\u00edferos, la ganader\u00eda industrial hace otro tanto, convirtiendo en su caso lo que otrora fueran abonos naturales en peligrosos residuos t\u00f3xicos \u2013seg\u00fan datos oficiales, la agroindustria espa\u00f1ola ha logrado contaminar ya la mitad de nuestras masas de agua subterr\u00e1neas con los nitratos de sus fertilizantes y sus purines.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La urgencia de otro modelo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dada la acumulaci\u00f3n de evidencia acerca de los delet\u00e9reos efectos del sistema agroindustrial, huelga incidir en la urgencia de perge\u00f1ar alternativas a este \u00abautor directo\u00bb de la p\u00e9rdida de biodiversidad y \u00abc\u00f3mplice necesario\u00bb del cambio clim\u00e1tico. Por suerte, no es necesario recurrir a la literatura t\u00e9cnica para imaginar formas sostenibles de producir alimentos, porque de hecho han existido en todo tiempo y lugar hasta que la mercantilizaci\u00f3n global y la \u00abindustrializaci\u00f3n rural\u00bb comenzaran a desplazarlas hace unas pocas d\u00e9cadas. No obstante, tambi\u00e9n en la literatura t\u00e9cnica encontrar\u00e1 el lector las conclusiones que habr\u00e1 podido extraer por s\u00ed mismo. En un art\u00edculo recientemente publicado en una de las \u00abfiliales\u00bb de&nbsp;<em>Nature<\/em>&nbsp;le\u00edamos que \u00ablas preocupaciones sobre la insostenibilidad de la agricultura industrial han promovido el inter\u00e9s en otros sistemas agr\u00edcolas, como la agricultura org\u00e1nica, la integrada y la de conservaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, advert\u00edan los autores, a pesar de ese inter\u00e9s, son muchos los obst\u00e1culos que han de enfrentar esos \u00abotros sistemas agr\u00edcolas\u00bb, principalmente \u00ablos poderosos intereses creados y las pol\u00edticas existentes\u00bb. Dichos obst\u00e1culos, se concretan esencialmente en que \u00ablas corporaciones agroindustriales globales y nacionales, las industrias agroqu\u00edmicas, las compa\u00f1\u00edas de productos b\u00e1sicos y las empresas alimentarias tienen un gran inter\u00e9s en preservar el modelo agroindustrial convencional, gobiernan el mercado en el sistema alimentario cada vez con mayor poder y han influido fuertemente en la pol\u00edtica p\u00fablica para favorecer este modelo. La consolidaci\u00f3n de las industrias, la concentraci\u00f3n de poder en el mercado y muchas pol\u00edticas agr\u00edcolas pasadas y actuales han conducido a una disminuci\u00f3n de la diversidad agr\u00edcola\u00bb y han puesto en desventaja las pr\u00e1cticas agr\u00edcolas m\u00e1s sostenibles. Los autores constatan la ausencia de apoyo pol\u00edtico a una reforma sostenible del sector, particularmente conspicua en la masiva asignaci\u00f3n de fondos p\u00fablicos al modelo industrial e intensivo del sector alimentario, y hacen una llamada a los responsables pol\u00edticos para que fomenten un modelo m\u00e1s sostenible (Reganold &amp; Wachter, 2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Por alg\u00fan motivo, la llamada no ha recibido respuesta. De hecho, la alarma sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19 ha servido para cerrar filas en torno al modelo agroindustrial, perjudicando ostensiblemente a aquellos \u00abotros sistemas agr\u00edcolas\u00bb. De este modo, por ejemplo, el estado de alarma decretado por el gobierno espa\u00f1ol el 14 de marzo abri\u00f3 la puerta a la especulaci\u00f3n de las grandes cadenas de supermercados con productos b\u00e1sicos (Forner, 2020) al tiempo que obstru\u00eda el autoconsumo y el comercio de proximidad \u2013para desconcierto e indignaci\u00f3n de los correspondientes actores sociales, que elevaron peticiones a los ministerios de agricultura e interior con el apoyo de miles de ciudadanos y la adhesi\u00f3n de cientos de sindicatos, ONG y centros universitarios de investigaci\u00f3n (cf. Rivas, 2020; Tena, 2020; Soberan\u00eda Alimentaria, 