{"id":3467,"date":"2020-12-04T11:02:23","date_gmt":"2020-12-04T11:02:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3467"},"modified":"2020-12-21T10:46:15","modified_gmt":"2020-12-21T10:46:15","slug":"marxismo-ecologico-un-primer-mapa-de-la-cuestion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3467","title":{"rendered":"Marxismo ecol\u00f3gico: Un primer mapa de la cuesti\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Facundo Nahuel Mart\u00edn<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/kaosenlared.net\/marxismo-ecologico-un-primer-mapa-de-la-cuestion\/\">Kaos en la Red<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Marxismo y ecolog\u00eda: \u00bfhistoria de un desencuentro?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La tradici\u00f3n marxista, allende su heterogeneidad interna, ha recibido numerosas objeciones por su visi\u00f3n de la naturaleza, el progreso y la t\u00e9cnica. Se la ha acusado de propugnar una visi\u00f3n \u201cproductivista\u201d y \u201cprometeica\u201d del desarrollo hist\u00f3rico. El marxismo es a menudo comprendido como determinismo tecnol\u00f3gico, que pensar\u00eda el desarrollo de las fuerzas productivas como la variable independiente de la historia. Los avances t\u00e9cnicos, responsables por el incremento en la productividad del trabajo, ser\u00edan vistos como la fuerza propulsora del progreso hist\u00f3rico. Esta visi\u00f3n ha sido cuestionada por muchas razones. Primero, este determinismo tecnol\u00f3gico es la base de una visi\u00f3n necesarista, lineal y preordenada de la historia, af\u00edn a las filosof\u00edas historicistas de los siglos XVIII y XIX, solo que de bases materialistas. El historicismo no deja m\u00e1rgenes para la apertura, la contingencia, el azar y el cambio no previsto. Segundo, se trata de una concepci\u00f3n fuertemente euroc\u00e9ntrica, vinculada a visiones del progreso que han acompa\u00f1ado a proyectos de expansi\u00f3n colonial y subordinaci\u00f3n del otro cultural. Finalmente, el \u201cpromete\u00edsmo\u201d del marxismo tradicional ser\u00eda contrario al cuidado de los bienes comunes y el medio ambiente, reduciendo a la naturaleza a mero objeto de proyecciones y manipulaciones antropoc\u00e9ntricas. La idea misma del comunismo, proyectada a veces como una sociedad post-escasez tecnol\u00f3gicamente avanzada, ser\u00eda m\u00e1s una peligrosa ilusi\u00f3n ecocida que un proyecto social superador del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos desaf\u00edos, comparables con otros cuestionamientos democr\u00e1ticos, feministas, decoloniales, etc., ponen en entredicho el&nbsp;<em>car\u00e1cter emancipatorio<\/em>&nbsp;de los proyectos pol\u00edticos inspirados en el marxismo, antes que su viabilidad. La idea del comunismo, al parecer, ser\u00eda una fantas\u00eda decimon\u00f3nica, propia de una humanidad que no se hab\u00eda encontrado a\u00fan con los l\u00edmites ecol\u00f3gicos de la expansi\u00f3n civilizatoria o no hab\u00eda sufrido los reveses catastr\u00f3ficos del dominio tecnol\u00f3gico de la naturaleza. Las clases dominantes del centro global, al menos, pudieron durante alg\u00fan tiempo confiar en la unidad inmediata entre progreso t\u00e9cnico y progreso social, en la infinitud de los recursos naturales y en el car\u00e1cter intr\u00ednsecamente liberador de la tecnolog\u00eda moderna. La crisis ecol\u00f3gica en curso exige, parece, revisitar los idearios emancipatorios de la tradici\u00f3n, discutiendo presupuestos agotados sobre la relaci\u00f3n sociedad-naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, el productivismo del marxismo tradicional ha sido debatido y cuestionado desde muy temprano en las teor\u00edas cr\u00edticas y tambi\u00e9n dentro del propio marxismo. Tal es el caso, por ejemplo, de la denuncia contra la \u201cracionalidad instrumental\u201d en la primera Escuela de Frankfurt. Las articulaciones marxistas-ecologistas m\u00e1s sistem\u00e1ticas empezaron a desarrollarse en los a\u00f1os \u201870 del siglo pasado, en di\u00e1logo con los movimientos ambientalistas y la nueva sensibilidad pol\u00edtica de las izquierdas posteriores a la d\u00e9cada del \u201860. Una primera generaci\u00f3n de ecosocialistas, con exponentes como Michael L\u00f6wy o James O\u2019Connor, hizo trabajos pioneros en este campo. Para esta generaci\u00f3n, las preocupaciones ecol\u00f3gicas eran en gran medida ajenas al propio Marx, y no solamente a la tradici\u00f3n posterior. El ecosocialismo, entonces, aparec\u00eda como una doctrina nueva, superadora del socialismo realmente existente y su marxismo positivista, pero tambi\u00e9n de los ecologismos que no cuestionan al capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacia el cambio de siglo apareci\u00f3 una segunda generaci\u00f3n de ecomarxistas, mu\u00f1ida con nuevas herramientas exeg\u00e9ticas, que se dedic\u00f3 a reconstruir la profundidad de las preocupaciones ecol\u00f3gicas presentes en los trabajos de Marx y Engels. Los fundadores de la tradici\u00f3n marxista son, para esta segunda generaci\u00f3n, pensadores clave para la cr\u00edtica ecol\u00f3gica del capitalismo. El Marx maduro, por ejemplo, estudi\u00f3 significativamente la degradaci\u00f3n ambiental producida por la agricultura capitalista inglesa en el siglo XIX. El materialismo de Marx y Engels ser\u00eda, en t\u00e9rminos metodol\u00f3gicos, la piedra basal de un an\u00e1lisis del capitalismo en clave ecol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rica Latina, por su parte, es un territorio de importantes conflictos ambientales. La inserci\u00f3n de la regi\u00f3n en el mercado mundial condiciona el car\u00e1cter \u201cextractivo\u201d de las econom\u00edas del subcontinente, casi sin excepci\u00f3n basadas en la explotaci\u00f3n de recursos naturales para la exportaci\u00f3n a pa\u00edses del centro. Incluso los gobiernos latinoamericanos m\u00e1s progresistas han promovido agendas neodesarrollistas que fomentan la degradaci\u00f3n la naturaleza. Las consecuencias de esas pol\u00edticas extractivas son, por lo general, sufridas ante todo por los pueblos originarios, el campesinado y los sectores populares urbanos empobrecidos, en un proceso donde se combinan pr\u00e1cticas neocoloniales y neoextractivas. Sin embargo, los debates del eco-marxismo permanecen poco conocidos entre nosotros\/as, excepci\u00f3n hecha de algunos aportes de peso, como los de Marsitella Svampa o Ren\u00e1n Vega Cantor. Las y los marxistas no siempre hemos sabido actualizar y articular nuestra teor\u00eda para ponerla en di\u00e1logo con los procesos de resistencia y organizaci\u00f3n popular ecologista. Bien desarrollada, una perspectiva eco-marxista podr\u00eda tener gran tracci\u00f3n pol\u00edtica en el subcontinente, desafiando al neodesarrollismo desde demandas dif\u00edciles de metabolizar en t\u00e9rminos sist\u00e9micos. Para eso ser\u00e1n necesarios ejercicios de traducci\u00f3n te\u00f3rico-pol\u00edtica a\u00fan pendientes. El eco-marxismo es todav\u00eda, en buena medida, una teor\u00eda producida de modo predominante en el centro global. Este art\u00edculo intenta ofrecer un somero mapa de la discusi\u00f3n eco-marxista contempor\u00e1nea, con la esperanza de dar inicio a esa labor de articulaci\u00f3n y creaci\u00f3n situada, que deber\u00e1 producir un eco-marxismo m\u00e1s atento a las din\u00e1micas de conflicto y especificidades regionales, siempre le\u00eddas con mirada internacionalista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La ruptura metab\u00f3lica entre sociedad y naturaleza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las dos figuras m\u00e1s conocidas de la segunda generaci\u00f3n de eco-marxistas son Paul Burkett y John Bellamy Foster, nucleados en la revista&nbsp;<em>Monthly Review<\/em>. El libro&nbsp;<em>La ecolog\u00eda de Marx<\/em>, del segundo, publicado en ingl\u00e9s en el a\u00f1o 2000, se ha convertido en una referencia fundamental del eco-marxismo. Bellamy Foster inscribe a Marx en una larga tradici\u00f3n materialista cuyo origen se remonta a la filosof\u00eda atomista de Epicuro (a quien, recordemos, Marx dedic\u00f3 su tesis doctoral). En sus escritos de madurez, Marx presta atenci\u00f3n especial a dos grandes figuras de las ciencias naturales: Charles Darwin y Justus von Liebig. A lo largo de sus debates con Malthus y Ricardo, tambi\u00e9n, Marx despliega an\u00e1lisis&nbsp; de orientaci\u00f3n ecologista-materialista.<\/p>\n\n\n\n<p>El qu\u00edmico alem\u00e1n Von Liebig, al que Marx ley\u00f3 detenidamente mientras escrib\u00eda&nbsp;<em>El Capital&nbsp;<\/em>en la d\u00e9cada de 1860, mostr\u00f3 c\u00f3mo la separaci\u00f3n campo-ciudad y la agricultura intensiva capitalista estaban arruinando la fertilidad del suelo en Inglaterra. Al concentrarse la poblaci\u00f3n en las ciudades, los nutrientes extra\u00eddos de la tierra mediante la agricultura intensiva no volv\u00edan a los campos, degradando progresivamente el suelo. Mientras tanto, los deshechos animales y humanos contaminaban las capitales industriales, especialmente en los barrios obreros. Este quiebre en el ciclo de los nutrientes provocaba constantes reducciones en el rendimiento agr\u00edcola, configurando una forma de \u201crobo\u201d de la naturaleza. La agricultura capitalista solo superar\u00eda estas dificultades apelando a la explotaci\u00f3n de nuevas fronteras