{"id":2985,"date":"2020-09-28T00:04:47","date_gmt":"2020-09-28T00:04:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=2985"},"modified":"2020-09-28T00:04:47","modified_gmt":"2020-09-28T00:04:47","slug":"la-apocaliptica-segunda-naturaleza-de-california","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=2985","title":{"rendered":"La apocal\u00edptica \u00abSegunda naturaleza\u00bb de California"},"content":{"rendered":"\n<p>Mike Davis<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-apocaliptica-segunda-naturaleza-de-california\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>De camino a Las Vegas, y a veinte minutos de la frontera estatal, hay una salida de la I-15 que lleva a un camino asfaltado de dos carriles llamado Cima Road. Esta es la modesta puerta de entrada a uno de los bosques m\u00e1s m\u00e1gicos de Norteam\u00e9rica: kil\u00f3metros y kil\u00f3metros de viejos \u00e1rboles de Josu\u00e9, una especie que cubre un campo de peque\u00f1os volcanes del Pleistoceno conocido como Cima Dome o la C\u00fapula de Cima. Los reyes del bosque tienen catorce metros de altura y mil a\u00f1os de antig\u00fcedad. A mediados de agosto, aproximadamente 1,3 millones de estas impresionantes yucas gigantes perecieron en el incendio de la C\u00fapula, provocado por un rayo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/contraeldiluvio.es\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/AR01167_10-e1600327044143.jpg\" alt=\"\"\/><figcaption>\u00abSin t\u00edtulo\u00bb, de Anselm Kiefer (1982-1918)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>No es la primera vez que vemos arder el este del desierto de Mojave: en 2005 un megaincendio calcin\u00f3 m\u00e1s de cuatro mil kil\u00f3metros cuadrados de desierto, pero no penetr\u00f3 en la C\u00fapula, el coraz\u00f3n del bosque. Las plantas del desierto, a diferencia de los robles de California y el chaparral, no est\u00e1n adaptadas al fuego, por lo que su recuperaci\u00f3n es una inc\u00f3gnita. La aparici\u00f3n de una hierba de racimo invasora a la que se conoce como bromo rojo ha creado un subsuelo inflamable para los \u00e1rboles de Josu\u00e9 y ha transformado el desierto de Mojave en una ecolog\u00eda de fuego. (La espiguilla invasora ha jugado este papel en la Gran Cuenca durante d\u00e9cadas). El incremento de la frecuencia de los incendios acelerar\u00e1 el cambio de la vegetaci\u00f3n y, en \u00faltima instancia, pondr\u00e1 en peligro la existencia de los \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p>El que nuestros desiertos est\u00e9n ardiendo es la expresi\u00f3n regional de una tendencia mundial: un planeta en llamas debido al cambio clim\u00e1tico que ha desencadenado una peligrosa transformaci\u00f3n de la ecolog\u00eda vegetal y, por lo tanto, de las poblaciones de fauna, desde el \u00c1rtico hasta la Patagonia, desde Montana hasta Mongolia. California es un ejemplo paradigm\u00e1tico de ese c\u00edrculo vicioso, en el que el calor extremo conduce a incendios extremos que impiden el rejuvenecimiento natural y aceleran la transformaci\u00f3n de paisajes emblem\u00e1ticos en pastizales depauperados y laderas de monta\u00f1as sin \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios de este siglo, los gestores h\u00eddricos y las autoridades encargadas de los incendios se centraron principalmente en la amenaza de sequ\u00edas plurianuales causadas por la intensificaci\u00f3n de los episodios de La Ni\u00f1a y la persistencia de las c\u00fapulas de alta presi\u00f3n, ambas potencialmente atribuibles al calentamiento antropog\u00e9nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus peores temores se hicieron realidad en la gran sequ\u00eda de la d\u00e9cada anterior, quiz\u00e1s la mayor de los \u00faltimos quinientos a\u00f1os, que provoc\u00f3 la muerte de millones de robles y pinos, lo que a su vez proporcion\u00f3 combustible para las tormentas de fuego de 2018 y 2019.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas \u00faltimas cat\u00e1strofes, sin embargo, han obligado a los cient\u00edficos a identificar un nuevo fen\u00f3meno, la \u00absequ\u00eda caliente\u00bb. Incluso en a\u00f1os con unas precipitaciones normales, el calor extremo del verano \u2014nuestra nueva normalidad\u2014 est\u00e1 produciendo en los embalses y en las comunidades vegetales una p\u00e9rdida masiva de agua por evaporaci\u00f3n. Si el invierno y el principio de la primavera son h\u00famedos pueden embelesarnos con exuberantes despliegues de plantas floridas, pero tambi\u00e9n producen un mont\u00f3n de pasto y malas hierbas que luego se van cociendo en el horno de nuestros veranos para luego convertirse en desencadenantes de incendios cuando regresan los vientos endemoniados.