2020; v. et. Rius, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>La inercia institucional de zancadillas a aquellos \u00abotros sistemas agr\u00edcolas\u00bb y auspicio de los gigantes de la producci\u00f3n y la distribuci\u00f3n alimentaria no es nueva ni sus efectos dif\u00edciles de constatar. As\u00ed, por ejemplo, a nivel mundial, \u00abtres<\/p>\n\n\n\n<p>[empresas]<\/p>\n\n\n\n<p>controlan el 51% del mercado de agroqu\u00edmicos, diez comercializadoras de alimentos gestionan el 90% del transporte mundial, diez compa\u00f1\u00edas controlan el 90% de la transformaci\u00f3n y el 30% de las ventas (distribuci\u00f3n) est\u00e1 en manos de s\u00f3lo diez corporaciones\u00bb (Escalante &amp; Oteros Rozas, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos analizar para el caso espa\u00f1ol esta inercia en dos planos: el comunitario y el nacional. El primero lo protagoniza la Pol\u00edtica Agr\u00edcola Com\u00fan (PAC) de la Uni\u00f3n Europea, principal partida del presupuesto comunitario cuyo objetivo fue, desde su creaci\u00f3n, el incremento de la producci\u00f3n agraria y ganadera con vistas a la exportaci\u00f3n de unos excedentes que ingresan en los mercados internacionales con precios artificialmente bajos gracias a las generosas subvenciones (cf. Wirth, 2020). Adem\u00e1s, la pol\u00edtica de subsidios de la PAC, sujeta al tama\u00f1o de las explotaciones, ha contribuido a concentrar el sector en muy pocas manos y a cebar, de paso, algunas de las mayores fortunas dentro y fuera de las fronteras europeas (cf. Press Association, 2016). Este amable impulso colectivo a la competitividad de los actores mejor situados en el mercado ha servido para que la UE venga perdiendo anualmente medio mill\u00f3n de granjas, un volumen de negocio que, desde luego, no se sacrifica a los dioses, sino que se desplaza hacia las \u00e9lites de un sector cada d\u00eda m\u00e1s concentrado e industrializado. Gracias a esta masiva protecci\u00f3n de la \u00e9lite de la agroindustria \u00abla producci\u00f3n industrial y el consumo excesivo de carne, leche y huevos en Europa est\u00e1 teniendo un impacto devastador en nuestra salud, en la naturaleza y en el clima. El hecho de que la Comisi\u00f3n ni siquiera mencione el problema muestra que la UE est\u00e1 dormida al volante mientras que nuestro sistema de alimentaci\u00f3n y agricultura se dirige directamente hacia el desastre\u00bb (Greenpeace, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano nacional, estas pol\u00edticas comunitarias se han combinado con otras aut\u00f3ctonas para expulsar del campo a los agricultores independientes y peque\u00f1os propietarios y poner sus explotaciones en manos de un n\u00famero de empresas que decrece a\u00f1o tras a\u00f1o. As\u00ed, por ejemplo, cerca de 21.000 de las 57.000 explotaciones ganaderas familiares activas en 2006 tuvieron que cerrar en la d\u00e9cada subsiguiente a causa de su incapacidad para competir en un mercado dominado por macrogranjas (Bayona, 2020a). Del mismo modo, cerca de 100.000 agricultores independientes abandonaron el campo entre principios de 2008 y finales de 2019 (Bayona, 2020b).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta masiva reducci\u00f3n del n\u00famero de explotaciones hace que las que a\u00fan existen sean cada vez de mayor extensi\u00f3n, en un proceso en el que se dan la mano dos tendencias: \u00abla implantaci\u00f3n de grandes empresas, en ocasiones participadas por fondos de inversi\u00f3n y que cultivan fincas de cientos de hect\u00e1reas, y la ampliaci\u00f3n de la superficie a la que se ven obligados los peque\u00f1os propietarios para intentar seguir haciendo rentables sus explotaciones\u00bb (Bayona, 2020c) \u00aben un mercado cuyo funcionamiento est\u00e1 estrangulando la rentabilidad de sus negocios mientras el pastel de la producci\u00f3n de alimentos no deja de crecer\u00bb y el asalariado \u00abuberizado\u00bb sustituye al agricultor independiente (Bayona, 2020d). Sobra recordar que los subsidios de la PAC no