{"id":3410,"date":"2020-11-25T11:04:51","date_gmt":"2020-11-25T11:04:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3410"},"modified":"2020-11-25T11:04:53","modified_gmt":"2020-11-25T11:04:53","slug":"libertad-liberalismo-e-interes","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3410","title":{"rendered":"Libertad, liberalismo e inter\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p>Ricardo Rodr\u00edguez<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/libertad-liberalismo-e-interes\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Un repaso somero de la historia nos deber\u00eda hacer concluir que Adam Smith llevaba raz\u00f3n, pero tambi\u00e9n nos har\u00e1 ver con desaliento que somos tozudos en repetir una y otra vez los mismos errores.<\/p>\n\n\n\n<p>No mucha gente recuerda hoy la disputa que el fundador del utilitarismo Jeremy Bentham mantuvo con Adam Smith, quien est\u00e1 considerado el padre del liberalismo econ\u00f3mico, a cuenta de la regulaci\u00f3n p\u00fablica de la tasa de inter\u00e9s en los pr\u00e9stamos.<\/p>\n\n\n\n<p>En un apartado de su m\u00e1s conocida obra,&nbsp;<em>La riqueza de las naciones<\/em>, Adam Smith defiende la idea de que el Estado limite el tipo de inter\u00e9s que puede cobrarse a poco m\u00e1s del m\u00ednimo que exista en el mercado, o \u00abal habitualmente pagado por aquellos que pueden garantizar la m\u00e1xima seguridad\u00bb. El inter\u00e9s legal se fijaba entonces en Gran Breta\u00f1a en el 5%. Aunque pueda sonar extra\u00f1o a quienes contemplan a este autor con las orejeras del prejuicio y bajo el \u00fanico prisma de esa simpleza tantas veces repetida de la mano invisible, la raz\u00f3n que aduc\u00eda era en el fondo de protecci\u00f3n del bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Razonaba que una libertad sin restricciones en el mercado o una regulaci\u00f3n demasiado laxa estimular\u00edan la proliferaci\u00f3n de pr\u00e9stamos con elevado inter\u00e9s a \u00abpr\u00f3digos y temerarios\u00bb. Cuando hablaba de pr\u00f3digos estaba pensando en derrochadores, en personas que malgastan su fortuna en placeres improductivos, y por temerarios reputaba a quienes hac\u00edan inversiones aventureras que en la mayor\u00eda de las ocasiones acababan resultando ruinosas. Cre\u00eda Adam Smith que el establecimiento de un inter\u00e9s m\u00e1ximo, por el contrario, fomentar\u00eda la financiaci\u00f3n de actividad econ\u00f3mica segura y provechosa para el conjunto de la sociedad. Si el prestamista no puede obtener m\u00e1s de un techo de rendimiento en su capital, a partir de ese techo la ventaja que perseguir\u00e1 ser\u00e1 la seguridad, y esto le beneficiar\u00e1 no s\u00f3lo a \u00e9l sino a toda la comunidad con un crecimiento econ\u00f3mico razonable y s\u00f3lido.<\/p>\n\n\n\n<p>Jeremy Bentham, quien por lo dem\u00e1s ten\u00eda a Smith por un maestro, le replic\u00f3 en 1787 con un op\u00fasculo de t\u00edtulo sobradamente expresivo y que en su tiempo fue muy celebrado en el Reino Unido:&nbsp;<em>En defensa de la usura<\/em>. Sus razones nos son hoy harto familiares: el Estado no debe intervenir ni constre\u00f1ir en modo alguno el mercado financiero porque \u00e9ste ya por s\u00ed mismo fijar\u00e1 el nivel \u00f3ptimo de rendimiento y los precios m\u00e1s adecuados del dinero. \u00bfQui\u00e9n es el Estado para impedir que nadie preste lo que es suyo con el inter\u00e9s que le plazca si hay quien est\u00e1 dispuesto a pag\u00e1rselo? \u00abNing\u00fan hombre de edad madura y mente l\u00facida \u2013escribi\u00f3-, que act\u00fae libremente y con los ojos abiertos, deber\u00eda verse impedido a la hora de obtener dinero por tales medios, si as\u00ed lo estima oportuno en la b\u00fasqueda de su propio beneficio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Un repaso somero de la historia de entonces a la actualidad nos deber\u00eda hacer concluir que Adam Smith llevaba raz\u00f3n, pero tambi\u00e9n nos har\u00e1 ver con desaliento que somos tozudos en repetir una y otra vez los mismos errores. El 15 de octubre de 1929, Irving Fisher, uno de los m\u00e1s prestigiosos economistas del momento, autor de una respetada teor\u00eda del dinero, de una ecuaci\u00f3n y un teorema c\u00e9lebres que llevan su nombre, declar\u00f3 que el mercado de valores hab\u00eda alcanzado tal grado de estabilidad que era sencillamente impensable una bajada significativa en muchos a\u00f1os, si es que alguna vez ocurr\u00eda. El 28 de octubre de ese mismo a\u00f1o se produjo el crac burs\u00e1til que arruin\u00f3 a miles de personas (a Irving Fisher, que perdi\u00f3 todos sus ahorros, entre ellos) y desencaden\u00f3 una d\u00e9cada de pobreza y