{"id":3801,"date":"2021-01-29T23:16:00","date_gmt":"2021-01-29T23:16:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3801"},"modified":"2021-02-14T17:53:48","modified_gmt":"2021-02-14T17:53:48","slug":"la-recuperacion-imperial-fallida-de-eeuu","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=3801","title":{"rendered":"La recuperaci\u00f3n imperial fallida de EEUU"},"content":{"rendered":"\n<p>Claudio Katz<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/kaosenlared.net\/la-recuperacion-imperial-fallida-de-eeuu\/\">Kaos en la Red<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>[<em>Este es el primero de tres art\u00edculos del autor sobre el \u201cImperialismo del siglo XXI\u201d. El pr\u00f3ximo responder\u00e1 a la pregunta de si el estado de ese imperialismo puede analizarse como \u201cOcaso, supremac\u00eda o transnacionalizaci\u00f3n\u201d. Y el tercero analizar\u00e1 la \u201cIndefinici\u00f3n imperial contempor\u00e1nea\u201d. Todo ello es, sin duda, una cuesti\u00f3n de gran actualidad.<\/em>]<\/p>\n\n\n\n<p>El intento estadounidense de recuperar dominio mundial es la principal caracter\u00edstica del imperialismo del siglo XXI. Washington pretende retomar esa primac\u00eda frente a las adversidades generadas por la globalizaci\u00f3n y la multipolaridad. Confronta con el surgimiento de un gran rival y con la insubordinaci\u00f3n de sus viejos aliados.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera potencia ha perdido autoridad y capacidad de intervenci\u00f3n. Busca contrarrestar la diseminaci\u00f3n del poder mundial y la sistem\u00e1tica erosi\u00f3n de su liderazgo. En las \u00faltimas d\u00e9cadas ensay\u00f3 varios cursos infructuosos para revertir su declive y contin\u00faa tanteando esa resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas sus acciones se cimientan en el uso de la fuerza. Estados Unidos perdi\u00f3 el control de la pol\u00edtica internacional que exhib\u00eda en el pasado, pero mantiene un gran poder de fuego. Expande un destructivo arsenal para forzar su propia recomposici\u00f3n. Esa conducta confirma la aterradora din\u00e1mica del imperialismo como mecanismo de dominaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera mitad del siglo XX las grandes potencias disputaban el liderazgo mundial por medio de la guerra. En el per\u00edodo subsiguiente, Estados Unidos ejerci\u00f3 esa conducci\u00f3n con intervenciones armadas en la periferia para confrontar con la amenaza socialista. En la actualidad el capitalismo occidental afronta una crisis muy severa con su timonel averiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Washington pretende reconquistar supremac\u00eda en tres \u00e1reas que definen el dominio imperial: el manejo de los recursos naturales, el sometimiento de los pueblos y la neutralizaci\u00f3n de los rivales. Todos sus operativos apuntan a capturar riquezas, sofocar rebeliones y disuadir competidores.<\/p>\n\n\n\n<p>El control de las materias primas es indispensable para sostener la primac\u00eda militar y garantizar los abastecimientos que impactan sobre el curso de la econom\u00eda. La contenci\u00f3n de las sublevaciones populares es esencial para estabilizar el orden capitalista que el Pent\u00e1gono asegur\u00f3 durante d\u00e9cadas. Estados Unidos intenta mantener la fuerza que tradicionalmente utiliz\u00f3 para intervenir en Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica, Medio Oriente y el Sur de Asia. Necesita tambi\u00e9n lidiar con el desafiante chino para doblegar a otros rivales. En esas batallas se dirime el \u00e9xito o naufragio de la resurrecci\u00f3n imperial estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La centralidad b\u00e9lica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El imperialismo es sin\u00f3nimo de poder militar. Todas las potencias han dominado mediante esa carta sabiendo que el capitalismo no podr\u00eda subsistir sin ej\u00e9rcitos. Es cierto que el sistema recurre tambi\u00e9n a la manipulaci\u00f3n, el enga\u00f1o y la desinformaci\u00f3n, pero no sustituye la amenaza coercitiva por la simple preeminencia ideol\u00f3gica. Combina la violencia con el consentimiento y hace valer un poder impl\u00edcito (<em>soft power<\/em>) que se asienta en el poder expl\u00edcito (<em>hard power<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene recordar estos fundamentos, frente a las teor\u00edas que reemplazan el imperialismo por la hegemon\u00eda como concepto ordenador de la geopol\u00edtica contempor\u00e1nea. Ciertamente los poderosos han reforzado su pr\u00e9dica a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n. Desenvuelven un sistem\u00e1tico trabajo de desinformaci\u00f3n y ocultamiento de la realidad. Tambi\u00e9n perfeccionaron el uso de las instituciones pol\u00edticas y judiciales del estado para asegurar sus privilegios. Pero en el orden internacional la supremac\u00eda de las grandes potencias se dirime por medio de amenazas militares.<\/p>\n\n\n\n<p>El sistema global opera con un resguardo b\u00e9lico comandado por Estados Unidos. Desde 1945 la primera potencia emprendi\u00f3 211 intervenciones en 67 pa\u00edses. Mantiene actualmente 250.000 soldados estacionados en 700 bases distribuidas en 150 naciones (Chac\u00f3n, 2019). Esa mega-estructura ha guiado la pol\u00edtica norteamericana desde el lanzamiento de las bombas at\u00f3micas en Nagasaki e Hiroshima y la conformaci\u00f3n de la OTAN como brazo auxiliar del Pent\u00e1gono.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres principales incursiones de la guerra fr\u00eda (Corea en 1950-1953, Vietnam en 1955-1975 y Afganist\u00e1n en 1978-1989) demostraron el mort\u00edfero alcance de ese poder. Washington ha edificado un tejido internacional de instalaciones militares sin precedentes en la historia (Mancillas, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>El control de las materias primas ha sido determinante de muchas operaciones b\u00e9licas. Las masacres que padece Medio Oriente para dirimir qui\u00e9n maneja el petr\u00f3leo ilustran esa centralidad. Esa disputa deton\u00f3 la sangr\u00eda de Irak y Libia e influy\u00f3 en las incursiones de Afganist\u00e1n y Siria. Las reservas es crudo son tambi\u00e9n el bot\u00edn ambicionado por los generales que organizan el acoso de Ir\u00e1n y el cerco de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Econom\u00eda armamentista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00edtica exterior estadounidense est\u00e1 condicionada por la red de contratistas que se enriquecen con la guerra. Lucran con la fabricaci\u00f3n de explosivos que deben probarse en alg\u00fan rinc\u00f3n del planeta. El aparato industrial-militar necesita esas confrontaciones. Se nutre de un gasto que no aumenta s\u00f3lo en per\u00edodos de intenso belicismo, sino tambi\u00e9n en las fases de distensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Gran parte del cambio tecnol\u00f3gico se procesa en la \u00f3rbita militar. La inform\u00e1tica, la aeron\u00e1utica y la actividad espacial son los epicentros de esa experimentaci\u00f3n. Los grandes proveedores del Pent\u00e1gono aprovechan el resguardo del presupuesto estatal, para fabricar artefactos veinte veces m\u00e1s costosos que sus equivalentes civiles. Operan con cuantiosas sumas, en un sector autonomizado de las restricciones competitivas del mercado (Katz, 2003).<\/p>\n\n\n\n<p>Ese modelo armamentista se desenvuelve al comp\u00e1s de las exportaciones. Las 48 grandes firmas del complejo industrial-militar manejan el 64% de la fabricaci\u00f3n b\u00e9lica mundial. Entre el 2015 y el 2019 el volumen de sus ventas ascendi\u00f3 un 5,5% en comparaci\u00f3n al quinquenio anterior y un 20% en relaci\u00f3n al per\u00edodo 2005-2009.