{"id":7466,"date":"2022-09-16T11:16:03","date_gmt":"2022-09-16T11:16:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=7466"},"modified":"2022-09-16T11:16:05","modified_gmt":"2022-09-16T11:16:05","slug":"que-lula-es-el-que-vuelve","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=7466","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 Lula es el que vuelve?"},"content":{"rendered":"\n<p>Jos\u00e9 Natanson<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/que-lula-es-el-que-vuelve\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El modelo lulista es un modelo de conciliaci\u00f3n de intereses, un sistema complejo que procedi\u00f3, a lo largo de sus doce a\u00f1os en el poder, mediante una b\u00fasqueda permanente de balances y articulaciones. M\u00e1s que resolver las contradicciones, el lulismo procuraba moderarlas, dando como resultado un equilibrio siempre inestable: reducir la pobreza sin confrontar con el capital, conservar el apoyo del Movimiento sin Tierra empujando el agronegocio, mantener el voto de los sectores conservadores del nordeste avanzando en reformas progresistas.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de pacto con el capital no integraba el programa original del PT, surgido en los 80 como parte del movimiento de resistencia a la dictadura con propuestas mucho m\u00e1s radicales. Tal como lo conocemos hoy, el lulismo es resultado de la progresiva moderaci\u00f3n ideol\u00f3gica operada en Lula durante los 90, cuando las sucesivas derrotas contra Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso (en dos oportunidades) lo convencieron de que la ortodoxia econ\u00f3mica no era incompatible con la popularidad electoral. Y es consecuencia del cambio en la base de apoyos de Lula experimentado durante su primer mandato, cuando el esc\u00e1ndalo del&nbsp;<em>mensal\u00e3o<\/em>&nbsp;produjo el alejamiento de amplios sectores de clase media, intelectuales y trabajadores sindicalizados del centro y del sur del pa\u00eds, reemplazados por el voto de las zonas m\u00e1s empobrecidas de las periferias urbanas y sobre todo del nordeste, que hasta entonces se inclinaban por las propuestas neofeudales y que, gracias al impulso de inclusi\u00f3n de las pol\u00edticas sociales y el Bolsa Familia, comenzaron a votar a Lula. Como la distribuci\u00f3n oficialismo-oposici\u00f3n se mantuvo parecida, esta mutaci\u00f3n del electorado lulista pas\u00f3 desapercibida hasta que el polit\u00f3logo Andr\u00e9 Singer la detect\u00f3 y analiz\u00f3 en un libro que har\u00eda historia [1]. Al desplazarse de la clase media a los excluidos y del sur al norte, el lulismo protagonizaba un hito: por primera vez en la historia brasilera, los m\u00e1s pobres entre los pobres votaban por un candidato de izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Exitoso durante su larga d\u00e9cada en el poder, el modelo lulista de regulaci\u00f3n del conflicto fue posible por tres circunstancias. La primera es la cultura pol\u00edtica brasilera, que tiende a procesar los grandes cambios hist\u00f3ricos \u2013la independencia, la abolici\u00f3n de la esclavitud, la proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica, el fin de la dictadura\u2013 mediante reformas graduales, por v\u00eda de la acumulaci\u00f3n y la negociaci\u00f3n m\u00e1s que de la ruptura. La segunda son las condiciones excepcionales del boom de los&nbsp;<em>commodities<\/em>, que permitieron avanzar en una redistribuci\u00f3n del ingreso sin afectar los m\u00e1rgenes de rentabilidad de la banca y las empresas. La tercera es el liderazgo \u00fanico de Lula.