ecol\u00f3gicas, con la masiva importaci\u00f3n de guano de las costas peruanas, primero, y la introducci\u00f3n de fertilizantes sint\u00e9ticos, despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Bellamy Foster sostiene que el trabajo es el punto de intercambio metab\u00f3lico entre la sociedad y la naturaleza. La sociedad, entonces, no est\u00e1 compuesta solo por interacciones discursivas o simb\u00f3licas, sino tambi\u00e9n por la movilizaci\u00f3n de materia y energ\u00eda de su entorno natural. Al extraer nutrientes del suelo sin retornarlos a \u00e9l, ese intercambio constante se interrumpe, produciendo una&nbsp;<em>ruptura metab\u00f3lica<\/em>&nbsp;que compromete la reproducci\u00f3n de la vida social y natural. El an\u00e1lisis metab\u00f3lico supera los modelos&nbsp;<em>solo-sociales<\/em>&nbsp;de explicaci\u00f3n de lo social. Estos modelos son insuficientes, ya que la sociedad carece de autonom\u00eda con respecto a la naturaleza. En cambio, la vida social debe mantener un permanente intercambio metab\u00f3lico con el mundo natural del que, en el l\u00edmite, forma parte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Antropoceno como serie de rupturas metab\u00f3licas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bellamy Foster inaugur\u00f3 una corriente eco-marxista que podemos llamar&nbsp;<em>escuela de la ruptura metab\u00f3lica<\/em>. Un&nbsp;<em>an\u00e1lisis metab\u00f3lico<\/em>&nbsp;busca dar cuenta de las interacciones complejas, no lineales y llenas de consecuencias imprevistas, entre procesos sociales y naturales. El trabajo humano, en esta reformulaci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, media en el intercambio metab\u00f3lico entre sociedad y naturaleza. Ese intercambio puede interrumpirse cuando las actividades sociales inciden en las din\u00e1micas de la naturaleza de maneras da\u00f1inas o disruptivas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 2002, el premio Nobel de Qu\u00edmica Paul Crutzen propuso en la revista&nbsp;<em>Nature<\/em>&nbsp;que estar\u00edamos en una nueva fase en la historia geol\u00f3gica de nuestro planeta: el Antropoceno. Seg\u00fan Crutzen, las transformaciones ambientales acumulativas generadas por la actividad industrial expandida a todo el planeta, poseer\u00edan una envergadura suficiente para permitirnos hablar de que ingresamos en un nuevo per\u00edodo geol\u00f3gico, marcado por los cambios de origen antr\u00f3pico. Para 2016, el Anthropocene Working Group (AWG) avanz\u00f3 en formalizar el concepto de Antropoceno como posible \u00e9poca geol\u00f3gica, profundizando la discusi\u00f3n previa otras ciencias de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario diferenciar dos niveles en el debate sobre el Antropoceno. El primero se refiere a una discusi\u00f3n precisa en el campo de la estratigraf\u00eda. La definici\u00f3n del Antropoceno como \u00e9poca geol\u00f3gica, hoy en proceso de formalizaci\u00f3n por el AWG en la Comisi\u00f3n Internacional de Estratigraf\u00eda, se relaciona con la presencia de ciertos marcadores de la actividad humana en los sedimentos y otros niveles. Todav\u00eda no hay una definici\u00f3n formal precisa sobre el Antropoceno como \u00e9poca geol\u00f3gica estructurada a partir de marcadores estratigr\u00e1ficos. En segundo lugar, el concepto remite a un per\u00edodo donde los\/las humanos tenemos influencia decisiva en el estado, la din\u00e1mica y el futuro del sistema de la Tierra. En este sentido m\u00e1s amplio, el concepto de Antropoceno es usado en ciencias naturales y sociales, pero tambi\u00e9n en la opini\u00f3n p\u00fablica, para designar un momento donde el impacto ambiental de la actividad humana adquiere dimensiones planetarias.<\/p>\n\n\n\n<p>La escuela de la \u201cruptura metab\u00f3lica\u201d, por lo general, se ha apropiado de manera activa y original del concepto de Antropoceno. Esta corriente de pensamiento busca, a contrapelo del sesgo \u201cculturalista\u201d predominante en la mayor parte del marxismo occidental, tender puentes con las ciencias naturales, aliadas te\u00f3ricas fundamentales para enfrentar a los negacionistas del cambio clim\u00e1tico y poner de manifiesto la destrucci\u00f3n ambiental producida por el capitalismo. Las disrupciones planetarias generadas por la concentraci\u00f3n de gases de efecto invernadero, la contaminaci\u00f3n por nitr\u00f3geno (producto de los fertilizantes artificiales modernos), la generalizada extinci\u00f3n de especies, etc., son&nbsp; masivas&nbsp;<em>rupturas metab\u00f3licas<\/em>, producidas por la expansi\u00f3n capitalista. El fin de las condiciones clim\u00e1ticas del Holoceno, un hecho ampliamente constatado por