<\/p>\n\n\n\n<p>El gasto militar global alcanz\u00f3 en 2017 su mayor nivel desde el final de la guerra fr\u00eda (1,74 billones de d\u00f3lares), con Estados Unidos a la cabeza de todas las transacciones (Ferrari, 2020). La primera potencia concentra la mitad de los desembolsos y patrocina a las cinco primeras empresas de esa actividad.<\/p>\n\n\n\n<p>El protagonismo tecnol\u00f3gico norteamericano depende de esa primac\u00eda internacional en el sector b\u00e9lico. El desarrollo del capitalismo digital de la \u00faltima d\u00e9cada ha transitado por fabricaciones militares previas y es congruente con el uso de armas dentro del pa\u00eds. Estados Unidos es el principal mercado de las 12.000 millones de balas que se fabrican anualmente. La Asociaci\u00f3n Nacional del Rifle brinda sost\u00e9n material y cultural a la continuada centralidad del Pent\u00e1gono.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esa gravitaci\u00f3n de la econom\u00eda armamentista tambi\u00e9n genera muchas adversidades al sistema productivo. Exige un volumen de financiamiento que el pa\u00eds no puede proveer con recursos propios. El bache es cubierto con un d\u00e9ficit fiscal y un endeudamiento externo que amenazan el se\u00f1oreaje del d\u00f3lar.<\/p>\n\n\n\n<p>Estados Unidos sostuvo su andamiaje militar desde la posguerra con el gran tributo que impuso a sus socios. Esa carga es actualmente resistida por los aliados europeos y ha desencadenado una crisis de financiamiento de la OTAN. Desaparecida la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, el Viejo Continente objeta la utilidad de un dispositivo que Washington utiliza para sus propios intereses.<\/p>\n\n\n\n<p>La econom\u00eda militar estadounidense se asienta en un modelo de altos costos y baja competitividad. El gendarme del capitalismo pudo forzar durante mucho tiempo la subordinaci\u00f3n de sus desarmados rivales. Pero ya no cuenta con el mismo margen para administrar sus gravosas innovaciones en el \u00e1rea militar. Otros pa\u00edses desenvuelven los mismos cambios tecnol\u00f3gicos con operaciones m\u00e1s baratas y eficientes en la esfera civil.<\/p>\n\n\n\n<p>El gasto b\u00e9lico influye en forma muy contradictoria sobre el ciclo de la econom\u00eda norteamericana. Apuntala el nivel de actividad cuando el Estado canaliza impuestos hacia una demanda cautiva. Tambi\u00e9n absorbe capitales excedentes que no encuentran inversiones rentables en otras ramas. Pero en las coyunturas adversas, incrementa el d\u00e9ficit fiscal y captura porciones del gasto p\u00fabico que podr\u00edan destinarse a numerosas asignaciones productivas. En esos momentos los r\u00e9ditos que generan las erogaciones militares para la tecnolog\u00eda y las exportaciones, no compensan el deterioro (y nefasto direccionamiento) de los recursos p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las guerras de nuevo tipo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La actual intervenci\u00f3n exterior de Estados Unidos recrea los viejos patrones de la acci\u00f3n imperial. La conspiraci\u00f3n persiste como el componente central de esas modalidades. La vieja tradici\u00f3n de la CIA en golpes de Estado contra los gobiernos progresistas ha reaparecido en numerosos pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p>Washington retoma tambi\u00e9n las \u201cguerras de aproximaci\u00f3n\u201d (<em>proxy war<\/em>), en las \u00e1reas priorizadas para hostilizar a las naciones crucificadas por el Departamento de Estado (China, Rusia, Ir\u00e1n, Corea del Norte, Venezuela) (Petras, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el fracaso de Irak marc\u00f3 un giro en las modalidades de intervenci\u00f3n. Esa ocupaci\u00f3n desemboc\u00f3 en un gran fracaso por la resistencia afrontada en el pa\u00eds y por la propia inconsistencia del operativo. Ese fiasco indujo la sustituci\u00f3n de las invasiones tradicionales por una nueva variedad de guerras h\u00edbridas (VVAA, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>En esas incursiones las acciones b\u00e9licas corrientes son reemplazadas por una amalgama de acciones no convencionales, con mayor peso de fuerzas para-estatales y uso creciente del terror. Este tipo de operaciones ha predominado en los Balcanes, Siria, Yemen y Libia (Korybko, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>En esos casos la acci\u00f3n imperial asume una connotaci\u00f3n policial de hostigamiento, que privilegia el sometimiento a la victoria expl\u00edcita sobre los adversarios. Esas intervenciones ampl\u00edan los operativos que la DEA perfeccion\u00f3 en su pulseada con el narcotr\u00e1fico. El control del pa\u00eds acosado se torna m\u00e1s relevante (o factible) que su derrota y la agresi\u00f3n con alta tecnolog\u00eda ocupa un lugar preeminente (\u201cguerras de quinta generaci\u00f3n\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>En incontables casos el componente terrorista de esas acciones ha desbordado el curso dise\u00f1ado por la Casa Blanca, generando una secuencia aut\u00f3noma de acciones destructivas. Ese descontrol se verific\u00f3 con los talibanes, inicialmente adiestrados en Afganist\u00e1n para acosar a un gobierno pro-sovi\u00e9tico. Lo mismo ocurri\u00f3 con los yihadistas, entrenados en Arabia Saudita para erosionar a los gobiernos laicos del mundo \u00e1rabe.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de guerras hibridas Estados Unidos intenta controlar a sus rivales, sin consumar intervenciones b\u00e9licas en regla. Combina el cerco econ\u00f3mico y la provocaci\u00f3n terrorista, con la promoci\u00f3n de conflictos \u00e9tnicos, religiosos o nacionales en los pa\u00edses diabolizados. Tambi\u00e9n propicia la canalizaci\u00f3n derechista del descontento a trav\u00e9s de los l\u00edderes autoritarios que han usufructuado de las \u201crevoluciones de colores\u201d. Esos operativos han permitido incorporar a varios pa\u00edses del Este Europeo al cerco de la OTAN contra Rusia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las guerras h\u00edbridas incluyen campa\u00f1as medi\u00e1ticas m\u00e1s penetrantes que la vieja bater\u00eda de posguerra contra el comunismo. Con nuevos enemigos (terrorismo, islamistas, narcotr\u00e1fico), amenazas (Estados fallidos) y peligros (expansionismo chino), Washington despliega sus campa\u00f1as, mediante una extendida red de fundaciones y ONG. Tambi\u00e9n utiliza la guerra de la informaci\u00f3n en las redes sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Las agresiones imperiales incluyen una novedosa variedad de recursos. Basta observar lo sucedido en Sudam\u00e9rica con la operaci\u00f3n implementada por varios jueces y medios de comunicaciones contra los l\u00edderes progresistas (<em>lawfare<\/em>), para mensurar el alcance de esas conspiraciones. Pero esos atropellos suscitan in\u00e9ditas conmociones en incontables planos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Escenarios ca\u00f3ticos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Durante la primera mitad del siglo XX imperaron las conflagraciones a escala industrial, con masas de uniformados exterminados por la maquinaria b\u00e9lica. En esas guerras totales con muertes an\u00f3nimas se impuso el indiscriminado entierro de los \u201csoldados desconocidos\u201d (Traverso, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas ha prevalecido otra modalidad de acciones con decreciente compromiso de tropas en los campos de batalla. Estados Unidos perfeccion\u00f3 ese curso, mediante los bombardeos a\u00e9reos que destruyen aldeas sin la presencia directa de los&nbsp;<em>marines<\/em>. Ese tipo de intervenci\u00f3n se afianz\u00f3 con la generalizaci\u00f3n de drones y sat\u00e9lites.