{"id":2414,"date":"2020-06-30T10:27:33","date_gmt":"2020-06-30T10:27:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=2414"},"modified":"2020-06-30T10:27:35","modified_gmt":"2020-06-30T10:27:35","slug":"la-pandemia-la-soledad-y-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=2414","title":{"rendered":"La pandemia, la soledad y la muerte"},"content":{"rendered":"\n<p>Ismael Hern\u00e1ndez Lujano<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-pandemia-la-soledad-y-la-muerte\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora Martita est\u00e1 sola. Est\u00e1 sola all\u00ed en la cama, con toda su muerte. Yo nunca hab\u00eda pensado en eso. Matar a alguien es mandarlo a que est\u00e9 solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Rafael Bernal<\/p>\n\n\n\n<p>El pr\u00edncipe Siddhartha [\u2026] crece protegido en un mundo de lujo y felicidad, intocado por la decadencia del mundo externo. Aunque vive en un parque de placer, donde todo viso de sufrimiento ha sido esfumado, cuatro&nbsp;d\u00edas sucesivos toma su carro por el bosque y se encuentra con un hombre viejo, un enfermo, un cad\u00e1ver y un monje en austeridad. El pr\u00edncipe entonces tiene un atisbo de lo que ser\u00e1 su doctrina, notando que existe el sufrimiento, pero que tal vez sea posible vencerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro Mart\u00ednez Gallardo. \u201cLa preciosa historia de c\u00f3mo Buda lleg\u00f3 a la iluminaci\u00f3n\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia del COVID 19 y la ya muy larga cuarentena y medidas de distanciamiento social impuestas para combatirlo est\u00e1n provocando cambios en la econom\u00eda, las relaciones laborales, la educaci\u00f3n, el entretenimiento y en todos los \u00e1mbitos de la vida social cuya magnitud apenas estamos vislumbrando. Sin embargo, quiz\u00e1 el mayor cambio puede darse en nuestra concepci\u00f3n de la muerte y, paralelamente, en nuestra concepci\u00f3n de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace casi 40 a\u00f1os, en 1982, el soci\u00f3logo Norbert Elias public\u00f3&nbsp;<em>La soledad de los moribundos&nbsp;<\/em>(FCE, 2012), obra en la que hace un agudo an\u00e1lisis de la manera en que nos enfrentamos a la muerte en las sociedades contempor\u00e1neas. Desde entonces, las tendencias que \u00e9l vislumbr\u00f3 no han hecho m\u00e1s que acentuarse y hoy con la pandemia se han acelerado hasta hacerse estridentes.<\/p>\n\n\n\n<p>A grandes rasgos, su planteamiento es el siguiente. En las sociedades actuales, al menos en las del llamado Primer Mundo, los adelantos de la medicina y el alto grado de pacificaci\u00f3n, o de convivencia civilizada, han aumentado la esperanza de vida a niveles que jam\u00e1s hubieran imaginado las generaciones pasadas. Si en la Edad Media o a\u00fan en el Renacimiento un hombre de cuarenta a\u00f1os ya era casi un anciano, hoy una persona de esa edad casi entra en la categor\u00eda de joven pues a\u00fan le quedan treinta a\u00f1os de vida, o m\u00e1s. Enfermedades que en otros siglos diezmaron pueblos enteros hoy son curables o al menos tratables con un \u00e9xito considerable. Por otro lado, al menos en los pa\u00edses m\u00e1s ricos ha podido establecerse un Estado que efectivamente monopoliza el uso de la fuerza, desterrando o al menos minimizando el peligro de morir violentamente. Sigue existiendo el crimen, por supuesto, pero riesgo de una muerte violenta es incomparablemente bajo al de sociedades pasadas donde la guerra, el despojo y la rapi\u00f1a eran lo com\u00fan y no la excepci\u00f3n, sociedades donde hasta la m\u00e1s m\u00ednima disputa entre particulares se zanjaba mediante las armas y la fuerza. Entonces, las