la comunidad cient\u00edfica, expresar\u00eda un salto cualitativo en la contradicci\u00f3n entre el desarrollo capitalista y los ritmos planetarios. El gran crecimiento econ\u00f3mico mundial iniciado con la posguerra marcar\u00eda una aceleraci\u00f3n catastr\u00f3fica, un punto de inflexi\u00f3n, en la contradicci\u00f3n entre la din\u00e1mica infinitamente expansiva de la acumulaci\u00f3n, y la finitud de los procesos ambientales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Enfrentando el Antropoceno<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El libro de Ian Angus,&nbsp;<em>Facing the Anthropocene<\/em>&nbsp;(2016) es tal vez uno de los intentos m\u00e1s sistem\u00e1ticos por recopilar el conocimiento actualizado en las ciencias de la Tierra y articularlo con una teor\u00eda marxista del&nbsp;<em>capitalismo f\u00f3sil<\/em>. El trabajo tiene dos partes, dedicadas respectivamente a cada uno de estos objetivos. Es en s\u00ed mismo un erudito esfuerzo por reunir \u201cdos culturas\u201d (el marxismo, m\u00e1s ampliamente las ciencias sociales, y las ciencias naturales). Tambi\u00e9n pretende debatir algunas recepciones cr\u00edticas del concepto de Antropoceno en las ciencias sociales, donde existen diversas objeciones (marxistas, feministas, postcoloniales) a la categor\u00eda de&nbsp;<em>Anthropos<\/em>. El \u201cser humano\u201d, despu\u00e9s de todo, no mienta una unidad homog\u00e9nea en t\u00e9rminos de poder, recursos y por ende responsabilidades por el desastre ecol\u00f3gico. Seg\u00fan Angus, en las ciencias de la Tierra se ha comprendido siempre que los \u201cfactores antr\u00f3picos\u201d que inciden en el cambio clim\u00e1tico y otras disrupciones planetarias, no remiten a&nbsp;<em>toda la humanidad&nbsp;<\/em>de manera indiferenciada.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro aporte importante de Angus es que nos advierte contra los peligros de identificar el Antropoceno con un \u201cper\u00edodo hist\u00f3rico\u201d en sentido lato, como podr\u00edan ser el barroco o el neoliberalismo. Seg\u00fan el autor, hay una confusi\u00f3n categorial en muchas de las respuestas al Antropoceno (Chthulhuceno, Capitaloceno, Plantacionoceno, etc.). Estas respuestas disputan la definici\u00f3n de \u201cnuestra \u00e9poca\u201d, sin referencia al debate espec\u00edfico en t\u00e9rminos geol\u00f3gicos. Angus explica que&nbsp;<em>\u00e9poca<\/em>, en geolog\u00eda, es un concepto t\u00e9cnico en una estratificaci\u00f3n temporal jer\u00e1rquica (compuesta de eras, per\u00edodos, etc.). Las \u00e9pocas son los intervalos de m\u00e1s corta duraci\u00f3n en esa estratificaci\u00f3n. El Holoceno, iniciado hace 10 o 12 mil a\u00f1os, es la \u00faltima \u00e9poca geol\u00f3gica del planeta. Aproximadamente a mediados del siglo pasado (las explosiones nucleares en la superficie terrestre marcar\u00edan el punto de inflexi\u00f3n), las condiciones del Holoceno empezaron a deteriorarse aceleradamente. El Antropoceno es la denominaci\u00f3n propuesta para las condiciones de salida del Holoceno. Ser\u00eda un error categorial decir, por ejemplo, que vivimos en el Capitaloceno, antes lo hicimos en el Feudaloceno y, previamente, en el cazador-recolector-ceno. Una \u00e9poca, en geolog\u00eda, no es lo mismo que un per\u00edodo hist\u00f3rico en sentido lato. Sin embargo, siempre seg\u00fan Angus, muchas de las intervenciones en el Antropoceno desconocen esta diferencia categorial.<\/p>\n\n\n\n<p>Angus provee un an\u00e1lisis metab\u00f3lico del Antropoceno, similar al que intentan Bellamy Foster, York y Clark en el libro&nbsp;<em>The Ecological Rift<\/em>&nbsp;(2010). Si el estudio de las ciencias de la Tierra es fundamental para comprender la crisis biof\u00edsica en la que nos encontramos, el an\u00e1lisis metab\u00f3lico ser\u00eda clave para entender las causas socio-ecol\u00f3gicas de esa crisis. El Antropoceno tiene, para Angus, or\u00edgenes sociales y econ\u00f3micos vinculados con la din\u00e1mica expansiva del capitalismo, con su l\u00f3gica compulsiva de valorizaci\u00f3n aumentada. El crecimiento constante no es una \u201cideolog\u00eda\u201d propugnada por gobiernos ciegos al medio ambiente o por malos h\u00e1bitos de consumo. Es, por el contrario, una necesidad social-objetiva impuesta a las sociedades por la din\u00e1mica del capitalismo. Ni la naturaleza humana, ni las ideolog\u00edas de la modernidad o la ilustraci\u00f3n, son las causas del cambio clim\u00e1tico y otras fracturas metab\u00f3licas. La l\u00f3gica del capital, con su din\u00e1mica de reproducci\u00f3n ampliada incesante, lo es.