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esas modalidades el imperialismo del siglo XXI destruye o balcaniza a los pa\u00edses que obstaculizan el resurgimiento de la dominaci\u00f3n norteamericana. El aumento del n\u00famero de miembros en las Naciones Unidas es un indicador de esa remodelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La poblaci\u00f3n desarmada ha sido la principal afectada por incursiones que disolvieron la vieja distinci\u00f3n entre combatientes y civiles. Solamente el 5% de las v\u00edctimas de la Primera Guerra Mundial eran ciudadanos no alistados. Esta cifra se elev\u00f3 al 66% en la Segunda Guerra y promedia el 80-90% en los conflictos actuales (Hobsbawm, 2007: cap 1).<\/p>\n\n\n\n<p>Las operaciones que sostiene el Pent\u00e1gono han barrido definitivamente con todas las normas de las Convenciones de La Haya (1899 y 1907), que distingu\u00edan a los uniformados de los civiles. La misma disoluci\u00f3n se verifica en los conflictos externos e internos de numerosos estados. La frontera entre la paz y la guerra se ha diluido, potenciando el indescriptible sufrimiento de los refugiados. El organismo que computa el n\u00famero de esos desamparados registr\u00f3 en 2019 un total de 79,5 millones de personas desplazadas de sus hogares (Unhcr-Acnur, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa monumental cifra de traslados forzosos ilustra el grado de violencia imperante. Aunque los conflictos no alcancen la generalizada escala del pasado, sus consecuencias sobre los civiles son proporcionalmente mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>La agresi\u00f3n imperial quebranta en forma sistem\u00e1tica las fronteras entre los pa\u00edses. Impone una remodelaci\u00f3n geogr\u00e1fica que contrasta con las r\u00edgidas barreras lim\u00edtrofes de la guerra fr\u00eda. Esas l\u00edneas definan estrictos campos de confrontaci\u00f3n y conten\u00edan a las poblaciones en sus localidades de origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estallidos b\u00e9licos actuales potencian los efectos de la creciente presi\u00f3n emigratoria hacia los centros del hemisferio norte. La huida de la guerra confluye con la masiva escapatoria de la devastaci\u00f3n econ\u00f3mica que padecen varios pa\u00edses de la periferia.<\/p>\n\n\n\n<p>El imperialismo estadounidense es el principal causante de las tragedias b\u00e9licas contempor\u00e1neas. Provee armas, auspicia tensiones raciales, religiosas o \u00e9tnicas y promueve pr\u00e1cticas terroristas que destruyen a los pa\u00edses afectados (Armanian, 2017).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ocurrido el mundo \u00e1rabe ilustra esa secuencia. Bajo las \u00f3rdenes de sucesivos presidentes, Estados Unidos implement\u00f3 la demolici\u00f3n de Afganist\u00e1n (Reagan-Carter), Irak (Bush) y Siria (Obama). Esas masacres implicaron 220.000 muertos en el primer pa\u00eds, 650.000 en el segundo y 250.000 en el tercero. La disgregaci\u00f3n social y el resentimiento pol\u00edtico generado por esas matanzas desencadenaron, a su vez, atentados suicidas en los pa\u00edses centrales. El terror desemboc\u00f3 en enceguecidas respuestas de m\u00e1s terror.<\/p>\n\n\n\n<p>Las atrocidades imperiales han socavado los propios objetivos de esas incursiones. Para desplazar a Gadafi el imperialismo pulveriz\u00f3 la integridad territorial de Libia y deshizo el sistema de tapones construido en el Norte de \u00c1frica para contener la emigraci\u00f3n hacia Europa. El pa\u00eds se convirti\u00f3 en un centro de explotaci\u00f3n de migrantes, gestionado por las mafias que Occidente financi\u00f3 para apoderarse de Libia. Frente a semejante desmadre, los viejos colonialistas ya no dise\u00f1an nuevas fronteras formales. S\u00f3lo improvisan mecanismos de contenci\u00f3n de los refugiados (Buxton; Akkerman, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>El Pent\u00e1gono ha desplegado, adem\u00e1s, unas 50 bases ocultas en \u00c1frica, mientras las compa\u00f1\u00edas petroleras occidentales controlan a los tiros sus yacimientos de Nigeria, Sudan y N\u00edger (Armanian, 2018). Ese apetito por los recursos naturales es el trasfondo de las tragedias en el continente negro. La acci\u00f3n imperial ha incentivado los enfrentamientos \u00e9tnicos ancestrales para incrementar su manejo de esos recursos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La fractura interna<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El principal obst\u00e1culo que afronta la recomposici\u00f3n imperial estadounidense es la ruptura de la cohesi\u00f3n interna del pa\u00eds. Ese cimiento sostuvo durante d\u00e9cadas la intervenci\u00f3n de la primera potencia en el resto del mundo. Pero el gigante del Norte ha registrado un cambio radical como consecuencia del retroceso econ\u00f3mico, la grieta pol\u00edtica, las tensiones raciales y la nueva conformaci\u00f3n \u00e9tnico-poblacional. La uniformidad cultural que nutr\u00eda el \u201csue\u00f1o americano\u201d se ha diluido y Estados Unidos afronta una fractura sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Las divisiones han erosionado el sustento de la injerencia norteamericana en el exterior. Las operaciones militares no cuentan con el aval del pasado y han quedado afectadas por el fin de la conscripci\u00f3n. Washington ya no embarca en sus incursiones a un ej\u00e9rcito de reclutas, ni justifica esas acciones con mensajes de ciega fidelidad a la bandera. Para consumar operativos quir\u00fargicos opta por un armamento m\u00e1s acotado y de mayor precisi\u00f3n. Prioriza el impacto medi\u00e1tico y la contenci\u00f3n de bajas en sus propias filas.<\/p>\n\n\n\n<p>La privatizaci\u00f3n de la guerra sintetiza esas tendencias. Se ha generalizado el uso de mercenarios y contratistas que negocian el precio de cada masacre. Esta modalidad de belicismo sin compromiso de la poblaci\u00f3n, explica la p\u00e9rdida de inter\u00e9s general por las acciones imperiales. Las guerras sin reclutas exigen mayores gastos, pero aten\u00faan las resistencias internas. Impiden incluso percibir los fracasos en territorios lejanos (Irak, Afganist\u00e1n) como adversidades propias.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la contrapartida de ese divorcio es la creciente dificultad imperial para incursionar en proyectos m\u00e1s ambiciosos. Resulta muy dif\u00edcil recuperar el liderazgo mundial, sin la adhesi\u00f3n de segmentos significativos de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El imperialismo de posguerra se asentaba en una autoridad oficial que se ha disipado. El fin del alistamiento masivo introdujo un nuevo derecho democr\u00e1tico, que parad\u00f3jicamente deteriora la capacidad del Estado norteamericano para recuperar su deca\u00eddo poder imperial (Hobsbawm, 2007: cap 5).<\/p>\n\n\n\n<p>La privatizaci\u00f3n de la guerra acent\u00faa, a su vez, los traum\u00e1ticos efectos del divorcio entre los gendarmes y la poblaci\u00f3n. El trauma de los retornados de Irak o Afganist\u00e1n ilustra ese efecto. El uso de mercenarios tambi\u00e9n expande la militarizaci\u00f3n interna y la incontrolable explosi\u00f3n de violencia que suscita la libre portaci\u00f3n de armas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta secuencia de corrosiones asume un alcance mayor con la canalizaci\u00f3n derechista del descontento social. Esa captaci\u00f3n pol\u00edtica despunt\u00f3 con el TEA Party y se afianz\u00f3 con el Trumpismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La xenofobia, el chauvinismo y el supremacismo blanco se han extendido con discursos racistas que culpabilizan a las minor\u00edas, los migrantes y los extranjeros del declive estadounidense. Pero esa furia nacionalista s\u00f3lo ahonda la fractura interna, sin recrear la base social extendida que utilizaba el imperialismo estadounidense para incursionar en el exterior.