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los l\u00edmites del modelo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El ciclo lulista \u2013los dos gobiernos de Lula y el primero de Dilma- combinaron estabilidad pol\u00edtica, crecimiento econ\u00f3mico (moderado si se lo compara con otros gobiernos del ciclo progresista, pero sostenido) y formidables avances de inclusi\u00f3n social, tanto material como simb\u00f3lica. El dato m\u00e1s importante es conocido: 35 millones de personas superaron la pobreza para ingresar a la nueva clase media durante los gobiernos del PT. Otros avances son menos publicitados pero igual de relevantes: las cuotas raciales y \u00e9tnicas para democratizar el acceso al elitista sistema universitario brasilero, el plan Brasil Sonriente (dentaduras gratis para un pa\u00eds que, al momento de asumir Lula el poder, ten\u00eda 30 millones de desdentados) y la plebeyizaci\u00f3n, muy al estilo del primer peronismo, de \u00e1mbitos hasta entonces reservados a las elites blancas: dos millones de brasileros, por ejemplo, se subieron por primera vez a un avi\u00f3n durante las gestiones del PT (en su mayor\u00eda pobres que trabajaban en el sur y que hasta el momento viajaban tres d\u00edas en \u00f3mnibus para visitar a sus familias del nordeste durante las fiestas de fin de a\u00f1o) [2].<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la estrategia de conciliaci\u00f3n implicaba tambi\u00e9n ciertos l\u00edmites. La pol\u00edtica de alianza con las grandes empresas le impidi\u00f3 a Lula avanzar en una reforma impositiva progresiva que alterara de manera permanente la distribuci\u00f3n del poder; la legislaci\u00f3n laboral, salvo en el caso del empleo dom\u00e9stico, se mantuvo inalterada, y las ganancias del sector financiero batieron todos los r\u00e9cords. Tampoco se avanz\u00f3 en una reforma pol\u00edtica (reci\u00e9n lo intent\u00f3 Dilma, y de hecho fue uno de los motivos de su ca\u00edda). El cambio en la composici\u00f3n del electorado, la inclusi\u00f3n v\u00eda consumo de los nuevos votantes y cierto amodorramiento de la dirigencia petista, c\u00f3moda en la tibieza burocr\u00e1tica de los organismos del Estado, los fondos de pensiones y las empresas p\u00fablicas, atenu\u00f3 el \u00edmpetu reformista y produjo una desmovilizaci\u00f3n de la militancia. Cuando lleg\u00f3 el momento, Dilma fue desplazada del poder mediante un juicio pol\u00edtico te\u00f1ido de irregularidades sin que volara una mosca.<\/p>\n\n\n\n<p>Con sus logros y sus limitaciones, el lulismo no es un punto cero de la historia brasilera sino parte del proceso hist\u00f3rico abierto con el fin del ciclo militar y la inauguraci\u00f3n de la Nova Rep\u00fablica. Una etapa que comienza en 1985 y que tambi\u00e9n es fruto de una tensi\u00f3n irresuelta: el intento de saldar la deuda social de la dictadura, simbolizado en la \u201cConstituci\u00f3n ciudadana\u201d de 1988, y el contexto internacional en el que se inserta, marcado por el auge del neoliberalismo. La soluci\u00f3n institucional a esta ambig\u00fcedad es lo que se conoce como \u201cpresidencialismo de coalici\u00f3n\u201d. Los polit\u00f3logos han dedicado toneladas de&nbsp;<em>papers<\/em>&nbsp;al asunto, que suena muy sofisticado pero no es otra cosa que la necesidad del Presidente, aprendida luego del&nbsp;<em>impeachment<\/em>&nbsp;contra Collor, de asegurarse el respaldo parlamentario mediante la construcci\u00f3n de una alianza m\u00e1s amplia que la que hizo posible su elecci\u00f3n. B\u00e1sicamente, garantizar los votos necesarios para que el Congreso no impida la gobernabilidad y, llegado el caso, no lo destituya. A este m\u00e9todo recurrieron Cardoso, Lula, Temer (\u00e9l mismo producto de este esquema) y Bolsonaro, pero no Dilma, que termin\u00f3 pagando el precio.