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Capitaloceno y la escuela de la ecolog\u00eda-mundo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La idea de Antropoceno, sin embargo, ha sido ampliamente cuestionada en las teor\u00edas cr\u00edticas. En el campo del eco-marxismo, Jason W. Moore ha formulado objeciones importantes al respecto. Este autor diferencia el Antropoceno geol\u00f3gico del Antropoceno \u201cpopular\u201d, difundido masivamente en los medios de comunicaci\u00f3n del centro global, pero tambi\u00e9n entre las humanidades y ciencias sociales. Seg\u00fan Moore, las \u201cnarrativas\u201d sobre el Antropoceno parten de supuestos dualistas, que separan sociedad y naturaleza como entidades escindidas y contrapuestas. La sociedad, se nos dice, habr\u00eda llegado a extraer m\u00e1s de la cuenta de la naturaleza, en un proceso de intercambio que se extralimita. Moore, buscando eliminar todo resto de oposici\u00f3n conceptual entre sociedad y naturaleza, tambi\u00e9n critica el concepto de ruptura metab\u00f3lica de Foster. Para que sea posible una ruptura entre lo social y lo natural es necesario, despu\u00e9s de todo, poder distinguir entre ambas en primer lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>En reemplazo del concepto de Antropoceno, Moore desarrolla la noci\u00f3n de Capitaloceno, propuesta originariamente por Andreas Malm, que sin embargo no comparte la teor\u00eda desarrollada por Moore. El Capitaloceno, seg\u00fan Moore, no empez\u00f3 a fines del siglo XVIII con la m\u00e1quina de vapor de Watt, ni a mediados del siglo XX con la gran aceleraci\u00f3n econ\u00f3mica de posguerra. Empez\u00f3 en el \u201clargo siglo XVI\u201d, con una serie de transformaciones cualitativas en el manejo del ambiente por la sociedad europea y su expansi\u00f3n colonial atl\u00e1ntica. Moore combina la teor\u00eda marxista del valor con las ideas de Donna Haraway y Bruno Latour sobre la co-producci\u00f3n de naturalezas y culturas, en una s\u00edntesis que se puede llamar&nbsp;<em>escuela de la ecolog\u00eda mundo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La concepci\u00f3n de la Sociedad y la Naturaleza con may\u00fascula, como dos realidades separadas, con historias propias independientes, es para Moore producto del \u201cdualismo cartesiano\u201d que comenz\u00f3 con el Capitaloceno. Toda forma hist\u00f3rica, incluida la capitalista, se produce en la&nbsp;<em>red de la vida<\/em>, organiz\u00e1ndose&nbsp;<em>a trav\u00e9s de la naturaleza<\/em>. Las civilizaciones son entidades \u201ch\u00edbridas\u201d, donde sociedad y naturaleza se co-producen a partir de una unidad originaria, que Moore llama&nbsp;<em>oikeios<\/em>. El capitalismo, sin embargo, produce la \u201cfalsedad econ\u00f3micamente \u00fatil\u201d de dos entidades contrapuestas, donde la naturaleza es reducida a objeto de apropiaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La separaci\u00f3n entre sociedad y naturaleza en el Capitaloceno se vincula con la din\u00e1mica de la acumulaci\u00f3n. El capital tiene la necesidad de apropiarse, en cada gran fase hist\u00f3rica, de los \u201cregalos gratuitos\u201d de la naturaleza. La acumulaci\u00f3n mediante explotaci\u00f3n del trabajo llega a crisis peri\u00f3dicas generadas de modo inmanente (ca\u00edda de la tasa de ganancia, etc.), de las que sale cuando logra&nbsp;<em>apropiarse de trabajo, energ\u00eda y recursos sin compensaci\u00f3n econ\u00f3mica<\/em>. Por eso el capitalismo siempre implica&nbsp;<em>praxis de frontera<\/em>, que reducen a una parte de la red de la vida a la condici\u00f3n de naturaleza separada y materia de apropiaci\u00f3n no valorizada.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cnaturaleza barata\u201d incluye tambi\u00e9n actividades realizadas por seres humanos, que no son reconocidas como trabajo y por ende se ven desvalorizadas. El trabajo dom\u00e9stico realizado mayormente por mujeres, el trabajo racializado de los pueblos colonizados, realizado en condiciones de sobreexplotaci\u00f3n y a veces de esclavitud, son excluidos del \u00e1mbito del trabajo creador de valor, al igual que el gasto de energ\u00eda de los animales no humanos y la disposici\u00f3n de recursos del ambiente. La frontera entre trabajo creador de valor y actividades desvalorizadas se asocia entonces a la escisi\u00f3n sociedad-naturaleza, plagada de connotaciones patriarcales y racistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Moore produce una amplia s\u00edntesis eco-marxista que re\u00fane tem\u00e1ticas decoloniales y feministas. Su teor\u00eda de la naturaleza barata cuestiona la \u201cley del valor\u201d capitalista, que pone a una parte de la red de la vida como frontera de apropiaci\u00f3n desvalorizada. La historia econ\u00f3mica del