han servido para incentivar la \u00abcompetitividad\u00bb de aquellos \u00abotros sistemas agr\u00edcolas\u00bb, sino m\u00e1s bien la din\u00e1mica de un sector en el que \u00abconviven los elevados beneficios de las grandes empresas con la baja rentabilidad de las peque\u00f1as explotaciones y la expulsi\u00f3n del ramo de los agricultores tradicionales\u00bb: de los 900.000 receptores espa\u00f1oles de esas ayudas, al menos 650.000 no son sino rentistas con una participaci\u00f3n indirecta o inexistente en el sector mientras la proporci\u00f3n del volumen total de las subvenciones para el Desarrollo Rural que llega a las familias del agro se mueve entre lo marginal y lo anecd\u00f3tico (Bayona, 2020b).<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro pa\u00eds, la acumulaci\u00f3n en unas pocas manos del grueso del negocio de la producci\u00f3n agraria se replica en el otro extremo de la cadena, pues el negocio de la distribuci\u00f3n se encuentra igualmente concentrado en un mercado en el que el 80% de la fruta y la hortaliza se destinan a la exportaci\u00f3n mientras el resto se lo reparten la industria de procesamiento y las grandes superficies: apenas un 1% circula en los mercados locales (Bayona, 2020e).<\/p>\n\n\n\n<p>Poner coto a la insostenibilidad social y ambiental del sector alimentario pasa por revertir el resultado de d\u00e9cadas de aplicaci\u00f3n de pol\u00edticas que han favorecido desproporcionadamente la concentraci\u00f3n, la intensificaci\u00f3n y la industrializaci\u00f3n del sector. Para ello, resulta imperativa la relocalizaci\u00f3n de la producci\u00f3n y la diversificaci\u00f3n de la distribuci\u00f3n, pues la recuperaci\u00f3n de la producci\u00f3n y el consumo agroecol\u00f3gico local es nuestra \u00fanica arma no s\u00f3lo contra la hegemon\u00eda del monocultivo intensivo altamente dependiente de combustibles f\u00f3siles y fertilizantes industriales, sino asimismo contra la irracionalidad de la importaci\u00f3n desde la otra punta del planeta de alimentos que siempre se han producido en nuestros territorios.<\/p>\n\n\n\n<p>En vista de la se\u00f1alada inercia de regalos para la \u00e9lite y zancadillas para el resto, ser\u00eda imprudente esperar a que los principales centros del poder pol\u00edtico y econ\u00f3mico respondan a las llamadas de la comunidad cient\u00edfica y la sociedad civil. Por una parte, para el consumidor es cada d\u00eda m\u00e1s sencillo dar la espalda a la agroindustria y las grandes cadenas de supermercados participando en grupos y cooperativas de consumo locales. Adem\u00e1s, la informaci\u00f3n disponible acerca de la inviabilidad de la producci\u00f3n y consumo generalizado de productos de origen animal debiera comenzar a afectar a sus decisiones alimentarias (cf. Goodman, 2018). En este punto, la evidencia disponible es clara: en palabras de Joseph Poore, autor de la mayor base de datos sobre el impacto ambiental de la industria alimentaria (Poore &amp; Nemecek, 2018), \u00abuna dieta vegana es probablemente la forma m\u00e1s sencilla de reducir el impacto humano en el planeta, y no s\u00f3lo desde el punto de vista de los gases de efecto invernadero, sino asimismo desde el de la acidificaci\u00f3n global, la eutrofizaci\u00f3n, el uso de la tierra y el uso del agua\u00bb (Carrington, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, m\u00e1s all\u00e1 de la cuesti\u00f3n de la iniciativa personal y la \u00e9tica del consumidor, los movimientos sociales ser\u00e1n cruciales de cara a emprender las necesarias reformas. Hemos visto ya surgir y crecer movimientos como V\u00eda Campesina o Slow Food, con resultados sumamente alentadores en la regeneraci\u00f3n de la soberan\u00eda alimentaria y la preservaci\u00f3n de eficientes y sostenibles tradiciones agrarias. Puede que la crisis de la biodiversidad no sea tan medi\u00e1tica como la clim\u00e1tica, y es m\u00e1s que probable que ello se deba a su escasa rentabilidad \u2013a diferencia de lo que sucede con el mercado de las energ\u00edas renovables, la \u00fanica forma de colocar capital en biodiversidad consiste, esencialmente, en invertir en su ruina\u2013, pero no es exagerado decir que de nuestro compromiso y nuestra capacidad para profundizar en los resultados de iniciativas y movimientos como los indicados depende el futuro de la biosfera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alder, J., et al. (2008) \u201cForage fish: From ecosystems to markets\u201d,&nbsp;<em>Annual Review of Environment and Resources<\/em>, 33, pp. 153-166.