posibilidades de una muerte inesperada y s\u00fabita, sea por enfermedad o violencia, han disminuido al m\u00ednimo. Quiz\u00e1 el mayor riesgo de una muerte repentina en estas sociedades desarrolladas sean los accidentes, especialmente los automovil\u00edsticos, y los desastres naturales como sismos e inundaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena aclarar, El\u00edas dice que esa es la situaci\u00f3n de los pa\u00edses desarrollados y de ninguna manera pasa por alto que hay naciones sumidas en la miseria que todav\u00eda son azotadas por enfermedades y epidemias, que hay pueblos desgarrados por guerras y conflictos internos o por una delincuencia incontenible. Su diagn\u00f3stico se circunscribe a los pa\u00edses ricos y quiz\u00e1 pueda extenderse a las grandes ciudades o algunas zonas de los pa\u00edses pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>En las sociedades desarrolladas, en suma, \u201cLa vida se hace m\u00e1s larga, la muerte se aplaza m\u00e1s. Ya no es cotidiana la contemplaci\u00f3n de moribundos y de muertos. Resulta m\u00e1s f\u00e1cil olvidarse de la muerte en el normal vivir cotidiano\u201d (p. 29). Tanto hemos alejado la muerte de nuestra cotidianeidad y de nuestro pensamiento, dice El\u00edas, que ya no sabemos c\u00f3mo tratar con ella y, a\u00fan m\u00e1s, ya no sabemos c\u00f3mo tratar con los moribundos.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros tiempos las personas agonizaban en casa, rodeados de sus familiares, para quienes este tipo de procesos eran algo normal. Morir era entonces, dice El\u00edas, un evento mucho m\u00e1s colectivo hoy. En los tiempos actuales, en cambio, los moribundos son sacados de su entorno familiar y confinados en habitaciones de hospital, los v\u00ednculos con sus seres queridos, familiares y amigos, se ven reducidos a horarios estrictos y en muchas ocasiones mueren solos o, si acaso, rodeados del personal m\u00e9dico, es decir, de extra\u00f1os. Pero este el aislamiento no se da solamente cuando ha empezado el proceso de la agon\u00eda, que puede durar horas, d\u00edas, semanas o meses; sino que se da desde que empieza la enfermedad o la vejez que poco a poco va incapacitando a las personas y rompiendo sus lazos sociales; los enfermos y los ancianos son confinados en una habitaci\u00f3n de la propia casa, en un hospital o un asilo. Este es el hecho terrible sobre el que llama la atenci\u00f3n Elias: el aislamiento de los enfermos, los viejos y los moribundos, la ruptura de los lazos con las personas que aman y le dan sentido a su vida. Este aislamiento significa desterrarlos de la comunidad humana justamente cuando m\u00e1s la necesitan, cuando se encuentran d\u00e9biles, tristes y asustados; consumidos por el dolor o aterrorizados ante la muerte que se avecina. \u201cPara los moribundos puede resultar bastante amargo\u201d, dice Elias, \u201cSe sienten abandonados mientras a\u00fan est\u00e1n vivos\u201d (p. 49).<\/p>\n\n\n\n<p>Evidentemente, hay razones m\u00e9dicas para este hecho: se podr\u00eda arg\u00fcir que la hospitalizaci\u00f3n permite un tratamiento del enfermo que ser\u00eda imposible proporcionarle en su domicilio. Por otro lado, que sean profesionales quienes se ocupen de los enfermos parece parte de la imparable divisi\u00f3n social del trabajo, la cual redunda en una especializaci\u00f3n y efectividad mayores. Dando esto por cierto, paralelamente existen otras razones sobre las que nuestro autor llama la atenci\u00f3n y son las que ya mencionamos: en la sociedad actual las personas no sabemos c\u00f3mo tratar con la muerte, con la de las personas que amamos, o con las que simplemente convivimos, y mucho menos con la propia. En nuestros tiempos se ha