capitalismo, entonces, est\u00e1 ligada a una historia mayor donde se combinan la degradaci\u00f3n de la naturaleza (por la apropiaci\u00f3n de energ\u00eda y recursos sin compensaci\u00f3n) con la compensaci\u00f3n de \u201cotros\u201d perif\u00e9ricos y feminizados, tratados por la civilizaci\u00f3n como mera naturaleza disponible para ser apropiada. La superaci\u00f3n del capitalismo, para Moore, implica no solo redistribuir riquezas, sino redefinir la ontolog\u00eda de nuestro mundo, construyendo una forma de arreglo socio-natural postdualista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Capital f\u00f3sil<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Andreas Malm public\u00f3 dos libros importantes:&nbsp;<em>Fossil Capital&nbsp;<\/em>(2015) y&nbsp;<em>The Progress of this Storm<\/em>&nbsp;(2019). En el primero, Malm reconstruye el desarrollo de la econom\u00eda basada en combustibles f\u00f3siles desde el punto de vista de la lucha de clases. Seg\u00fan el autor, existe una afinidad entre los combustibles f\u00f3siles y la acumulaci\u00f3n de capital, que han llegado a \u201csoldarse\u201d mutuamente. La adopci\u00f3n del motor de Watt en la industria textil inglesa a comienzos del siglo XIX, que fue el primer jal\u00f3n de la \u201ccarbonizaci\u00f3n\u201d general de la econom\u00eda capitalista, no responde a ventajas t\u00e9cnicas neutrales del motor a vapor, ni tampoco a que abaratara los costos. Cuando se difundi\u00f3 el motor a vapor en la industria inglesa, de hecho,&nbsp;<em>era m\u00e1s barato seguir utilizando molinos de agua<\/em>. La predilecci\u00f3n de los capitalistas por el motor a vapor tuvo que ver con la adecuaci\u00f3n entre las demandas materiales de la acumulaci\u00f3n y el \u201cperfil energ\u00e9tico\u201d del carb\u00f3n. Los molinos de agua exig\u00edan una enorme dispersi\u00f3n geogr\u00e1fica de las industrias, lo que incrementaba el impacto pol\u00edtico de las huelgas y la organizaci\u00f3n obrera. Al concentrarse en las ciudades, los burgueses dispon\u00edan de un mayor ej\u00e9rcito de reserva con el que reemplazar huelguistas, abaratar costos laborales, etc. La disciplina laboral, antes que la eficiencia t\u00e9cnica inherente, fue un motivo de la difusi\u00f3n del motor a vapor.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda motivaci\u00f3n hist\u00f3rica del pasaje a la econom\u00eda f\u00f3sil se relaciona con las propiedades f\u00edsicas del carb\u00f3n (y luego del petr\u00f3leo). El agua y el aire son fuentes de energ\u00eda en constante flujo, sometidas a variaciones ambientales y que a veces exigen coordinaci\u00f3n entre distintos propietarios privados. Malm las llama&nbsp;<em>flowing commons<\/em>, \u201cbienes comunes de flujo\u201d. El curso de un r\u00edo no se puede extraer, transportar y almacenar. Est\u00e1 sometido a variaciones de caudal no controlables, dados por ciclos naturales ajenos a las temporalidades abstractas-homog\u00e9neas de la valorizaci\u00f3n. Y es inherentemente social: varias unidades productivas deben compartir el agua r\u00edo arriba y r\u00edo abajo, lo que fuerza a constantes negociaciones \u201csocializantes\u201d entre ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>El capital, por su din\u00e1mica social, no soporta los bienes comunes de flujo. Necesita producir, en la materialidad de los talleres, una temporalidad abstracta-homog\u00e9nea, dada por los ciclos de la valorizaci\u00f3n. Esa din\u00e1mica no soporta interrupciones por la din\u00e1mica natural (sequ\u00edas, etc.). La producci\u00f3n material capitalista necesit\u00f3 darse una fuente energ\u00e9tica acorde a su temporalidad y espacialidad abstractas, homog\u00e9neas e indiferentes a las peculiaridades variables y contextuales del clima y el suelo. En las propiedades f\u00edsicas del carb\u00f3n, almacenable y transportable, encontr\u00f3 una forma energ\u00e9tica adecuada a sus necesidades de reproducci\u00f3n abstracta.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anterior significa, contra el marxismo tradicional,&nbsp;<em>que las fuerzas productivas no pueden considerarse como la variable independiente de la historia<\/em>. Esa tesis, defendida por ejemplo por el marxista anal\u00edtico Gerald Cohen, implica que el progreso t\u00e9cnico ser\u00eda neutral. Cuando una nueva tecnolog\u00eda reemplaza a la anterior, lo har\u00eda por la superioridad de sus propiedades intr\u00ednsecas no contextuales, independientes de las relaciones de poder entre personas. Las tecnolog\u00edas ser\u00edan entonces mera \u201cnaturaleza revelada\u201d a partir de c\u00e1lculos de eficiencia, careciendo de un componente social. Para Malm, en cambio, la selectividad