exasperaci\u00f3n sin precedentes s\u00f3lo concluida tras la Segunda Guerra mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego el economista Minsky nos ense\u00f1\u00f3 que la ratio de deuda privada y PIB integra la demanda agregada de la econom\u00eda de un pa\u00eds, y que cuando el apalancamiento financiero alcanza un determinado umbral en el que el rendimiento de las inversiones se sit\u00faa por debajo del coste financiero se entra en un ciclo destructivo, e irreversible a partir del momento en que se pide prestado para pagar inter\u00e9s de deuda previa. Ah\u00ed ya s\u00f3lo una intervenci\u00f3n p\u00fablica que controle y reduzca la deuda privada puede paliar el cataclismo. Pero, naturalmente, ser\u00e1 a costa de transferir la deuda privada al sector p\u00fablico, por lo que todos, hayamos o no sido irresponsables, hayamos o no invertido, prestado o pedido prestado a otros de manera imprudente, pagaremos los platos rotos. Se arruinar\u00e1n empresas porque se desplomar\u00e1 la demanda, se disparar\u00e1 el desempleo y, en el momento en que el endeudamiento privado explote a las familias, miles de personas ser\u00e1n arrojadas fuera de sus hogares por no poder seguir pagando sus facturas.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan as\u00ed, tanto da. En 1999 un nutrido grupo de congresistas norteamericanos impuls\u00f3 la derogaci\u00f3n de la conocida como Ley Glass-Steagall, que hab\u00eda sido aprobada en los a\u00f1os 30 por el Gobierno de Franklin D. Roosevelt para regular el mercado financiero, estableciendo sobre todo una disociaci\u00f3n de banca de dep\u00f3sito y banca de inversi\u00f3n que evitase que quien especulara con su dinero estuviese poniendo en riesgo la totalidad de la econom\u00eda. Para evitar que algo como la Gran Depresi\u00f3n volviera a suceder. Los promotores de la derogaci\u00f3n de nuevo invocaron la libertad y la que ha sido una de las falacias econ\u00f3micas m\u00e1s da\u00f1inas de la historia: la idea, tenazmente desmentida por la experiencia, de que todas las crisis capitalistas son sectoriales y acaban super\u00e1ndose tarde o temprano por el correspondiente ajuste de precios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otros pa\u00edses siguieron a Estados Unidos en el levantamiento de los controles p\u00fablicos del mercado. Y no pasaron ni diez a\u00f1os antes de que volviese a volar todo por los aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta historia ya es m\u00e1s reciente y seguramente no har\u00e1 falta que la contemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 del relato y las teor\u00edas econ\u00f3micas (el mismo Bentham s\u00ed era partidario, por ejemplo, de la regulaci\u00f3n p\u00fablica del precio del trigo), late una determinada controversia sobre la libertad humana, y sobre la relaci\u00f3n entre la libertad individual y el bien de la comunidad, que deber\u00edamos dirimir alg\u00fan d\u00eda. M\u00e1s en estos meses de pandemia en los que tantas veces se ha medido si pesa m\u00e1s dejar que cada quien haga lo que le apetezca o la salud del conjunto de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Va abri\u00e9ndose camino, con toda probabilidad porque aprovecha a muy poderosas \u00e9lites, una delirante concepci\u00f3n de la libertad individual que la desliga de su inevitable correlato, la responsabilidad, y que la contrapone a la cooperaci\u00f3n social, que constituye, precisamente, la m\u00e1s firme garant\u00eda de la libertad humana. Si nuestra conducta destruye la comunidad en la que vivimos estamos acabando con la condici\u00f3n primera de nuestra libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscar amparo en el liberalismo para semejante delirio supone una estafa intelectual. En ninguno de sus cl\u00e1sicos lo hallaremos. Ni en Adam Smith, ni en Bentham, ni en ning\u00fan otro. Stuart Mill fija el da\u00f1o a la sociedad como l\u00edmite de la libertad individual, algo que por otra parte ya proclamaba la&nbsp;<em>Declaraci\u00f3n de derechos del hombre y del ciudadano<\/em>&nbsp;de 1789. Y el autor de&nbsp;<em>La riqueza de las naciones<\/em>&nbsp;dej\u00f3 escrito, con claridad meridiana: \u00abtodo ejercicio de la libertad natural de unos pocos individuos que ponga en peligro la seguridad de toda la sociedad es y debe ser restringido por las leyes\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Rodr\u00edguez Fuente: Rebeli\u00f3n Un repaso somero de la historia nos deber\u00eda hacer concluir que Adam Smith llevaba raz\u00f3n, pero tambi\u00e9n nos har\u00e1 ver con desaliento que somos tozudos en repetir una y otra vez los mismos errores. 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