{"id":3726,"date":"2021-01-21T19:57:02","date_gmt":"2021-01-21T19:57:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3726"},"modified":"2021-01-21T19:57:04","modified_gmt":"2021-01-21T19:57:04","slug":"que-hacer-con-los-jovenes-irresponsables","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3726","title":{"rendered":"Qu\u00e9 hacer con los \u201cj\u00f3venes irresponsables\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p>Jos\u00e9 Natanson<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/que-hacer-con-los-jovenes-irresponsables\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La curva de contagios por coronavirus crece y las miradas apuntan a los j\u00f3venes, considerados \u201cirresponsables\u201d por los medios de comunicaci\u00f3n. Sin embargo, la transgresi\u00f3n de los j\u00f3venes es resultado de una gesti\u00f3n adulto-c\u00e9ntrica de la pandemia, que no tuvo en cuenta sus necesidades espec\u00edficas. Luego de media docena de banderazos, el acto del 17 de octubre, el velorio de Maradona y las marchas a favor y en contra del aborto, responsabilizar a los j\u00f3venes por el rebrote parece exagerado.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde su emergencia como un sujeto social aut\u00f3nomo en la segunda posguerra, la juventud ocupa un lugar protag\u00f3nico en la vida p\u00fablica de las sociedades occidentales. Aunque las \u00e1reas en las que los j\u00f3venes se destacan naturalmente son unas pocas (Eric Hobsbawm mencionaba el deporte, ciertos espect\u00e1culos, la matem\u00e1tica pura y quiz\u00e1s la poes\u00eda), lo cierto es que hoy el hecho de ser \u2013o parecer\u2013 joven es considerado un valor en s\u00ed mismo, asociado a las cualidades de la creatividad, el empuje y la osad\u00eda, y origen de una gigantesca industria con ramificaciones en la moda, las cirug\u00edas pl\u00e1sticas y las cremas revitalizantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo, a pesar de esta hegemon\u00eda cultural juvenilista, la edad sigue siendo un signo de bienestar socioecon\u00f3mico. En Argentina, por ejemplo, solo el 11,3 por ciento de los mayores de 65 a\u00f1os son pobres, contra un impresionante 52,3 por ciento de los menores de 14 a\u00f1os y el 42,5 de los j\u00f3venes de entre 14 y 29 (30,5 por ciento de los adultos de entre 30 y 64 a\u00f1os). A m\u00e1s edad, m\u00e1s ingreso. Y m\u00e1s capital patrimonial: 86,2% de los adultos mayores vive en un hogar propio, contra 63,9% de los adultos j\u00f3venes. M\u00e1s cualitativamente, los mayores de 60 a\u00f1os quiz\u00e1s constituyan la \u00faltima generaci\u00f3n de la Argentina de la movilidad ascendente, la \u00faltima que vive mejor que sus padres y que probablemente vivir\u00e1 mejor que sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto se refleja en su influencia social: aunque es dif\u00edcil medir el poder, alcanza con revisar las fotos de las reuniones de empresarios, sindicalistas y pol\u00edticos para confirmar la idea de que, adem\u00e1s del sesgo de g\u00e9nero, clase y color de piel, hay tambi\u00e9n un claro sesgo etario: en Argentina, como en la mayor parte del mundo, las decisiones las toman los adultos mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que irrumpi\u00f3 la pandemia sabemos que, como en el&nbsp;<em>Diario de la guerra del cerdo<\/em>, la letalidad del virus se concentra en los viejos. Sin embargo, apenas nos hemos cuestionado acerca de c\u00f3mo esto influy\u00f3 en el modo en el que las sociedades gestionaron la crisis desatada por el Covid-19. Y en este sentido, mi impresi\u00f3n es que la combinaci\u00f3n entre la inequidad del reparto del poder en la sociedad, por un lado, y el sesgo etario del virus, por otro (la distribuci\u00f3n desigual del ingreso y la distribuci\u00f3n desigual de la muerte) model\u00f3 una respuesta adulto-c\u00e9ntrica a la pandemia que, aunque contribuy\u00f3 a proteger al grupo social m\u00e1s expuesto, descuid\u00f3 la situaci\u00f3n de otros sectores sociales con menos influencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante casi dos meses, los ni\u00f1os tuvieron prohibida cualquier salida a la calle. Mientras que los adultos j\u00f3venes, los adultos mayores (a pesar del riesgo) y los caniches pod\u00edan salir, los ni\u00f1os deb\u00edan permanecer encerrados en las cuatro paredes del departamento, rompiendo los sillones. Los runners recuperaron su libertad antes que los chicos, y en el caso de los hijos de padres separados tuvieron que esperar nada menos que 43 d\u00edas para poder reencontrarse con su pap\u00e1 o mam\u00e1. En la provincia de Buenos Aires las salidas recreativas de los menores siguieron formalmente prohibidas hasta hace poco tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de los adolescentes y los j\u00f3venes es parecido. Como sabe cualquier padre con hijos nadando en ese mar de dudas e inseguridades que es la adolescencia, los a\u00f1os previos a la adultez son los a\u00f1os de la construcci\u00f3n del yo a trav\u00e9s de