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los fallidos de Trump<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos cuatro a\u00f1os aportaron un categ\u00f3rico retrato del fracasado intento estadounidense de recuperar dominio imperial. Trump privilegi\u00f3 la recomposici\u00f3n de la econom\u00eda y pretendi\u00f3 utilizar la superioridad militar del pa\u00eds para apuntalar el relanzamiento productivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ese soporte encar\u00f3 dur\u00edsimas negociaciones externas, a fin de extender al plano comercial las ventajas monetarias que mantiene el d\u00f3lar. Propici\u00f3 acuerdos bilaterales y cuestion\u00f3 el libre-comercio para aprovechar la primac\u00eda financiera de Wall Street y la Reserva Federal.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump intent\u00f3 preservar la supremac\u00eda tecnol\u00f3gica mediante crecientes exigencias de cobro de la propiedad intelectual. Con ese control de la financiarizaci\u00f3n y del capitalismo digital esperaba forjar un nuevo equilibrio entre los sectores globalistas y americanistas de la clase dominante. Apost\u00f3 a combinar la protecci\u00f3n local con los negocios mundiales.<\/p>\n\n\n\n<p>El multimillonario prioriz\u00f3 la contenci\u00f3n de China. Encar\u00f3 una brutal pulseada para reducir el d\u00e9ficit comercial, a fin de repetir el sometimiento que impuso Reagan a Jap\u00f3n en los a\u00f1os 80. Busc\u00f3 adem\u00e1s afianzar las ventajas sobre Europa, aprovechando la existencia de un aparato estatal unificado, frente a competidores transatl\u00e1nticos que no logran extender su unificaci\u00f3n monetaria al plano fiscal y bancario. Bajo la apariencia de un improvisado desorden, el ocupante de la Casa Blanca concibi\u00f3 un ambicioso plan de recuperaci\u00f3n estadounidense (Katz, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero su estrategia depend\u00eda del aval de los aliados (Australia, Arabia Saudita, Israel), la subordinaci\u00f3n de los socios (Europa, Jap\u00f3n) y la complacencia de un adversario (Rusia) para forzar la capitulaci\u00f3n de otro (China). El magnate no consigui\u00f3 esos alineamientos y el relanzamiento norteamericano fall\u00f3 desde el principio.<\/p>\n\n\n\n<p>La confrontaci\u00f3n con China fue su principal fracaso. Las amenazas no amedrentaron al drag\u00f3n asi\u00e1tico, que acept\u00f3 mayores compras y menores exportaciones, sin convalidar la apertura financiera y el freno de las inversiones tecnol\u00f3gicas. China no acomod\u00f3 su pol\u00edtica monetaria a los reclamos de un deudor, que ha colocado el grueso de sus t\u00edtulos en los bancos asi\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco los socios de Estados Unidos resignaron los negocios con el gran cliente asi\u00e1tico. Europa no se sum\u00f3 a la confrontaci\u00f3n con China e Inglaterra continu\u00f3 jugando su propia partida en el mundo. El gigante oriental increment\u00f3 para colmo su intercambio comercial con todos los pa\u00edses del hemisferio americano (Merino, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Trump s\u00f3lo logr\u00f3 inducir un alivio de coyuntura, sin revertir ning\u00fan desequilibrio significativo de la econom\u00eda. Esa carencia de resultados sali\u00f3 a flote en la crisis que precipit\u00f3 la pandemia y en su propia eyecci\u00f3n de la Casa Blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mismas adversidades se verificaron en la \u00f3rbita geopol\u00edtica. El magnate intent\u00f3 neutralizar la pesada herencia de fracasos militares. Propici\u00f3 un manejo cauto de las aventuras b\u00e9licas frente al fiasco de Irak, el pozo de Somalia y los despistes de Siria.<\/p>\n\n\n\n<p>Para desandar las infructuosas campa\u00f1as de Bush forz\u00f3 retiradas de tropas en los escenarios m\u00e1s expuestos. Transfiri\u00f3 operaciones a sus socios sauditas e israel\u00edes y redujo el protagonismo previo. Sostuvo la anexi\u00f3n de Cisjordania y las masacres de los yemenitas, pero no comprometi\u00f3 al Pent\u00e1gono con otra intervenci\u00f3n. Prescindi\u00f3 de los&nbsp;<em>marines<\/em>&nbsp;de la crisis libia, sustrajo efectivos de Siria y abandon\u00f3 a los aliados kurdos. En esa zona aval\u00f3 la gravitaci\u00f3n de Turqu\u00eda y consinti\u00f3 la preeminencia de Rusia.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump volvi\u00f3 a experimentar la misma impotencia de sus antecesores en el control de la proliferaci\u00f3n nuclear. Esa incapacidad para restringir la tenencia de bombas at\u00f3micas a un selecto club de potencias ilustra las limitaciones norteamericanas. Estados Unidos no puede dictar el rumbo del planeta, si una peque\u00f1a franja de pa\u00edses comparte el poder de chantaje que otorgan las cargas nucleares.<\/p>\n\n\n\n<p>Las fracasadas tratativas con Corea del Norte confirmaron esas flaquezas de Washington. Kim perfeccion\u00f3 la estructura de misiles y rechaz\u00f3 la oferta de desarme a cambio de provisiones de energ\u00eda o alimentos. Sabe que \u00fanicamente el poder\u00edo nuclear impide la repetici\u00f3n en su pa\u00eds de lo ocurrido en Irak, Libia o Yugoslavia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese resguardo at\u00f3mico es la carta contra un imperio que impuso la divisi\u00f3n de la&nbsp; pen\u00ednsula coreana y rechaza cualquier tratativa de reunificaci\u00f3n. Estados Unidos veta constantemente los avances en la propuesta ruso-china de frenar la militarizaci\u00f3n de ambos lados (Gand\u00e1segui, 2017). Pero al cabo de varias amenazas Trump archiv\u00f3 su pose de fanfarr\u00f3n y acept\u00f3 la simple continuidad de las conversaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Una barrera muy semejante encontr\u00f3 en Ir\u00e1n. Tambi\u00e9n ah\u00ed la prioridad imperialista ha sido el freno del desarrollo nuclear para garantizar el monopolio at\u00f3mico regional de Israel. Trump rompi\u00f3 el acuerdo de desarme suscrito por Obama y viabilizado a trav\u00e9s de una verificaci\u00f3n internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>El magnate redobl\u00f3 las provocaciones con embargos y atentados. El asesinato del general Soleimani fue el punto culminante de esa agresi\u00f3n. Implic\u00f3 un descarado acto de terrorismo hacia el jefe del ej\u00e9rcito de un pa\u00eds, que no perpetr\u00f3 ninguna agresi\u00f3n contra Estados Unidos. Pero ese tipo de cr\u00edmenes -seguido por la eliminaci\u00f3n de varios cient\u00edficos de alto rango- no ha logrado detener la paulatina incorporaci\u00f3n de Ir\u00e1n al club de los pa\u00edses protegidos con la coraza at\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa misma diseminaci\u00f3n del poder nuclear impide a Washington imponer su arbitraje en otros conflictos regionales. Las tensiones entre Pakist\u00e1n e India oponen, por ejemplo, a dos ej\u00e9rcitos con ese tipo de armamento y consiguiente capacidad para autonomizarse del tutelaje imperial<\/p>\n\n\n\n<p>Trump fall\u00f3 tambi\u00e9n en sus agresiones contra Venezuela. Propici\u00f3 todos los complots imaginables para recuperar el control de la principal reserva petrolera del hemisferio y no pudo doblegar al chavismo. Sus amenazas chocaron con la imposibilidad de repetir las viejas intervenciones militares en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La nueva estrategia de rearme<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Trump no se limit\u00f3 a retacear la presencia militar en el exterior con la expectativa de relanzar la econom\u00eda. Increment\u00f3 en forma dr\u00e1stica el presupuesto militar para descartar cualquier sugerencia de efectivo repliegue imperial. Esas erogaciones saltaron de 580.000 millones de d\u00f3lares (2016) a 713.000 millones (2020). Garantiz\u00f3 ganancias r\u00e9cord a los fabricantes de misiles y ensay\u00f3 una mega-bomba de in\u00e9dito alcance en Afganist\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>El magnate relanz\u00f3 la guerra de las galaxias