desarrollado un verdadero tab\u00fa en torno a la muerte, parece de mal gusto mencionarla seriamente en una charla entre amigos o familiares, e incluso se trata por todos los medios de ocultarla a los ni\u00f1os. Presenciar la muerte de los otros es una anticipaci\u00f3n de nuestra propia muerte y \u00e9sta, la consciencia de nuestra finitud, ha sido duramente reprimida en la sociedad actual; esta es la otra raz\u00f3n del aislamiento de los moribundos y los enfermos. Por \u00faltimo, el empuje \u201cinformalizador\u201d de los tiempos actuales, yo lo llamar\u00eda de secularizaci\u00f3n y desacralizaci\u00f3n del mundo, nos ha quitado la mayor\u00eda de los rituales y ceremonias que nos ofrec\u00edan f\u00f3rmulas socialmente v\u00e1lidas de comportarnos ante la muerte, la de los otros y la propia. Con el m\u00ednimo de pautas sociales, hoy no sabemos qu\u00e9 hacer ante qui\u00e9n se est\u00e1 despidiendo de la vida, sentimos un gran embarazo y por ello la opci\u00f3n ha sido relegarlos, ocultarlos, dejar que se ocupen de ello profesionales. Hasta aqu\u00ed el planteamiento de Norbert Elias, resumido, o parafraseado, mejor dicho, con algo de libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues bien, la pandemia del COVID 19 acent\u00faa algunas de las tendencias se\u00f1aladas por Elias y rompe con otras, pero en la peor combinaci\u00f3n posible.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, la pandemia ha hecho que incluso en las sociedades del llamado Primer Mundo vuelva a ser real y tangible el peligro de una muerte inesperada e inevitable. La zozobra e inseguridad de la vida que es propia de sociedades heridas por la guerra, la miseria y la delincuencia ha inundado pa\u00edses donde la gente viv\u00eda con tranquilidad y sosiego; ahora ya es imposible ignorar la muerte, olvidarla, conjurarla de nuestra vida cotidiana; el conteo diario de decesos y el fallecimiento de personas cercanas lo hace imposible. La muerte, ocultada y reprimida, ha vuelto para reclamar sus fueros, tanto en pa\u00edses ricos y como en pa\u00edses pobres. La pandemia ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las grandes potencias y de la humanidad entera.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, este retorno de la muerte no ha tra\u00eddo aparejado un tratamiento m\u00e1s humano, m\u00e1s familiar e \u00edntimo de los moribundos sino todo lo contrario. La virulencia del SARS CoV 2 ha impuesto un aislamiento estricto de los pacientes graves, acentuando con ello la soledad de los moribundos. Seg\u00fan varios testimonios, lo m\u00e1s terrible para los familiares de alguien que ha fallecido por COVID es que una vez que ingresaron al hospital, jam\u00e1s los volvieron a ver, ya no se les permiti\u00f3 ninguna visita y no pudieron despedirse de ellos. La soledad en la que mueren los pacientes de COVID es absoluta pues en muchas otras enfermedades el proceso de hospitalizaci\u00f3n gradual o incluso programado, y en muchas ocasiones las visitas se permiten hasta el \u00faltimo d\u00eda. Para los vivos tampoco hay oportunidad despedirse.[1]<\/p>\n\n\n\n<p>Pero as\u00ed como Elias se\u00f1alaba que el proceso de aislamiento no empieza con la agon\u00eda sino mucho antes, con la enfermedad; en estos momentos el aislamiento no empieza con la hospitalizaci\u00f3n de la persona enferma de COVID sino que se ha entronizado como imperativo social. Algunas personas que perdieron a alguien ni siquiera tuvieron la oportunidad de ver a su familiar el d\u00eda que fue hospitalizado sino que llevaban semanas sin verlos, sin visitarlos, por la cuarentena. Adicionalmente, se ha desatado cierto p\u00e1nico colectivo: las personas con familiares infectados son