{"id":7782,"date":"2022-10-27T10:59:00","date_gmt":"2022-10-27T10:59:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=7782"},"modified":"2022-12-25T14:08:10","modified_gmt":"2022-12-25T14:08:10","slug":"recuperando-a-adam-smith-genealogia-de-un-engano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=7782","title":{"rendered":"Recuperando a Adam Smith: genealog\u00eda de un enga\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<p>Hugo de Camps Mora<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/recuperando-a-adam-smith-genealogia-de-un-engano\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura atenta revela que la obra del economista escoc\u00e9s no puede usarse para justificar el discurso neoliberal contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran mayor\u00eda de izquierdistas observan con recelo la figura de Adam Smith, uno de los grandes intelectuales de la ilustraci\u00f3n escocesa. Concretamente, su popular met\u00e1fora sobre la \u201cmano invisible\u201d se relaciona casi autom\u00e1ticamente con la hoja de ruta del neoliberalismo. En gran parte, que se vincule a Smith con la derecha econ\u00f3mica tiene mucho sentido. Desde mediados del siglo XX, se ha usado su obra para legitimar una multitud de programas de mercantilizaci\u00f3n de la sociedad. Un ejemplo relativamente reciente es que, en 2010, estudiantes norteamericanos de diferentes Masters in Business Administration (MBA) formaron The Adam Smith Society, un&nbsp;<em>think-tank<\/em>&nbsp;que enaltece las virtudes de la liberalizaci\u00f3n econ\u00f3mica. El consenso sobre la interpretaci\u00f3n de la obra de Smith, de hecho, es tan grande que hasta muchos de los economistas cr\u00edticos con el neoliberalismo la aceptan. El premio Nobel de Econom\u00eda Joseph Stiglitz, por ejemplo, argument\u00f3 que Smith es el m\u00e1ximo representante de la \u201cfantas\u00eda neoliberal\u201d contra la que hay que combatir. Teniendo en cuenta el uso tan burdo que se hace de la obra de Smith \u2013a saber: \u2018cuanto menos Estado mejor\u2019, al margen del cu\u00e1ndo, el c\u00f3mo y el d\u00f3nde\u2013, cabe preguntarse si se le est\u00e1 haciendo justicia. \u00bfPuede realmente resumirse su obra en tan simple consigna?<\/p>\n\n\n\n<p>De no ser as\u00ed, interpretar la obra de Smith (o mejor dicho reinterpretarla) permitir\u00eda revelar un uso deshonesto y oportunista de la misma. Y aunque comprender\u00eda que el lector de estas l\u00edneas entendiese este ejercicio como una mera diversi\u00f3n intelectual, sin trasfondo pol\u00edtico, no lo es. Analizar la obra de Smith detalladamente contribuye a dejar al adversario sin un mito fundacional que tan com\u00fanmente usa para legitimar sus propuestas. Sin uno de los fundamentos te\u00f3ricos que reviste los procesos de mercantilizaci\u00f3n contempor\u00e1neos con una p\u00e1tina de intelectualidad, es m\u00e1s dif\u00edcil de legitimar el af\u00e1n de lucro que se esconde tras estos. Criticar la interpretaci\u00f3n hegem\u00f3nica de Smith, pues, es parte de la guerra cultural que deben librar las izquierdas, y es lo que me propongo hacer a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Smith nace en Kirkcaldy, Escocia, en 1723. Siendo catedr\u00e1tico de filosof\u00eda moral en Glasgow, en 1759, publica la&nbsp;<em>Teor\u00eda de los Sentimientos Morales<\/em>, que siempre consider\u00f3 su obra m\u00e1s importante. A pesar de sus consideraciones personales, hasta la publicaci\u00f3n de&nbsp;<em>La riqueza de las naciones<\/em>, en 1776, no se convierte en un autor clave en la historia intelectual: el padre de la econom\u00eda moderna. Inicialmente, su legado