<\/p>\n\n\n\n<p>Amigo, I. (2020) \u201cThe Amazon\u2019s fragile future\u201d,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 578(7796), pp. 505-507.<\/p>\n\n\n\n<p>Arias Dom\u00ednguez, A. (2018) \u201cEl foco y sus m\u00e1rgenes: Sesgos y omisiones en el tratamiento medi\u00e1tico de la econom\u00eda pol\u00edtica del medio ambiente\u201d,&nbsp;<em>Mientras Tanto<\/em>, 174.<\/p>\n\n\n\n<p>Asch, R. G., Cheung, W. W. L. &amp; Reygondeau, G. (2018) \u201cFuture marine ecosystem drivers, biodiversity, and fisheries maximum catch potential in Pacific Island countries and territories under climate change\u201d,&nbsp;<em>Marine Policy<\/em>, 88, pp. 285-294.<\/p>\n\n\n\n<p>Baccini, A. et al. (2017) \u201cTropical forests are a net carbon source based on aboveground measurements of gain and loss\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 358(6360), pp. 230-234.<\/p>\n\n\n\n<p>Bayona, E. (2020a) \u00abUn dirigente del PP intenta ubicar una macrogranja en un parque natural\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 17 de enero.<\/p>\n\n\n\n<p>Bayona, E. (2020b) \u00abCuando se subvenciona m\u00e1s el sof\u00e1 que el tractor\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 10 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Bayona, E. (2020c) \u00abEl agricultor deja paso al asalariado\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 4 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Bayona, E. (2020d) \u00abLa \u2018uberizaci\u00f3n\u2019 expulsa al agricultor para enriquecer a la gran empresa\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 6 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Bayona, E. (2020e) \u00ab\u00bfQui\u00e9n fija el precio de los alimentos?\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 9 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Calle Collado, A. (2020) \u00abAlimentaci\u00f3n y pandemias: \u00bfHacia una nueva econom\u00eda moral?\u00bb,&nbsp;<em>eldiario.es<\/em>, 14 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Carrington, D. (2018) \u201cAvoiding meat and dairy is \u2018single biggest way\u2019 to reduce your impact on Earth\u00bb,&nbsp;<em>The Guardian<\/em>, 31 de mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ceballos, G., Ehrlich, P. R. &amp; Dirzo, R. (2017) \u201cBiological annihilation via the ongoing sixth mass extinction signaled by vertebrate population losses and declines\u201d,&nbsp;<em>Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America<\/em>, 114(30), pp. E6089-E6096.<\/p>\n\n\n\n<p>Ceballos, G., et al. (2015) \u201cAccelerated modern human-induced species losses: Entering the sixth mass extinction\u201d,&nbsp;<em>Science Advances<\/em>, 1(5), pp. 1-5.<\/p>\n\n\n\n<p>CEO (2014) \u00abTTIP: A lose-lose deal for food and farming<em>\u00bb<\/em>,&nbsp;<em>Corporate Europe Observatory<\/em>, 8 de julio.<\/p>\n\n\n\n<p>De Vos, J. M., et al. (2014) \u201cEstimating the normal background rate of species extinction\u201d,&nbsp;<em>Conservation Biology<\/em>, 29(2), pp. 452-462.<\/p>\n\n\n\n<p>Escalante, H. &amp; Oteros Rozas, E. (2020) \u00abUna mirada ecosocial a la crisis del campo\u00bb,&nbsp;<em>ctxt<\/em>, 21 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (1946a)&nbsp;<em>Report on the Second Session of the Conference of the FAO<\/em>. Washington: Food and Agriculture Organization of the United Nations.