vistas como un foco de infecci\u00f3n y condenadas a un mayor aislamiento. Este es otro punto notable: con la cuarentena no solamente los moribundos son condenados a la soledad; tambi\u00e9n los vivos son condenados a pasar en soledad su duelo. La restricci\u00f3n a los sepelios y funerales nos est\u00e1 quitando los pocos rituales colectivos que todav\u00eda nos quedaban para procesar simb\u00f3licamente una p\u00e9rdida; en estos momentos es impensable que familiares y amigos pasen una noche juntos velando al difunto, record\u00e1ndolo, consol\u00e1ndose unos a otros.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo va de la mano con un individualismo feroz, cada persona se considera a s\u00ed misma como un fin y concibe la vida como una competencia con los otros. En realidad, en el capitalismo la sociedad no existe, no existe una verdadera comunidad; solamente un agregado de \u00e1tomos enfrentados unos a otros. Generalmente, el c\u00edrculo de solidaridad y afecto no va m\u00e1s all\u00e1 de la familia, y en ocasiones ni siquiera de la familia extendida sino de la familia nuclear. Esto tiene bases estructurales, entre ellas que la jornadas laborales extenuantes dificultan los espacios para la convivencia y socializaci\u00f3n. Una vez que dios ha muerto y se ha perdido la fe las grandes utop\u00edas sociales, para la mayor\u00eda de las personas la familia termina siendo el \u00fanico asidero para dar sentido a sus vidas, la \u00fanica raz\u00f3n para seguir andando y luchando.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo el rompimiento de viejos tab\u00faes y normas autoritarias tambi\u00e9n ha socavado &nbsp;a la familia. Hoy son cada vez m\u00e1s comunes los&nbsp;<em>singles<\/em>, las personas sin pareja y sin hijos, que viven solas, verdaderas m\u00f3nadas de la sociedad capitalista contempor\u00e1nea. Y como reflejo de una vida en soledad viene una muerte en soledad: en ciudades como Nueva York cada vez son m\u00e1s frecuentes las desgarradoras historias de personas que apenas si son conocidas por sus vecinos y mueren dentro de sus departamento en absoluta soledad, sin que nadie lo note hasta d\u00edas o semanas despu\u00e9s y sin que se pueda localizar amigos o familiares a quienes dar la noticia o a quienes les importe. La muerte nos condena al olvido, parece que ese es el destino que a todos nos espera, pero estas personas ya hab\u00edan sido olvidadas por todos mucho antes de morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en ese escenario de atomizaci\u00f3n, llegan la pandemia y la cuarentena a debilitar o incluso romper los pocos contactos humanos que se ten\u00edan, incluyendo en no pocos casos el contacto con compa\u00f1eros de trabajo; el m\u00e1s significativo para muchos luego del debilitamiento de los lazos familiares, comunitarios y de amistad.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos est\u00e1n pasando la cuarentena en compa\u00f1\u00eda de sus familias, lo cual es una bendici\u00f3n cuando hay relaciones sanas y afectuosas; para muchos otros ha significado la imposibilidad de evadir los conflictos latentes que generalmente se evad\u00edan con el trabajo, y de ah\u00ed el aumento explosivo de la violencia dom\u00e9stica. Pero muchos otros, quienes son&nbsp;<em>singles<\/em>, est\u00e1n pasando la cuarentena solos, m\u00e1s de lo que ya estaban. Y si desde hace mucho las redes sociales se han convertido en un triste suced\u00e1neo del contacto humano real, con la cuarentena se han vuelto para muchos la \u00fanica ventana hacia los otros. Sin embargo, es de sobra sabido y reconocido que la amistad a trav\u00e9s de las redes sociales esuna p\u00e1lida sombra de la convivencia real, del contacto humano real, e incluso, al dar una falsa sensaci\u00f3n cercan\u00eda, la conexi\u00f3n digital termina por debilitar las relaciones reales pues las suplanta.