<\/p>\n\n\n\n<p>El lado B del presidencialismo de coalici\u00f3n es que obliga al gobierno a un ejercicio exasperante de negociaci\u00f3n con una selva de partidos desideologizados y dirigentes venales (el famoso centr\u00e3o) que pugnan por beneficios para sus distritos, sus electorados y ellos mismos en verdaderas subastas de adhesi\u00f3n, con las grandes empresas contratistas de la obra p\u00fablica como el aceite que lubrica la maquinaria. El resultado es un sistema opaco de relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo que pone l\u00edmites a la vocaci\u00f3n reformista de los gobiernos y que lleva impl\u00edcita una din\u00e1mica de corrupci\u00f3n sistem\u00e1tica, que se puede moderar pero no enfrentar.<\/p>\n\n\n\n<p>En su libro&nbsp;<em>Brasil autof\u00e1gico<\/em>&nbsp;[3], los polit\u00f3logos Daniel Feldmann y Fabio Luis Barbosa dos Santos analizan el fin del ciclo lulista y el ascenso de Bolsonaro en el contexto m\u00e1s amplio de la crisis del capitalismo abierta en los 70. Para ello, discuten la tesis que explica el agotamiento de la ola progresista latinoamericana de la siguiente manera: los gobiernos progresistas crearon las condiciones para la emergencia de una nueva clase media, la clase media es individualista y conservadora por definici\u00f3n, los gobiernos progresistas pierden las elecciones. El problema de esta explicaci\u00f3n \u2013sostienen\u2013 es que exime de responsabilidad a los propios gobernantes, como esas personas que cuando les piden que mencionen un defecto propio dicen \u201csoy muy perfeccionista\u201d. La explicaci\u00f3n omite los puntos ciegos, lo que los gobiernos no pudieron resolver y lo que hicieron definitivamente mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Los autores sostienen que, al no alterar las estructuras profundas de distribuci\u00f3n del poder ni modificar la ra\u00edz del modelo de producci\u00f3n, los gobiernos progresistas lograron contener pero no revertir la crisis de onda larga del capitalismo, que finalmente se termin\u00f3 imponiendo. En el caso de Brasil, identifican tres decisiones, fundantes del lulismo, que luego terminar\u00edan precipitando su final: la temprana designaci\u00f3n del neoliberal Henrique Meirelles al frente del Banco Central (no es casualidad que el mismo Meirelles fuera luego ministro de Hacienda de Temer), el pacto espurio con los partidos del&nbsp;<em>centr\u00e3o<\/em>&nbsp;para evitar las consecuencias del&nbsp;<em>mensal\u00e3o<\/em>, y el fortalecimiento del poder de los militares. Decisivas para la supervivencia inicial de Lula, estas decisiones impidieron mejorar la estructura impositiva, transparentar la pol\u00edtica o juzgar a los represores de la dictadura. Y, m\u00e1s relevante aun, fortalecieron lo que los autores llaman \u201cagentes de la aceleraci\u00f3n\u201d, aquellos que luego protagonizar\u00edan el&nbsp;<em>impeachment<\/em>&nbsp;contra Dilma, que no ser\u00eda entonces un giro de 180 grados sino una consecuencia l\u00f3gica, hasta previsible, en una misma l\u00ednea hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque interesante para iluminar los puntos oscuros de una etapa que hoy es recordada con nostalgia, el argumento de que el final del lulismo se explica por su \u201cdebilidad reformista\u201d resulta problem\u00e1tico, al menos si se juzga por los contraejemplos: el de la propia Dilma, que ensay\u00f3 un modelo menos conciliador \u2013y definitivamente menos tolerante con la corrupci\u00f3n\u2013 que el de su padrino pol\u00edtico, y termin\u00f3 desplazada por un&nbsp;<em>impeachment<\/em>. Y el de Hugo Ch\u00e1vez, que s\u00ed intent\u00f3 remover la estructura capitalista mediante un festival de expropiaciones, quiso crear una democracia de base mediante las comunas y promovi\u00f3 una reforma constitucional socialista, todo para terminar arrastrando a Venezuela al caos econ\u00f3mico, el autoritarismo pol\u00edtico y la emigraci\u00f3n masiva. La pregunta quiz\u00e1s sea la siguiente: \u00bfes posible reformar Brasil sin una alianza de clases?