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (1946b)&nbsp;<em>Proposal for a World Food Board<\/em>. Washington: Food and Agriculture Organization of the United Nations.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (2009)&nbsp;<em>The State of Food and Agriculture. Livestock in the Balance<\/em>. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (2013)&nbsp;<em>Statistical Yearbook 2013. World Food and Agriculture<\/em>. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (2014)&nbsp;<em>The State of Food and Agriculture. Innovation in Family Farming<\/em>. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations.<\/p>\n\n\n\n<p>FAO (2018) \u00abProductive and healthy forests are crucial for meeting sustainable development, climate, land and biodiversity goals\u00bb,&nbsp;<em>Food and Agriculture Organization of the United Nations<\/em>, 22 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Forner, G. (2020) \u00abLas grandes superficies especulan con bienes de primera necesidad y disparan los precios\u00bb,&nbsp;<em>El Salto<\/em>, 29 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuchs, R. (2019) \u201cUS\u2013China trade war imperils Amazon rainforest\u201d,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 567(7749), pp. 451-454.<\/p>\n\n\n\n<p>Gilbert N. (2012) \u00abOne-third of our greenhouse gas emissions come from agriculture\u00bb,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 31 de octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>Goodman, A. (2018) \u00abGeorge Monbiot: Ending meat &amp; dairy consumption is needed to prevent worst impacts of climate change\u00bb,&nbsp;<em>Democracy Now!<\/em>, 29 de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Goodman, A. (2019) \u00abHow Jair Bolsonaro emboldened Brazilian agribusiness to torch the Amazon &amp; attack indigenous people\u00bb,&nbsp;<em>Democracy Now!<\/em>, 23 de agosto.<\/p>\n\n\n\n<p>GRAIN (2019) \u00abEU-Mercosur trade deal will intensify the climate crisis from agriculture\u00bb,&nbsp;<em>GRAIN<\/em>, 25 de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Greenpeace (2017) \u00abEU farming reform plan overlooks impact of meat sector\u00bb,&nbsp;<em>Greenpeace<\/em>, 29 de noviembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Grooten, M. &amp; Almond, R. E. A. (2018)&nbsp;<em>Informe planeta vivo 2018: Apuntando m\u00e1s alto<\/em>. Gland: WWF.<\/p>\n\n\n\n<p>HRW (2019)&nbsp;<em>Rainforest Mafias. How Violence and Impunity Fuel Deforestation in Brazil\u2019s Amazon<\/em>. New York: Human Rights Watch.<\/p>\n\n\n\n<p>IPBES (2019a) \u00abMedia release: Nature\u2019s dangerous decline \u2018unprecedented\u2019; species extinction rates \u2018accelerating\u2019\u00bb,&nbsp;<em>IPBES<\/em>, 6 de Mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>IPBES (2019b)&nbsp;<em>Informe de la Evaluaci\u00f3n Mundial sobre la diversidad biol\u00f3gica y los servicios de los ecosistemas. Resumen para los encargados de la formulaci\u00f3n de pol\u00edticas<\/em>. Bonn: IPBES.<\/p>\n\n\n\n<p>Jones, M. C. &amp; Cheung, W. W. L. (2017) \u201cUsing fuzzy logic to determine the vulnerability of marine species to climate change\u201d,&nbsp;<em>Global Change Biology<\/em>, 24(2), pp. 719-731.<\/p>\n\n\n\n<p>Kissinger, G., Herold, M. &amp; De Sy, V. (2012)&nbsp;<em>Drivers of Deforestation and Forest Degradation<\/em>. Vancouver: Lexeme.<\/p>\n\n\n\n<p>Korol, C. (2020) \u00abNo le echen la culpa al murci\u00e9lago\u00bb,&nbsp;<em>P\u00e1gina12<\/em>, 3 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Lymbery, P. (2017)&nbsp;<em>Dead Zone. Where the Wild Things Were<\/em>. London: Bloomsbury.<\/p>\n\n\n\n<p>Machovina, B., Feeley, K.J., &amp; Ripple, W.J. (2015) \u201cBiodiversity conservation: The key is reducing meat consumption\u201d,&nbsp;<em>Science of the Total Environment<\/em>, 536, pp. 419-431.<\/p>\n\n\n\n<p>Marra, A. (2018) \u00abEl voto del odio deja a Brasil a un paso de la extrema derecha\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 8 de octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>McMichael, P. (2006) \u201cFeeding the world: Agriculture, development and ecology\u201d, en L. Panitch &amp; C. Leys (eds.),&nbsp;<em>Coming to Terms with Nature.