y rompi\u00f3 los tratados de desarme nuclear. Tambi\u00e9n aval\u00f3 al giro hacia la \u201cCompetencia entre los Principales Poderes\u201d (GPC), en reemplazo de la \u201cGuerra Global contra el Terrorismo\u201d (GWOT). Ese cambio tiende a sustituir la identificaci\u00f3n, rastreo y destrucci\u00f3n de fuerzas adversas en remotas \u00e1reas de Asia, \u00c1frica o Medio Oriente por un rearme preparatorio de conflictos m\u00e1s convencionales. Con ese viraje propici\u00f3 cerrar el cap\u00edtulo-Bush de incursiones en \u00e1reas alejadas, para retomar la confrontaci\u00f3n tradicional con los enemigos del Pent\u00e1gono (Klare 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Con esa \u00f3ptica el magnate complement\u00f3 las presiones comerciales sobre China con un gran despliegue de la flota del Pac\u00edfico. Exigi\u00f3 la desmilitarizaci\u00f3n de los arrecifes del Mar del Sur para quebrantar el escudo defensivo de su rival. Reforz\u00f3 dr\u00e1sticamente el desplazamiento de tropas iniciado por Obama desde Medio Oriente hacia el continente asi\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>La presi\u00f3n sobre China escal\u00f3 con la ampliaci\u00f3n de la marina y la adquisici\u00f3n de un asombroso n\u00famero de buques y submarinos. La fuerza a\u00e9rea fue modernizada en sinton\u00eda con todas las innovaciones de la inteligencia artificial y el adiestramiento en ciberguerras.<\/p>\n\n\n\n<p>Para hostilizar a China, Trump reforz\u00f3 el bloque forjado con India, Jap\u00f3n, Australia y Corea del Sur (Quad). Ese alineamiento militar presupone que los eventuales choques con Beijing se librar\u00e1n en el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico e \u00cdndico. Un connotado asesor del Departamento de Estado localiza en esa regi\u00f3n el desenlace de la confrontaci\u00f3n sino-estadounidense (Mearsheimer, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>La estrategia frente a Rusia fue m\u00e1s cautelosa y amoldada al intento inicial de atraer a Putin a un acuerdo contra Xi Jin Ping. Del fracaso de ese operativo emergieron las iniciativas de reequipamiento de los ej\u00e9rcitos terrestres en el continente europeo. La Casa Blanca continu\u00f3 su trabajo de cooptaci\u00f3n militar de los pa\u00edses fronterizos con Rusia y extendi\u00f3 la red de misiles de la OTAN desde las Rep\u00fablicas B\u00e1lticas y Polonia hasta Rumania.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esa nueva estrategia el despliegue de armas nucleares retom\u00f3 su vieja centralidad. Trump aprob\u00f3 el desarrollo de municiones at\u00f3micas basadas en ojivas de alcance acotado y misiles bal\u00edsticos de lanzamiento mar\u00edtimo. Las primeras series de estas bombas ya fueron fabricadas y entregadas al alto mando.<\/p>\n\n\n\n<p>Para desenvolver esos fulminantes artefactos Trump rompi\u00f3 los tratados de racionalizaci\u00f3n nuclear concertados en 1987. Puso fin al mecanismo de compatibilizar con Rusia la destrucci\u00f3n del armamento obsoleto. Apadrin\u00f3, adem\u00e1s, la primera prueba de un misil de mediano alcance desde el final de la guerra fr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva estrategia b\u00e9lica explica la brutal exigencia de mayor financiaci\u00f3n europea de la OTAN. Con actitudes de mat\u00f3n, el magnate record\u00f3 que Occidente debe solventar los auxilios prestados por Estados Unidos. Esa demanda gener\u00f3 la mayor tensi\u00f3n transatl\u00e1ntica desde la posguerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump busc\u00f3 arrastrar a sus aliados a conflictos con China y Rusia, que socavan los negocios del Viejo Continente. En esa regi\u00f3n existe una seria resistencia a la militarizaci\u00f3n que propicia Estados Unidos. Pero el capitalismo europeo no ha podido emanciparse de la tutela b\u00e9lica norteamericana y por eso acompa\u00f1\u00f3 las incursiones de Irak y Ucrania. Rechaza la demanda de mayor gasto en la OTAN, pero sin romper la subordinaci\u00f3n a Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>El alterimperialismo europeo concibe su propio sistema de defensa en estrecha conexi\u00f3n con el Pent\u00e1gono y por esa raz\u00f3n no logra consumar la unificaci\u00f3n de su propio ej\u00e9rcito. Existe un divorcio entre la supremac\u00eda militar de Francia y el poder econ\u00f3mico de Alemania que impide materializar esa iniciativa (Serfati, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Trump no pudo someter a Europa, pero sus interlocutores de Bruselas, Par\u00eds y Berl\u00edn continuaron careciendo de una br\u00fajula propia. Esa indefinici\u00f3n acrecent\u00f3 la capacidad exhibida por Rusia para contener la recomposici\u00f3n imperial estadounidense.&nbsp; Putin reforz\u00f3 el dique defensivo que estableci\u00f3 con Xi Jinping y sali\u00f3 airoso de las pulseadas geopol\u00edticas en Siria, Crimea y Nagorno-Karabaj. Es muy visible el abismo imperante entre estos resultados y la disgregaci\u00f3n que prevalec\u00eda en la era de Yeltsin.<\/p>\n\n\n\n<p>Como China no disputa con la misma frontalidad geopol\u00edtica sus logros son menos visibles, pero exhibe resultados econ\u00f3micos impresionantes en su puja con Estados Unidos. El mandato de millonario retrat\u00f3 la incapacidad norteamericana para recuperar primac\u00eda imperial.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El asalto al Capitolio<\/strong><ins><\/ins><\/p>\n\n\n\n<p>Trump se despidi\u00f3 con una aventura que retrata la magnitud de la crisis pol\u00edtica estadounidense. La invasi\u00f3n al Congreso no fue un acto improvisado. Los grupos ultraderechistas difundieron previamente el plan, financiaron viajes, reservaron hoteles y transportaron armas. Al interior del recinto siguieron las rutas de acceso a los despachos se\u00f1aladas por los diputados c\u00f3mplices.<\/p>\n\n\n\n<p>La polic\u00eda cre\u00f3 una zona liberada y asegur\u00f3 durante horas la presencia de los asaltantes. Si un grupo de afroamericanos hubiera intentado una acci\u00f3n semejante habr\u00eda sido acribillado al instante. Las manifestaciones pac\u00edficas en ese mismo lugar concluyeron en los \u00faltimos a\u00f1os con centenares de heridos y detenidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump particip\u00f3 directamente en la asonada. Instig\u00f3 a los manifestantes, mantuvo comunicaciones con sus l\u00edderes y les prometi\u00f3 apoy\u00f3. El objetivo de la acci\u00f3n era presionar a los congresistas republicanos que cuestionaban la impugnaci\u00f3n de la elecci\u00f3n. Ese apriete inclu\u00eda amenazas para forzarlos a seguir la instrucci\u00f3n presidencial. Con la provocaci\u00f3n en el Capitolio el magnate intent\u00f3 sostener su absurda denuncia de fraude. Consigui\u00f3 mantener la lealtad de un centenar de legisladores y demorar el desalojo, pero al final abandon\u00f3 la partida y conden\u00f3 a los ocupantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La incursi\u00f3n fue tan surrealista como los espec\u00edmenes que la perpetraron. El grupo de alucinados que se retrat\u00f3 en los sillones del Congreso parec\u00eda extra\u00eddo de una tira fant\u00e1stica de la televisi\u00f3n. Pero el bizarro acto que consumaron no borra la huella fascista del operativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los delirantes que intervinieron en la toma integran alg\u00fan grupo de las milicias supremacistas. Act\u00faan en sectas fan\u00e1ticas (QAnon Shaman) o se referencian en la congresista que gan\u00f3 su mandato con el s\u00edmbolo de la ametralladora (Marjorie Taylor Greene). Los gendarmes que abrieron las puertas del Congreso participan en esas formaciones ultra-derechistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los grupos paramilitares cuentan con 50.000 miembros bien pertrechados. Se especializan en atacar manifestaciones juveniles o democr\u00e1ticas y hace pocos meses realizaron un ensayo del asalto frente a la legislatura de Michigan. Una cuarta parte de esas milicias est\u00e1 integrada por soldados o polic\u00edas y esa afiliaci\u00f3n qued\u00f3 confirmada en la lista de detenidos por el ataque al Capitolio.