tecnol\u00f3gica y energ\u00e9tica de una sociedad viene dada por sus relaciones sociales, en particular, por las formas como&nbsp;<em>humanos dominan a otros\/as humanos a trav\u00e9s de cosas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los combustibles f\u00f3siles, en particular, tienen una relaci\u00f3n especial con la din\u00e1mica del capitalismo. A diferencia de los&nbsp;<em>flowing commons<\/em>, los combustibles f\u00f3siles son ampliamente&nbsp;<em>transportables y almacenables<\/em>. Favorecen entonces la producci\u00f3n de una l\u00f3gica espacio-temporal abstracta, gobernada por el dinamismo del capital, con su movimiento de valor que pone valor con indiferencia de los ciclos naturales.<\/p>\n\n\n\n<p>El materialismo hist\u00f3rico, para Malm, es una teor\u00eda de&nbsp;<em>c\u00f3mo el poder se fija en cosas<\/em>. Los artefactos, las fuerzas productivas, son entonces realidades combinadas donde se mezclan relaciones de poder y propiedades naturales de las cosas. Ambas dimensiones permanecen anal\u00edticamente diferenciadas, por m\u00e1s que se re\u00fanan en los fen\u00f3menos. La interacci\u00f3n del CO2&nbsp;con la luz solar no es una propiedad social del gas, porque no depende de la interacci\u00f3n humana. La liberaci\u00f3n de CO2&nbsp;a la atm\u00f3sfera, y el consecuente calentamiento global, s\u00ed depende de formas de interacci\u00f3n sociales mediadas por el pensamiento abstracto y el lenguaje (formas cuyo dinamismo no se deriva de, solo se enmarca en, las propiedades f\u00edsicas de los cuerpos humanos). El calentamiento global no es \u201cobra de la humanidad\u201d como unidad abstracta, sino de algunos humanos, que dominan a otros\/as mediante la subsunci\u00f3n de porciones de la naturaleza. El cambio clim\u00e1tico y otras disrupciones ecol\u00f3gicas, podemos decir, son a su modo realidades \u201ch\u00edbridas\u201d, donde naturaleza y sociedad se mezclan. Sin embargo, esta mezcla fenom\u00e9nica no anula la necesidad de mantener a la sociedad y la naturaleza como categor\u00edas diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Materialismo hist\u00f3rico e h\u00edbridos socio-naturales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Malm ha cuestionado el empleo de la categor\u00eda de Antropoceno y fue, de hecho, el primero en sugerir el t\u00e9rmino alternativo Capitaloceno. Sin embargo, es un duro cr\u00edtico del monismo socio-natural de Jason W. Moore. La sociedad y la naturaleza no est\u00e1n, para Malm, compuestas de&nbsp;<em>entidades radicalmente diferentes<\/em>. La sociedad, al fin, se compone de cuerpos humanos y no humanos organizados de diferentes maneras. Pero la din\u00e1mica de organizaci\u00f3n de esos cuerpos no puede derivarse sin m\u00e1s de sus propiedades f\u00edsicas, sino que posee un dinamismo propio. As\u00ed, realidades sociales como los Estados, la ley del valor o las ideolog\u00edas son irreductibles a las propiedades f\u00edsicas de los cuerpos que componen lo social. Se trata de&nbsp;<em>propiedades emergentes<\/em>&nbsp;surgidas de las peculiares&nbsp;<em>formas de organizaci\u00f3n e interacci\u00f3n&nbsp;<\/em>de los cuerpos en la sociedad. Esas propiedades carecen de autonom\u00eda ontol\u00f3gica (pertenecen a la misma sustancia que el resto de la naturaleza) pero son, a la vez, irreductibles, en el sentido de que tienen un movimiento espec\u00edfico con l\u00f3gicas propias. Si los componentes de la sociedad son en su conjunto parte de la naturaleza, las propiedades emergentes de esos componentes son irreductibles, lo que justifica un lenguaje moderadamente dualista en el que es todav\u00eda posible hablar de interacciones entre lo social y lo natural.<\/p>\n\n\n\n<p>Malm, siguiendo al antrop\u00f3logo Alf Hornborg, da una interpretaci\u00f3n marxista de las realidades \u201ch\u00edbridas\u201d en las que se combinan sociedad y naturaleza. Esta interpretaci\u00f3n implica un debate con Bruno Latour y su \u201chibridismo\u201d, as\u00ed como con el monismo de Jason Moore. Recordemos que, para Latour, como para Moore, la divisi\u00f3n sociedad-naturaleza responde a los dualismos cartesianos de la constituci\u00f3n moderna del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Malm defiende lo que podr\u00edamos llamar un&nbsp;<em>hibridismo acotado<\/em>, que rediscute la distinci\u00f3n entre&nbsp;<em>t\u00e9cnica y pol\u00edtica<\/em>&nbsp;m\u00e1s que entre&nbsp;<em>sociedad y naturaleza<\/em>. La mayor\u00eda de las cosas con las que interactuamos o que inciden en nuestras vidas son combinaciones de sociedad y naturaleza en las que est\u00e1n&nbsp;<em>delegadas<\/em>&nbsp;propiedades agenciales de la conducta humana. En la fabricaci\u00f3n