&nbsp;<\/em><em>The Socialist Register<\/em>, London: Merlin Press, pp. 170-194.<\/p>\n\n\n\n<p>Nepstad, D., et al. (2014) \u201cSlowing Amazon deforestation through public policy and intervention in the beef and soy supply chain\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>. 344(6188), pp. 1118-1123.<\/p>\n\n\n\n<p>Oerlemans, N. (2016)&nbsp;<em>Informe planeta vivo 2016. Riesgo y resiliencia en la nueva era<\/em>. Gland: WWF.<\/p>\n\n\n\n<p>Payne, J. L., et al. (2016) \u201cEcological selectivity of the emerging mass extinction in the oceans\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 353(6305), pp. 1284-1286.<\/p>\n\n\n\n<p>Picazo, S. (2020) \u00abJorge Riechmann: \u2018Lo ecol\u00f3gicamente necesario es hoy pol\u00edticamente imposible\u2019\u00bb,&nbsp;<em>El Cr\u00edtic<\/em>, 4 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pimm, S. L. &amp; Raven, P. (2000) \u201cBiodiversity: Extinction by numbers\u201d,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 403(6772), pp. 843\u2013845.<\/p>\n\n\n\n<p>PMA (2018) \u00abEn el siglo XXI el desarrollo rural es sin\u00f3nimo de desarrollo sostenible\u00bb,&nbsp;<em>Programa Mundial de Alimentos<\/em>, 17 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Poore, J. &amp; Nemecek, T. (2018) \u201cReducing food\u2019s environmental impacts through producers and consumers\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 360(6392), pp. 987-992.<\/p>\n\n\n\n<p>Popkin, G. (2019) \u201cThe forest question\u201d,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 565(7739), pp. 280-282.<\/p>\n\n\n\n<p>Press Association (2016) \u00abThe Queen, aristocrats and Saudi prince among recipients of EU farm subsidies\u00bb,&nbsp;<em>The Guardian<\/em>, 29 de septiembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Reganold, J. P. &amp; Wachter, J. M. (2016) \u201cOrganic agriculture in the twenty-\ufb01rst century\u201d,&nbsp;<em>Nature Plants<\/em>, 2(2), pp. 1-8.<\/p>\n\n\n\n<p>Ritchie, H. (2017) \u00abHow much of the world\u2019s land would we need in order to feed the global population with the average diet of a given country?\u00bb,&nbsp;<em>Our World in Data<\/em>, 3 de octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>Rius, N. (2020) \u00abLa pandemia abre la oportunidad de apostar por la alimentaci\u00f3n como derecho y no como negocio\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 19 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivas, P. (2020) \u00abCaos como norma en los huertos de autoconsumo durante el estado de alarma\u00bb,&nbsp;<em>El Salto<\/em>, 17 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1nchez-Bayo, F. &amp; Wyckhuys, K. A. G. (2019) \u201cWorldwide decline of the entomofauna: A review of its drivers\u201d,&nbsp;<em>Biological Conservation<\/em>, 232, pp. 8-27.<\/p>\n\n\n\n<p>Soberan\u00eda Alimentaria (2020) \u00abCarta al Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentaci\u00f3n\u00bb,&nbsp;<em>Soberan\u00eda Alimentaria<\/em>, 30 de marzo<\/p>\n\n\n\n<p>Steffen, W., et al. (2015) \u201cPlanetary Boundaries: Guiding human development on a changing planet\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 347(6223), pp. 736-747.<\/p>\n\n\n\n<p>Tena, A. (2020) \u00abSupermercado s\u00ed, huerto no. El autoconsumo se reivindica durante la pandemia\u00bb,&nbsp;<em>P\u00fablico<\/em>, 20 de abril.<\/p>\n\n\n\n<p>Trisos, C. H., Merow, C. &amp; Pigot, A. L. (2020) \u201cThe projected timing of abrupt ecological disruption from climate change\u201d,&nbsp;<em>Nature<\/em>, 580(7804), pp. 496-501.<\/p>\n\n\n\n<p>Van der Ploeg, J. D. (2008)&nbsp;<em>Nuevos campesinos. Campesinos e imperios alimentarios<\/em>. Barcelona: Icaria, 2010.<\/p>\n\n\n\n<p>Van Klink, R., et. al. (2020) \u201cMeta-analysis reveals declines in terrestrial but increases in freshwater insect abundances\u201d,&nbsp;<em>Science<\/em>, 368(6489), pp. 417-420.