<\/p>\n\n\n\n<p>La elevada presencia militar en los pelotones fascistas forz\u00f3 dos pronunciamientos del alto mando, rechazando el involucramiento de las fuerzas armadas en las aventuras del trumpismo. Diez ex secretarios de Defensa firmaron esa advertencia y el FBI organiz\u00f3 la ceremonia de nombramiento de Biden con un in\u00e9dito operativo para desmantelar eventuales atentados. Al cabo de muchos a\u00f1os de libre circulaci\u00f3n y pr\u00e9dica, los grupos fascistas se han transformado en la principal amenaza terrorista. Los supremacistas (y no lo herederos de Bin Laden) son se\u00f1alados como el gran peligro en ciernes. A diferencia de lo ocurrido con las Torres Gemelas esta vez el enemigo es interno.<\/p>\n\n\n\n<p>Esos grupos se sostienen en una base social racista que actualiz\u00f3 los emblemas neo-confederados. Retoman las peri\u00f3dicas oleadas de reacci\u00f3n contra las conquistas democr\u00e1ticas. En el pasado ajusticiaban a esclavos liberados o atentaban contra los derechos civiles. Ahora rechazan la integraci\u00f3n racial, el multiculturalismo y la acci\u00f3n afirmativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los afroamericanos persisten como el principal blanco de un resentimiento que se extiende a los inmigrantes. Por esa raz\u00f3n la impugnaci\u00f3n del resultado electoral anti-Trump fue tan intensa en los estados con votantes negros y latinos. Los extremistas evang\u00e9licos a\u00f1aden su cruzada contra el aborto y el feminismo a la campa\u00f1a ultra-conservadora.<\/p>\n\n\n\n<p>El asalto al Capitolio no fue la ant\u00edtesis de la realidad estadounidense que imagina Biden. Expresa el agonizante estado del sistema pol\u00edtico y complementa todas las anomal\u00edas que salieron a flote durante los comicios. La irrupci\u00f3n de fascistas armados en el Congreso no es ajena al sistema electoral antidemocr\u00e1tico que digita la plutocracia gobernante.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tentativas de golpe eran el \u00fanico ingrediente que faltaba en ese infame dispositivo. Las hordas de Trump llenaron ese vac\u00edo, sepultando todas las burlas hacia los reg\u00edmenes pol\u00edticos de Am\u00e9rica Latina. Esta vez el t\u00edpico episodio de una Republicana Bananera se localiz\u00f3 en Washington. Los bandoleros no asaltaron el Parlamento de Honduras, Bolivia o El Salvador. El operativo que exporta el Departamento de Estado y organiza la embajada yanqui fue implementado en casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las consecuencias pol\u00edticas de ese episodio son inconmensurables. Afectan directamente la capacidad de intervenci\u00f3n imperial. La OEA tendr\u00e1 que reinventar sus guiones para condenar \u201clas violaciones a las instituciones democr\u00e1ticas\u201d, en los pa\u00edses que simplemente imiten lo ocurrido en Washington. Tambi\u00e9n deber\u00e1 explicar por qu\u00e9 raz\u00f3n la c\u00fapula de los Republicanos y Dem\u00f3cratas toleraron esa incursi\u00f3n, sin ninguna represalia contundente contra sus responsables.<\/p>\n\n\n\n<p>Los efectos m\u00e1s perdurables a\u00fan son nebulosos, pero las comparaciones que se establecieron con la captura de Roma por los b\u00e1rbaros o con las marchas de Mussolini ilustran la gravedad de lo ocurrido. Varios historiadores estiman que el pa\u00eds afronta el mayor enfrentamiento interno desde la guerra civil del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo inmediato se perfilan dos escenarios contrapuestos de declive o resurgimiento de Trump. Los exponentes de la primera previsi\u00f3n destacan que la aventura golpista acentu\u00f3 un deterioro ya soportado por el magnate, como consecuencia de la pandemia y la derrota electoral (PSL, 2021; Na\u00edm, 2021). Zaf\u00f3 de la destituci\u00f3n (25\u00aa Enmienda), pero no de un&nbsp;<em>impechment&nbsp;<\/em>que podr\u00eda inhabilitarlo a futuro. Se despidi\u00f3 con la deserci\u00f3n de funcionarios, rechazos de congresistas republicanos y un vergonzoso auto-indulto de sus c\u00f3mplices. La ceremonia militarizada del traspaso disuadi\u00f3 las marchas previstas de apoyo a su gesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump fue abandonado por sectores de las finanzas y la industria que solventaron su campa\u00f1a y el poder tecnol\u00f3gico lo repudi\u00f3 cortando sus cuentas en Twitter y Facebook. El establishment teme los incontrolables efectos de las jugadas del ex presidente. Si la decadencia de Trump se corrobora, el asalto al Capitolio ser\u00e1 recordado como el \u201cTejerazo\u201d de Espa\u00f1a en 1981 (intento final y fallido del franquismo para conservar el poder).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero una biblioteca opuesta de analistas estima que lo ocurrido no modificar\u00e1 la s\u00f3lida inserci\u00f3n pol\u00edtica del trumpismo (Vandepitte, 2021; Farber, 2021; Post, 2020). El millonario cuenta con una base social que reuni\u00f3 al 47 % de los votantes y someti\u00f3 al partido republicano a su liderazgo. Muchos legisladores han repetido su f\u00e1bula del fraude electoral, con el alocado agregado que fue perpetrado por un fantasmal grupo izquierdista (<em>Antifas<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta visi\u00f3n postula que el trumpismo se ha consolidado dentro de la estructura estatal (gendarmes, jueces, funcionarios) y podr\u00eda construir una tercera formaci\u00f3n para desafiar el bipartidismo, si no logra domesticar el hervidero republicano. La inhabilitaci\u00f3n de Trump ser\u00eda contrarrestada por el protagonismo de sus hijos o alg\u00fan otro sucesor. Y la animadversi\u00f3n de los financistas ser\u00eda compensada con otros contribuyentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las dos opciones de ca\u00edda o persistencia del trumpismo no dependen s\u00f3lo del comportamiento de las elites y los realineamientos de los Republicanos. A\u00fan est\u00e1 pendiente la reacci\u00f3n en el polo opuesto de j\u00f3venes, precarizados, afroamericanos, feministas y latinos, que antes del per\u00edodo electoral ocuparon las calles con enormes manifestaciones. Si esas voces retoman su presencia -con la demanda de democratizar el sistema electoral- el futuro del magnate se dirimir\u00e1 en otro escenario.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Continuidades e interrogantes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La salida de Trump reducir\u00e1 el tono de la ret\u00f3rica imperial, pero no la intensidad de las agresiones estadounidenses. Con mayor uso de la diplomacia y la hipocres\u00eda, Biden comparte las pol\u00edticas de Estado de su antecesor.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos partidos del establishment se han alternado en el manejo de las estructuras que sostienen la preeminencia militar de la primera potencia. Las evidencias de este belicismo compartido son incontables. Los Dem\u00f3cratas no s\u00f3lo iniciaron las grandes guerras de Corea y Vietnam. Tanto Clinton como Obama autorizaron m\u00e1s incursiones externas que Trump y en el 2002 el propio Biden apoy\u00f3 la invasi\u00f3n a Irak, supervis\u00f3 la intervenci\u00f3n en Libia y aval\u00f3 el golpe en Honduras (Luzzani, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>El dispositivo imperial norteamericano se asienta en un sistema pol\u00edtico antidemocr\u00e1tico, que garantiza el peri\u00f3dico reparto de los cargos p\u00fablicos entre las dos formaciones tradicionales. En la \u00faltima elecci\u00f3n fue particularmente visible c\u00f3mo operan esos mecanismos de manipulaci\u00f3n. En Estados Unidos no funciona el principio elemental de una persona-un voto. Tampoco existe un padr\u00f3n federal o una autoridad electoral \u00fanica. Hay que inscribirse y el ganador de cada estado se queda con todos los electores.