la experimentaci\u00f3n y la b\u00fasqueda. As\u00ed como los ni\u00f1os necesitan correr, vitamina B, aire libre, los adolescentes necesitan el contacto con sus pares para construir su autonom\u00eda y desarrollar su sexualidad: requieren otros cuerpos para terminar de reconocer el propio (por eso el pogo es el baile principal de la adolescencia). Pero adem\u00e1s del contacto con otros, los j\u00f3venes tambi\u00e9n desean estar solos, sustra\u00eddos de la mirada paterna; necesitan, por ejemplo, guardar secretos, algo imposible si est\u00e1n obligados a pasar las 24 horas del d\u00eda encerrados en sus casas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como los adultos que toman las decisiones tienen muchos problemas, pero en general no est\u00e1n construyendo su yo, han hecho poco en este aspecto. Despachar el problema con una referencia superficial a la facilidad con la que \u201clos chicos de hoy\u201d recurren a la tecnolog\u00eda y la comunicaci\u00f3n virtual es lo mismo que negarlo: la Play no sustituye al amigo, ni el chat a la novia. Durante cuatro meses, un chico de 16 a\u00f1os del \u00c1rea Metropolitana de Buenos Aires solo pudo salir un rato al d\u00eda a un radio de 500 metros de su casa. \u00bfCu\u00e1nto tiempo puede aguantar un adolescente la hiperpresencia paterna? \u00bfEs razonable pedirle a un joven de hormonas locas que pase cuatro meses sin ver a la novia? \u00bfQu\u00e9 efectos dejar\u00e1 el confinamiento en los f\u00f3bicos, los que odian a sus padres, los que no encuentran c\u00f3mo llenar el d\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>El tema recupera actualidad en momentos en que la curva de contagios muestra un crecimiento preocupante y las miradas vuelven a apuntar a los j\u00f3venes, considerados \u201cirresponsables\u201d en el estribillo repetido en radio y televisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1alemos al respecto algunos puntos. En primer lugar, la cuesti\u00f3n estructural: las actitudes temerarias, el coqueteo con el peligro y el desd\u00e9n al riesgo son, de James Dean al Che Guevara, marcas universales de la juventud, explicables en buena medida por su lejan\u00eda relativa del momento de la muerte. En segundo lugar, la generalizaci\u00f3n: no todos los j\u00f3venes son irresponsables, los hay tambi\u00e9n solidarios, entre ellos, nada menos, los residentes de los hospitales, que constituyen la primera infanter\u00eda en la guerra contra el virus: los m\u00e1s expuestos, como la 4\u00b0 divisi\u00f3n en Normand\u00eda. Y, por \u00faltimo, la responsabilidad de los adultos: despu\u00e9s de media docena de banderazos opositores, el acto del 17 de octubre, el velorio de Maradona y las marchas por el aborto (a favor y en contra), limitar el problema a las fiestas clandestinas y los encuentros en la playa parece exagerado. Como el virus no conoce de ideolog\u00edas, pudo transmitirse del mismo modo en los abrazos de festejo entre las militantes de pa\u00f1uelo verde cuando se conoci\u00f3 la sanci\u00f3n de la ley de despenalizaci\u00f3n del aborto, que ahora, en una rave en Pinamar.<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia plantea desaf\u00edos imposibles a los gobernantes, obligados a decidir a ciegas, con poca evidencia emp\u00edrica, escasos ejemplos de \u201cbuenas pr\u00e1cticas\u201d y sometidos a consejos contradictorios. Conviene, por lo tanto, ser cuidadosos. Sin embargo, la experiencia argentina reciente demuestra que anunciar medidas que se van deshilachando genera a la larga m\u00e1s problemas que beneficios, como sucedi\u00f3 con la cuarentena estricta, que la sociedad ya hab\u00eda quebrado en los hechos cuando el gobierno formaliz\u00f3 su final. En el caso de los j\u00f3venes sucede lo mismo: no se trata de autorizar el Lollapalooza o un concierto del Indio, sino de tener en cuenta sus necesidades espec\u00edficas, distintas a las de los ni\u00f1os, los adultos y los viejos, a la hora de decidir nuevas restricciones. Para que funcione, la regulaci\u00f3n debe guiar a la sociedad realmente existente en lugar de imaginar una nueva. Y debe considerar con frialdad los dispositivos institucionales con los que planea hacerla cumplir: en un pa\u00eds en donde las fuerzas policiales tienen la costumbre de asesinar j\u00f3venes desarmados, sobre todo si son pobres, cualquier apelaci\u00f3n a la represi\u00f3n directa, como la que formul\u00f3 Alberto cuando mencion\u00f3 la posibilidad de \u201cdispersar\u201d concentraciones de gente, debe ser manejada con extrema delicadeza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Natanson Fuente: Rebeli\u00f3n La curva de contagios por coronavirus crece y las miradas apuntan a los j\u00f3venes, considerados \u201cirresponsables\u201d por los medios de comunicaci\u00f3n. Sin embargo, la transgresi\u00f3n de los j\u00f3venes es resultado de una gesti\u00f3n adulto-c\u00e9ntrica de la pandemia, que no tuvo en cuenta sus necesidades espec\u00edficas. 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