<\/p>\n\n\n\n<p>Vidal, J. (2019) \u00abThe rapid decline of the natural world is a crisis even bigger than climate change\u00bb,&nbsp;<em>The Huffington Post<\/em>, 15 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Wills, M. (2015) \u00abWhich species will survive the Earth\u2019s sixth mass extinction?\u00bb,&nbsp;<em>The Conversation<\/em>, 22 de septiembre.<\/p>\n\n\n\n<p>Wirth, E. (2020) La Pol\u00edtica Agraria Com\u00fan de la UE: Sembrando debate desde 1962, The Conversation, 23 de febrero.<\/p>\n\n\n\n<p>WSJ (2018) \u00abBrazilian swamp drainer\u00bb,&nbsp;<em>Wall Street Journal<\/em>, 8 de octubre.<\/p>\n\n\n\n<p>WWF (2017)&nbsp;<em>Appetite for Destruction. Summary Report<\/em>. Gland: World Wide Fund for Nature.<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftnref1\">[1]<\/a>&nbsp;En un art\u00edculo anterior, los autores llamaban ya la atenci\u00f3n sobre la significaci\u00f3n de esta laguna (cf. Ceballos et al., 2015: 4).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftnref2\">[2]<\/a>&nbsp;N\u00f3tese que las cr\u00edticas de car\u00e1cter metodol\u00f3gico que cupiera realizar a estudios como el citado no afectan a la validez de la atribuci\u00f3n etiol\u00f3gica contenida en nuestra cita. En este sentido, si bien el propio informe del IPBES que comentamos a rengl\u00f3n seguido destaca que la proporci\u00f3n de especies de insectos en peligro de extinci\u00f3n es altamente incierta, su diagn\u00f3stico de los principales motores de la p\u00e9rdida biodiversidad no difiere sustancialmente del realizado en el estudio citado. Por otra parte, en lo tocante a la cuesti\u00f3n de las tasas de desaparici\u00f3n, el m\u00e1s comprehensivo estudio realizado hasta la fecha, publicado hace apenas una semana en&nbsp;<em>Sciencie<\/em>, arroja datos curiosos: mientras los insectos terrestres estar\u00edan desapareciendo a una preocupante tasa cercana al 1% anual \u2013que puede sonar a poca cosa pero supone una p\u00e9rdida de en torno a la cuarta parte del total en apenas tres d\u00e9cadas\u2013, las poblaciones de insectos de agua dulce no s\u00f3lo no habr\u00eda disminuido sino que de hecho habr\u00edan aumentado a un ritmo similar durante las \u00faltimas d\u00e9cadas (cf. van Klink et. al., 2020).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-agroindustria-y-la-sexta-extincion\/#_ftnref3\">[3]<\/a>&nbsp;A estos da\u00f1os indirectos a los ecosistemas marinos habr\u00eda que a\u00f1adir los directos, pues m\u00e1s de una tercera parte de los peces que se extraen cada a\u00f1o de los oc\u00e9anos se destina a la alimentaci\u00f3n de animales que acceder\u00e1n luego al mercado alimentario, lo que supone, m\u00e1s all\u00e1 de la cuesti\u00f3n de su impacto medioambiental, un nuevo ejercicio de rodeo alimentario con enormes p\u00e9rdidas de calor\u00edas y nutrientes (Alder et al., 2008).<br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Asier Arias Fuente: Rebeli\u00f3n La vida ha estado presente en la Tierra durante m\u00e1s de 3.500 millones de a\u00f1os (Ma), pero los primeros 3.000 Ma fueron ciertamente aburridos: apenas hab\u00eda diversidad. Fue a partir de la as\u00ed llamada explosi\u00f3n c\u00e1mbrica, hace unos 540 Ma, cuando nuestro planeta comenz\u00f3 a albergar una variedad considerable de organismos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1993,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1992"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1992"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1992\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1994,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1992\/revisions\/1994"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1993"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1992"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1992"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1992"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}