<\/p>\n\n\n\n<p>La plutocracia que maneja ese sistema asegura su continuidad con los descomunales gastos de campa\u00f1a que proveen las grandes empresas (10.800 millones de d\u00f3lares en el 2020). Los 50 estadounidenses m\u00e1s ricos -que poseen una riqueza equivalente a la mitad de los habitantes del pa\u00eds- tienen garantizado su control del r\u00e9gimen. Con ese basamento se definen las estrategias imperiales que utiliza la primera potencia para dictar lecciones de democracia al resto del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Biden se apresta a retomar la pol\u00edtica externa tradicional manchada por los exabruptos de su antecesor. Intentar\u00e1 en esa esfera el mismo retorno a la \u201cnormalidad\u201d que promete en el \u00e1mbito interior. Los medios de comunicaci\u00f3n acompa\u00f1an ese maquillaje.<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo morador de la Casa Blanca apuntala el neoliberalismo con algunas pinceladas de progresismo en la agenda de las minor\u00edas, el feminismo y el cambio clim\u00e1tico. Esa misma mixtura instrumentar\u00e1 en la arena exterior, rodeando los lineamientos b\u00e1sicos del imperio con mayores ornamentos de ret\u00f3rica amigable. Esa l\u00ednea ha sido sugerida por los tradicionales asesores del Departamento de Estado (Nye, 2020). Biden implementar\u00e1 esa combinaci\u00f3n aprovechando su larga experiencia de medio siglo en los intersticios de Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya coloc\u00f3 el mismo equipo de funcionarios de Obama en los puestos claves de la pol\u00edtica exterior. Pero no podr\u00e1 repetir simplemente el globalismo multilateral de esa gesti\u00f3n. Con los Tratados de Libre-comercio Transpac\u00edficos (TTP) y Transatl\u00e1nticos (TTIO), Obama propiciaba una red de alianzas asi\u00e1ticas para rodear a China y un tejido de acuerdos con Europa para aislar a Rusia. Ninguno de esos convenios pudo concretarse, antes de su brutal entierro por el bilateralismo mercantilista de Trump. Es muy improbable que Biden pueda retomar el curso precedente, como pilar econ\u00f3mico de su estrategia imperial.<\/p>\n\n\n\n<p>Para comandar los mega-tratados comerciales con Europa y Asia se requiere una econom\u00eda de alta eficiencia que Estados Unidos ya no maneja. No alcanza con el d\u00f3lar, la alta tecnolog\u00eda y el Pent\u00e1gono. Ni siquiera en el propio hemisferio americano la primera potencia logr\u00f3 consumar una estrategia librecambista. S\u00f3lo consolid\u00f3 el T-MEC con M\u00e9xico, sin reinstalar ninguna variante del ALCA en el resto de la regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, la crisis de la globalizaci\u00f3n persiste y la pr\u00e9dica de Trump para confrontar con los adversarios comerciales ha calado en el electorado. Existe una fuerte corriente de opini\u00f3n hostil al globalismo tradicional de las elites costeras. A ese malestar se a\u00f1ade el Gran Confinamiento generado por la pandemia y la in\u00e9dita paralizaci\u00f3n del transporte y el comercio internacional. La confluencia de obst\u00e1culos para retomar el multilateralismo es muy significativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Biden deber\u00e1 concebir un nuevo pilar para su programa externo con otro equilibrio entre americanistas y globalistas. De la misma forma que Trump se distanci\u00f3 del intervencionismo de Bush, Biden deber\u00e1 ensayar alg\u00fan coctel m\u00e1s alejado del formato Dem\u00f3crata tradicional.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus primeros pasos apuntar\u00e1n a recomponer relaciones tradicionales con los aliados de la OTAN. Intentar\u00e1 cicatrizar las heridas dejadas por su antecesor, retomando proyectos para lidiar con el cambio clim\u00e1tico (Acuerdo de Paris). Buscar\u00e1 \u201cdescarbonizar\u201d el sector el\u00e9ctrico con incentivos a las energ\u00edas renovables e impulsos al auto el\u00e9ctrico. Pero esas iniciativas no resuelven el gran dilema de la estrategia frente a China.<\/p>\n\n\n\n<p>En este terreno sobran los indicios de continuidad. Biden intensificar\u00e1 la presi\u00f3n para gestar una OTAN del Pac\u00edfico-\u00cdndico (Dohert, 2020). Australia ya decidi\u00f3 participar en ejercicios navales con Jap\u00f3n y transformarse en el gran portaviones regional del Pent\u00e1gono. A su vez, Taiw\u00e1n ha sido provisto de un novedoso armamento a\u00e9reo y la India brinda se\u00f1ales de aprobaci\u00f3n al acoso en el Mar de China (Donnet, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo presidente tratar\u00e1 de incorporar a Europa a esta campa\u00f1a. Se apresta a suturar las heridas dejadas por Trump, aprovechando el novedoso clima de adversidad con China que despunta entre las elites del Viejo Continente. La Uni\u00f3n Europea design\u00f3 al gigante oriental como un \u201ccompetidor estrat\u00e9gico\u201d y los gobiernos de Alemania, Francia e Inglaterra negocian el veto a Huawei en sus redes 5G. Macron acaba nombrar incluso un representante galo en el cuarteto belicista que form\u00f3 el Pent\u00e1gono en Asia (Quad).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nadie sabe a\u00fan c\u00f3mo se financiar\u00e1 la OTAN y la lista de temas en conflicto con Viejo Continente es muy extendida. Incluye la postura estadounidense frente al&nbsp;<em>Brexit<\/em>&nbsp;y una definici\u00f3n frente al proyecto trumpista de tratado de libre comercio anglo-americano. Tambi\u00e9n sigue pendiente la postura del Departamento de Estado frente al gasoducto que conectar\u00e1 a Alemania con Rusia.<\/p>\n\n\n\n<p>Biden adscribe al fanatismo pro-israel\u00ed de su antecesor, pero Europa propicia un contrapeso m\u00e1s equilibrado con el mundo \u00e1rabe. Deber\u00e1 resolver si mantiene la presi\u00f3n b\u00e9lica sobre Ir\u00e1n, o si por el contrario restablece el tratado nuclear que propician las empresas de Alemania y Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas definiciones incidir\u00e1n en la estrategia b\u00e9lica de Biden. Tendr\u00e1 que optar entre el retaceo de tropas que caracteriz\u00f3 a Trump o el intervencionismo que propiciaban Obama-Clinton. Apuntalar las guerras hibridas o el rearme para grandes conflagraciones involucra otra definici\u00f3n de peso. Pero en cualquiera de esas variantes, se dispone a insistir en el proyecto imperial de recuperaci\u00f3n estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Atascos en la ideolog\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es probable que Biden retome el estandarte de los derechos humanos como justificaci\u00f3n de la pol\u00edtica imperial. Esa cobertura ha sido tradicionalmente utilizada para enmascarar los operativos de intervenci\u00f3n. Trump abandon\u00f3 esos mensajes y simplemente opt\u00f3 por disparatadas afirmaciones sin ninguna pretensi\u00f3n de credibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La presi\u00f3n sobre China que concibe Biden seguramente incluir\u00e1 alguna alusi\u00f3n a la falta de democracia. En ese caso difundir\u00e1 condenas de los mismos atropellos que se realizan en los pa\u00edses asociados con la primera potencia. Lo que se silencia de Arabia Saudita, Colombia o Israel ocupar\u00eda la primera plana de cuestionamientos a Beijing.