de una llave, por ejemplo, delegamos una serie de interacciones sociales donde se mezclan la propiedad privada, las formas de reproducci\u00f3n social, los ideales sociales sobre la intimidad, etc., articul\u00e1ndose con las propiedades f\u00edsicas de los metales y otros materiales. De modo similar, una autopista con puentes bajos, por la que no pasa un transporte colectivo, est\u00e1 construida para ser usada solamente por los ricos, sin necesidad de que leyes o normas expl\u00edcitas estipulen algo as\u00ed. Los objetos materiales tienen, entonces, una incidencia decisiva en la constituci\u00f3n de la vida social, sin que por eso la distinci\u00f3n anal\u00edtica entre lo social y lo natural pierda significaci\u00f3n o importancia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A modo de cierre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En este art\u00edculo intent\u00e9 construir un mapa de las discusiones eco-marxistas contempor\u00e1neas. Como sostuve, hay dos grandes corrientes en debate, una nucleada en torno a la idea&nbsp;<em>ruptura metab\u00f3lica<\/em>, otra nucleada en torno a la idea&nbsp;<em>ecolog\u00eda mundo<\/em>. La escuela de la ruptura metab\u00f3lica mantiene una distinci\u00f3n anal\u00edtica entre sociedad y naturaleza, poniendo al trabajo humano como mediador entre ambas. Esta corriente permanece m\u00e1s cerca de las orientaciones filos\u00f3ficas de la Ilustraci\u00f3n, con su vocaci\u00f3n por desantropomorfizar la comprensi\u00f3n de la naturaleza externa. Por lo general, esta corriente (a excepci\u00f3n de Malm), ha mantenido una relaci\u00f3n m\u00e1s dial\u00f3gica con el concepto de Antropoceno acu\u00f1ado en las ciencias de la Tierra, leyendo la actual disrupci\u00f3n planetaria como un salto de escala en los quiebres del metabolismo sociedad-naturaleza producidos por el capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La corriente de la&nbsp;<em>ecolog\u00eda mundo<\/em>, en cambio, cuestiona tanto a la narrativa del Antropoceno como a la idea misma de ruptura metab\u00f3lica, vi\u00e9ndolas como concepciones dualistas \u201ccartesianas\u201d, que no rompen categorialmente con la din\u00e1mica del capital y su marco cultural-ideol\u00f3gico. Para Moore y su escuela, en l\u00ednea con teor\u00edas como las de Donna Haraway o Bruno Latour, no se puede distinguir la sociedad de la naturaleza. Ambas se co-producen en una unidad originaria, y solo el capitalismo las separa en funci\u00f3n de una estrategia global de acumulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El debate entre estas corrientes acarrea desde cuestiones filos\u00f3ficas (la ontolog\u00eda de la sociedad y la naturaleza, la manera de procesar la modernidad y su crisis, etc.) hasta emp\u00edricas (haciendo \u00e9nfasis ya en los cambios ecol\u00f3gicos producidos con el comercio atl\u00e1ntico en el siglo XVI, ya en la introducci\u00f3n de la m\u00e1quina de vapor en el siglo XIX, ya en la gran aceleraci\u00f3n econ\u00f3mica desde 1950). Ambas corrientes, a la vez, prestan atenci\u00f3n a las formas de imperialismo ecol\u00f3gico que estructuran flujos desiguales de energ\u00eda y materiales en sentido Sur-Norte. La escuela de la ecolog\u00eda-mundo ve estos flujos como producto de las pr\u00e1cticas de frontera antropoc\u00e9ntricas y cartesianas del capitalismo. La escuela de la ruptura metab\u00f3lica, las lee como una serie de saltos sucesivos en el quiebre (ecol\u00f3gicamente desplazado una y otra vez) entre sociedad y naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en la reconstrucci\u00f3n dej\u00e9 de lado algunas importantes contribuciones latinoamericanas a estos debates, como los estudios de Maristella Svampa sobre el Antropoceno o de Ren\u00e1n Vega Cantor sobre el Capitaloceno. Futuros trabajos deber\u00e1n promover una apropiaci\u00f3n latinoamericana (y a la vez internacionalista) de las importantes contribuciones del eco-marxismo en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, intent\u00e9 mostrar que la identificaci\u00f3n del marxismo con una forma de productivismo \u201cprometeico\u201d (un significante que requiere mayores investigaciones) y ecocida est\u00e1, por lo menos, desactualizada en relaci\u00f3n a frondosas investigaciones recientes (y no tan recientes) en el seno de la tradici\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Facundo Nahuel Mart\u00edn Fuente: Kaos en la Red Marxismo y ecolog\u00eda: \u00bfhistoria de un desencuentro? La tradici\u00f3n marxista, allende su heterogeneidad interna, ha recibido numerosas objeciones por su visi\u00f3n de la naturaleza, el progreso y la t\u00e9cnica. 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