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Volver<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En enero de 2019, unos meses antes de la designaci\u00f3n de Alberto Fern\u00e1ndez como candidato y la construcci\u00f3n del Frente de Todos, nos pregunt\u00e1bamos desde la tapa de&nbsp;<em>Le Monde diplomatique<\/em>&nbsp;por el regreso de Cristina. La ex presidenta volvi\u00f3, aunque no de la forma que imagin\u00e1bamos. \u00bfVolver\u00e1 Lula? Por lo pronto, est\u00e1 haciendo todo lo posible: luego de su liberaci\u00f3n, la recuperaci\u00f3n de sus derechos pol\u00edticos y la anulaci\u00f3n de la condena por parte del Supremo Tribunal Federal, el ex presidente se dio a la tarea de articular un frente integrado por diez partidos cuyo s\u00edmbolo principal es la incorporaci\u00f3n del conservador Geraldo Alckmin, rival del mismo Lula en las elecciones de 2006, como candidato a vice. Muy razonable desde el punto de vista electoral, el plan aperturista de Lula implica dejar en segundo plazo la renovaci\u00f3n generacional experimentada por la izquierda brasilera (un proceso del que surgieron figuras juveniles como Manuela d\u2019\u00c1vila y Guilherme Boulos) y someter a la militancia petista al trago amargo de votar a los oponentes del pasado, tal como demuestran dos episodios recientes: un acto liderado por Lula en Pernambuco en el que un candidato local fue abucheado por la militancia, que no olvidaba su voto favorable al&nbsp;<em>impeachment<\/em>&nbsp;[4], y un mitin en Recife, tambi\u00e9n encabezado por Lula, en el que los organizadores recurrieron a aplausos grabados para tapar los silbidos contra los nuevos aliados [5].<\/p>\n\n\n\n<p>La estrategia de Lula es simple: construir una alianza que, m\u00e1s que izquierda contra derecha, confronte democracia contra neofascismo. Como Emmanuel Macron, que reorganiz\u00f3 el sistema pol\u00edtico franc\u00e9s para derrotar a Marine Le Pen, Lula se propone crear una nueva polarizaci\u00f3n que le permita recuperar el modelo de conciliaci\u00f3n de la&nbsp;<em>Nova Rep\u00fablica<\/em>, del que el bolsonarismo ser\u00eda, de acuerdo a ese an\u00e1lisis, un desv\u00edo, casi dir\u00edamos un accidente. Pero, \u00bfes esto posible? La sociedad brasilera no es la misma que la de hace veinte a\u00f1os, cuando Lula lleg\u00f3 al gobierno subido a una ola de esperanza. La politizaci\u00f3n de las iglesias evang\u00e9licas, el poder destructor de las redes sociales, el fortalecimiento de la extrema derecha\u2026 el mundo de hoy es el mundo de los Trump y los Bolsonaro. Con sus mil recursos pol\u00edticos, Lula nada a contracorriente de la \u00e9poca. Probablemente gane las elecciones, pero las dificultades ser\u00e1n gigantescas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[1]&nbsp;<em>Os&nbsp;Sentidos&nbsp;do&nbsp;Lulismo: Reforma Gradual e Pacto Conservador<\/em>, &nbsp;Companhia das Letras, 2012.<br>[2] Jos\u00e9 Natanson,&nbsp;<em>El milagro brasile\u00f1o<\/em>, Debate, 2014.<br>[3] Ediciones Tinta Lim\u00f3n, 2022.<br>[4]&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.dw.com\/pt-br\/o-petismo-n%C3%A3o-ganha-elei%C3%A7%C3%A3o-o-lulismo-aparentemente-sim\/a-62693034\">www.dw.com\/pt-br\/o-petismo-n%C3%A3o-ganha-elei%C3%A7%C3%A3o-o-lulismo-aparentemente-sim\/a-62693034<\/a><br>[5]&nbsp;<a href=\"https:\/\/jc.ne10.uol.com.br\/politica\/2022\/07\/15049374-ato-publico-de-lula-no-recife-teve-palmas-gravadas-e-orquestra-de-frevo-para-abafar-vaias-a-candidatos.html\">https:\/\/jc.ne10.uol.com.br\/politica\/2022\/07\/15049374-ato-publico-de-lula-no-recife-teve-palmas-gravadas-e-orquestra-de-frevo-para-abafar-vaias-a-candidatos.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Natanson Fuente: Rebeli\u00f3n El modelo lulista es un modelo de conciliaci\u00f3n de intereses, un sistema complejo que procedi\u00f3, a lo largo de sus doce a\u00f1os en el poder, mediante una b\u00fasqueda permanente de balances y articulaciones. 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