<\/p>\n\n\n\n<p>Como toda gran crisis, la pandemia es una encrucijada. Se ha dicho que puede ser la oportunidad para recuperar sistemas de salud p\u00fablicos, universales y gratuitos, para establecer de una vez por todas una renta universal b\u00e1sica, para cuestionar las asimetr\u00edas entre las grandes potencias y los pa\u00edses pobres, para avanzar en la construcci\u00f3n de un mundo mejor. Pero tambi\u00e9n existe el peligro de que las fuerzas conservadoras la aprovechen para avanzar en proyectos autoritarios, en el perfeccionamiento del espionaje y el control digital y para hacer caer el peso de la crisis que viene en las espaldas de los trabajadores para iniciar un nuevo ciclo de acumulaci\u00f3n de capital. En cuanto al tema que hemos tratado, puede ser otra vuelta de tuerca en el proceso de aislamiento de los muertos y de los vivos, un reforzamiento del individualismo y el rompimiento de los pocos lazos sociales y espacios colectivos aut\u00e9nticos que a\u00fan existen. O bien, puede ser la oportunidad para repensar nuestra actitud ante la muerte, la de los otros y la propia; para dejar de evadirla y recuperar la compasi\u00f3n por los viejos, los enfermos y los moribundos; lo cual nos lleva a repensar la vida y su sentido, pues, como dice Elias: \u201cresulta sobremanera clara la relaci\u00f3n que existe entre la sensaci\u00f3n que tiene una persona de que su vida tiene un sentido y la idea que se hace de la importancia que tiene para otras personas, as\u00ed como de la que tienen otras personas para ella\u201d (p. 91). La vida humana solamente tiene sentido en comunidad y esta comunidad no puede restringirse a la familia. Si la muerte es la soledad absoluta, la vida siempre es compa\u00f1\u00eda, cercan\u00eda, convivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Para que sea efectiva y no quede en mera pr\u00e9dica ut\u00f3pica, esta toma de conciencia moral sobre la muerte y la vida, sobre la soledad y la comunidad, debe ir acompa\u00f1ada de la toma de conciencia pol\u00edtica y social de que el individualismo no puede ser superado si no se supera su base material, la econom\u00eda de mercado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[1] Un m\u00e9dico del IMSS dijo al peri\u00f3dico La Jornada: \u201cEn lo personal, agrega, hay sensaci\u00f3n de estar totalmente solo y aislado, y lo que se ve en los pisos Covid es una soledad abrumadora y frustraci\u00f3n inmensa de no poder sacar a los pacientes adelante\u201d. En la misma nota, una enfermera refiera: \u201ca pesar de jornadas de m\u00e1s de 10 horas de trabajo, ya no podemos dormir. En casa no puedes estar sentada y sin hacer nada, porque te da una angustia horrible. Se te quedan las historias de tus pacientes: el que sali\u00f3 adelante, afortunadamente, pero tambi\u00e9n el que muri\u00f3 con la angustia de no despedirse de sus seres queridos\u201d. (<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/ultimas\/politica\/2020\/06\/26\/personal-medico-exhausto-y-frustrado-por-muertes-que-no-puede-evitar-9818.html?fbclid=IwAR3HnhGKPpQbIMrqr7B9DuigkysKG-gh43G00pjXQokoTa3-quW9tpuCbzs#.XvYcUPQlafA\" target=\"_blank\">Personal m\u00e9dico, exhausto y frustrado por muertes que no puede evitar<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ismael Hern\u00e1ndez Lujano Fuente: Rebeli\u00f3n Y ahora Martita est\u00e1 sola. Est\u00e1 sola all\u00ed en la cama, con toda su muerte. Yo nunca hab\u00eda pensado en eso. Matar a alguien es mandarlo a que est\u00e9 solo. 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