<\/p>\n\n\n\n<p>Biden reemplazar\u00eda las burdas acusaciones de competencia desleal o fabricaci\u00f3n del coronavirus por cr\u00edticas a la ausencia de libertad de expresi\u00f3n y reuni\u00f3n. Quiz\u00e1s se\u00f1ale tambi\u00e9n la responsabilidad china en el deterioro del medio ambiente, para atraer al subordinado c\u00f3mplice europeo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no ser\u00e1 sencillo colocar a China en la lista de pa\u00edses afectados por una tiran\u00eda. El imperialismo de los derechos humanos ha sido habitualmente instrumentado para tutelar peque\u00f1as (o medianas) naciones. En esos casos se realza la inoperancia de un \u201cEstado fallido\u201d y la consiguiente necesidad del socorro humanitario. Con esa cobertura se arremeti\u00f3 en Somalia, Hait\u00ed, Serbia, Irak, Afganist\u00e1n o Libia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los invasores nunca explican la selectividad de ese padrinazgo. Excluyen a incontables pa\u00edses sujetos a las mismas anomal\u00edas. Adem\u00e1s descalifican a la poblaci\u00f3n \u201crescatada\u201d present\u00e1ndola como una multitud incapaz de gestionar su propio destino.<\/p>\n\n\n\n<p>La contenci\u00f3n de masacres derivadas de enfrentamientos \u00e9tnicos, religiosos o tribales ha sido otro pretexto de la intervenci\u00f3n. Se lo utiliz\u00f3 en \u00c1frica y en los Balcanes, alegando la necesidad de contener matanzas entre poblaciones enemistadas. Tambi\u00e9n en esos casos se ha supuesto que s\u00f3lo una fuerza armada for\u00e1nea puede pacificar a los pueblos enfrentados.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ese padrinazgo imperial contrasta con la frecuente incapacidad para arbitrar los propios conflictos internos. Nadie sugiere una mediaci\u00f3n externa para resolver esas tensiones. La esencia del imperialismo justamente radica en el auto-asignado derecho a intervenir en otro pa\u00eds, para administrar los problemas que en casa se gestionan sin ninguna injerencia for\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo ocurre con el enjuiciamiento de los culpables. Los acusados de los pa\u00edses perif\u00e9ricos quedan sujetos a normas del derecho internacional, que no se aplican a sus pares del Primer Mundo. Milosevic puede enfrentar un tribunal, pero Kissinger est\u00e1 invariablemente exento de ese infortunio.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esa conducta Estados Unidos actualiza el acervo de hipocres\u00eda heredada de Gran Breta\u00f1a. En el siglo XIX la flota inglesa hostigaba el tr\u00e1fico internacional de esclavos con argumentos libertarios, que encubr\u00edan su prop\u00f3sito de controlar la totalidad del transporte mar\u00edtimo. Washington recurre a un estandarte parecido y olvida los monumentales desastres que generan las potencias auto-concebidas como salvadoras de la humanidad. Esas intervenciones suelen empeorar los escenarios que promet\u00edan enmendar.<\/p>\n\n\n\n<p>Si Biden intenta retomar ese vetusto gui\u00f3n liberal incrementar\u00e1 la p\u00e9rdida de credibilidad que afecta actualmente a Estados Unidos. El discurso oficial de los derechos humanos est\u00e1 desgastado. Fue la gran bandera de la Segunda Guerra y perdi\u00f3 consistencia durante el macartismo. Reapareci\u00f3 con la implosi\u00f3n de la URSS, pero volvi\u00f3 a quedar descascarada con las tropel\u00edas de Bush y las complicidades de Obama.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo ocurre con el estandarte de la democracia, que en la variante imperial estadounidense siempre combin\u00f3 el universalismo con la excepcionalidad. Con el primer pilar se justific\u00f3 el rol misionero providencial de la primera potencia y con el segundo el peri\u00f3dico repliegue aislacionista.<\/p>\n\n\n\n<p>La mitolog\u00eda que cultiva Washington mixtura un llamado al protagonismo planetario (\u201cel mundo est\u00e1 destinado a seguirnos\u201d) con mensajes de protecci\u00f3n del propio territorio (\u201cno involucrar al pa\u00eds en causas ajenas\u201d). De esa mixtura emergi\u00f3 la autoimagen de Estados Unidos como una fuerza militar activa, pero sujeta a operaciones solicitadas, remuneradas o mendigadas por el resto del mundo (Anderson, 2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Las facetas intervencionistas y aislacionistas siempre tuvieron basamentos divergentes en las mistificaciones de las elites de las costas y los prejuicios del interior norteamericano. Ambas corrientes se complementaron, fusionaron y volvieron a fracturarse. Ese contrapunto fue actualizado por los globalistas contra los americanistas y ahora por Biden contra Trump.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las dos vertientes se sostienen en la misma obsesi\u00f3n inmemorial por la seguridad, en un pa\u00eds curiosamente privilegiado por la protecci\u00f3n geogr\u00e1fica. El temor a la agresi\u00f3n externa alcanz\u00f3 picos de paranoia durante la tensi\u00f3n con la URSS y resurgi\u00f3 con oleadas de p\u00e1nico irracional durante la reciente \u201cguerra contra el terrorismo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La ideolog\u00eda imperial estadounidense afronta las mismas dificultades que la concepci\u00f3n americanista del mundo. Ambas enaltecen los valores del capitalismo, ponderan el individualismo, idealizan la competencia, glorifican el beneficio, mistifican el riesgo, alaban el enriquecimiento y justifican la desigualdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos fundamentos consolidaron la hegemon\u00eda estadounidense de posguerra y lograron cierta sobrevida adicional bajo el neoliberalismo. Pero ya no se sostienen en la primac\u00eda econ\u00f3mica de Norteam\u00e9rica y han quedado transformados por su reconversi\u00f3n en ideales de otras clases capitalistas del mundo. Los mitos estadounidenses no tienen la preeminencia del pasado (Boron, 2019).<\/p>\n\n\n\n<p>En la segunda mitad del siglo XX el imperialismo estadounidense complement\u00f3 la coerci\u00f3n, con una ideolog\u00eda que conquist\u00f3 preeminencia en el lenguaje y la cultura. Esa influencia persiste pero con modalidades m\u00e1s autonomizadas de la matriz estadounidense y los intentos de recomposici\u00f3n imperial deben lidiar con ese dato. La crisis de largo plazo -que analizaremos en nuestro pr\u00f3ximo texto- determina irresolubles tensiones en m\u00faltiples planos.<\/p>\n\n\n\n<p>Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p\u00e1gina web es:\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/www.lahaine.org\/katz\" target=\"_blank\">www.lahaine.org\/katz<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>-Anderson, Perry (2016). Entrevista, sobre geopol\u00edtica imperial y resistencias, 16-04,&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.pvp.org.uy\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">http:\/\/www.pvp.org.uy<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>-Armanian, Nazan\u00edn (2017). EE.UU. y el 11-S, un inepto yihadismo y un fallido gaseoducto, 2 sept https:\/\/blogs.publico.es\/puntoyseguido\/4174\/ 12 sept<\/p>\n\n\n\n<p>-Armanian, Nazan\u00edn (2018). El barco Aquarius y cinco muestras de la militarizaci\u00f3n, http:\/\/www.redeco.com.ar\/internacional\/europa\/24272.<\/p>\n\n\n\n<p>-Boron, Atilio (2019). La irreversible (pero laboriosa) construcci\u00f3n de un orden multipolar 23 sept.&nbsp;<a href=\"https:\/\/kaosenlared.net\/la-irreversible-pero-laboriosa-construccion-de-un-orden-multipolar\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/kaosenlared.net\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>-Buxton, Nick; Akkerman, Mark (2018). \u00c1frica. El ascenso del imperialismo de las fronteras, 22-11. https:\/\/www.resumenlatinoamericano.org<\/p>\n\n\n\n<p>-Chac\u00f3n, Rodrigo (2019). \u00bfImperios por doquier? Usos y abusos del concepto de imperio.&nbsp;<em>Foreign Affairs Latinoamerica,<\/em>&nbsp;vol 19, n 4.<\/p>\n\n\n\n<p>-Dohert, Alex (2020) La guerra fr\u00eda con China no desaparecer\u00e1 si Joe Biden, 13-oct https:\/\/www.resumenlatinoamericano.org<\/p>\n\n\n\n<p>-Donnet, Pierre Antoine (2020). 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