<\/p>\n\n\n\n<p>El desarrollo inmobiliario en zonas de peligro de incendio alto y extremo, que es donde en los \u00faltimos veinte a\u00f1os se ha construido la mayor\u00eda de las nuevas viviendas del estado, tambi\u00e9n ha fomentado esta contrarrevoluci\u00f3n bot\u00e1nica, ya que el aclaramiento de los bosques y la tala de chaparral abre nuevos caminos para la mostaza negra y los bromos, plantas pir\u00f3manas. La f\u00f3rmula abreviada para un megaincendio es la de maleza m\u00e1s \u00e1rboles muertos o afectados por la sequ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La vegetaci\u00f3n mediterr\u00e1nea (la de California al oeste de las Sierras y al sur de Klamath) ha coevolucionado acompa\u00f1ada por el fuego y de hecho los robles y la mayor\u00eda de las plantas de chaparral necesitan que haya fuegos epis\u00f3dicos para reproducirse. No obstante, el fuego extremo que ahora es habitual en Grecia, Espa\u00f1a, Australia y California est\u00e1 llev\u00e1ndose por delante las adaptaciones del Holoceno y produciendo cambios irreversibles en la biota. La \u00fanica limitaci\u00f3n real para los futuros incendios forestales es la masa de combustible disponible. Va a haber m\u00e1s \u00e1reas que se parezcan a la costa de Malib\u00fa, donde el fuego prende en el mismo sector cada d\u00e9cada o cada dos d\u00e9cadas, seg\u00fan lo dicte el periodo de entre ocho y doce a\u00f1os que es necesario para que maduren los matorrales de salvia de la costa.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de los a\u00f1os cuarenta del siglo pasado las ruinas de Berl\u00edn se convirtieron en un laboratorio en el que los cient\u00edficos naturales estudiaron la sucesi\u00f3n vegetal tras tres a\u00f1os de incesantes bombardeos de fuego. Lo que se esperaba era que la vegetaci\u00f3n original de la regi\u00f3n, los bosques de robles y sus arbustos, se reestableciera con prontitud. Para su horror, esto no fue as\u00ed. En su lugar hubo plantas ex\u00f3ticas, la mayor\u00eda de ellas llegadas de fuera de Alemania, que se establecieron all\u00ed como las nuevas especies dominantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los bot\u00e1nicos prosiguieron con sus estudios hasta que en los a\u00f1os ochenta se limpiaron las \u00faltimas zonas bombardeadas. La persistencia de esta vegetaci\u00f3n de zonas muertas y la incapacidad de las plantas de los bosques de Pomerania para restablecerse impuls\u00f3 un debate sobre la \u00abNaturaleza II\u00bb. Se sosten\u00eda que el calor extremo de los fuegos y la pulverizaci\u00f3n de las estructuras de ladrillo hab\u00edan creado un nuevo tipo de suelo que invitaba a la colonizaci\u00f3n por parte plantas como el \u00ab\u00e1rbol del cielo\u00bb (<em>Ailanthus<\/em>), que hab\u00eda evolucionado en las morrenas de las capas de hielo del Pleistoceno. Una guerra nuclear total, advirtieron, podr\u00eda reproducir estas mismas condiciones a gran escala.<\/p>\n\n\n\n<p>El fuego en el Antropoceno se ha convertido en el equivalente f\u00edsico de una guerra nuclear que nunca termina. Tras los incendios del S\u00e1bado Negro en Victoria, a principios de 2009, los cient\u00edficos australianos calcularon que la energ\u00eda liberada equival\u00eda a la explosi\u00f3n de 1.500 bombas del tama\u00f1o de la de Hiroshima. Las actuales tormentas de fuego en los estados del Pac\u00edfico son mucho m\u00e1s grandes y se deber\u00eda comparar su poder destructivo con el megatonelaje de cientos de bombas de hidr\u00f3geno.<\/p>\n\n\n\n<p>De los escombros de nuestros fuegos est\u00e1 emergiendo a toda velocidad una naturaleza nueva y profundamente siniestra a costa de paisajes que una vez consideramos sagrados. Nuestra imaginaci\u00f3n apenas puede abarcar la velocidad o la escala de la cat\u00e1strofe. Adi\u00f3s, California, adi\u00f3s.<\/p>\n\n\n\n<p>Este texto fue publicado inicialmente en el blog de la Rosa Luxemburg Stiftung NYC con el t\u00edtulo&nbsp;<a href=\"https:\/\/rosaluxnycblog.org\/california-fires\/\">\u00abCalifornia\u2019s Apocalyptic \u2018Second Nature\u2019\u00bb<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mike Davis Fuente: Rebeli\u00f3n De camino a Las Vegas, y a veinte minutos de la frontera estatal, hay una salida de la I-15 que lleva a un camino asfaltado de dos carriles llamado Cima Road. 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