sigui\u00f3 cauces muy distintos a los que cabr\u00eda presuponer en base a sus m\u00e1s actuales valedores: las ideas de Smith fueron reivindicadas por pensadores radicales y revolucionarios liberales como Nicolas de Condorcet, Thomas Paine o Mary Wollstonecraft, que contribuyeron a asentar las bases ideol\u00f3gicas de la actual izquierda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a su recepci\u00f3n inicial, quienes actualmente se\u00f1alan a Smith como su predecesor intelectual ya no reivindican su igualitarismo radical y su cr\u00edtica a las \u00e9lites econ\u00f3micas. Dejando de lado la complejidad de&nbsp;<em>La<\/em>&nbsp;<em>riqueza de las naciones<\/em>, la met\u00e1fora de la \u201cmano invisible\u201d, que tan s\u00f3lo aparece una vez en ella, suele usarse hoy para definir la totalidad del pensamiento de Smith. La expresi\u00f3n se usa para explicar que, sin necesidad de instituciones de control centralizadas, el mercado es capaz de transformar intereses individuales en bienestar colectivo. Economistas como Le\u00f3n Walras, Milton Friedman y Paul Samuelson han contribuido a reducir la obra del autor escoc\u00e9s a esta met\u00e1fora, y pol\u00edticos como Ronald Reagan, Margaret Thatcher, e incluso laboristas como Gordon Brown, la han usado para justificar sus ideas. Al margen de las particularidades que pueda expresar cada uno de sus defensores m\u00e1s contempor\u00e1neos, su rasgo com\u00fan es que, para ellos, Smith cree que cuanto menor sea el grado de intervenci\u00f3n estatal en los mercados, mayor ser\u00e1 el beneficio social. Bas\u00e1ndose supuestamente en la met\u00e1fora de la \u201cmano invisible\u201d, estos intelectuales y pol\u00edticos nos explican que las as\u00ed llamadas leyes naturales de la oferta y demanda proporcionan la manera m\u00e1s eficiente y justa de fijar los precios y cantidades de una determinada mercanc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los defensores contempor\u00e1neos de Smith olvidan que para analizar sus ideas y entender qu\u00e9 pretend\u00eda con ellas hay que tener en cuenta el contexto social, pol\u00edtico y econ\u00f3mico en el que las escribi\u00f3. Las mismas propuestas pueden tener consecuencias radicalmente diferentes en funci\u00f3n de d\u00f3nde se apliquen. A diferencia de hoy, cuando la gran mayor\u00eda de mercados tienen estructuras cuasimonopol\u00edsticas, en el siglo XVIII las empresas eran peque\u00f1as y estaban especializadas en sectores muy concretos. El principal motivo que explica que el tama\u00f1o de las empresas fuese tan limitado es la aversi\u00f3n generalizada que exist\u00eda en la \u00e9poca a capitalizar compa\u00f1\u00edas a trav\u00e9s de acciones transferibles. De hecho, en 1720 entr\u00f3 en vigor la South Sea Bubble Act, que obligaba a las empresas que quisieran financiarse a trav\u00e9s de acciones a pedir permiso al Parlamento. Esta legislaci\u00f3n influy\u00f3 profundamente en el tipo de financiaci\u00f3n empresarial que existi\u00f3 hasta 1835, a\u00f1o en que se derog\u00f3 la ley. Como la gran mayor\u00eda de empresarios estaban obligados a financiar sus negocios con dinero propio o de conocidos, el tama\u00f1o medio de las empresas era relativamente peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>El mercado brit\u00e1nico que Smith observ\u00f3, pues, no ten\u00eda agentes gigantescos que pudiesen marcar la pauta a partir de su mayor capacidad de influencia. Reivindicar la mercantilizaci\u00f3n de ciertos \u00e1mbitos de la sociedad representaba una forma de democratizaci\u00f3n, puesto que limitaba la capacidad de influencia de ciertos grupos de poder. Los precios y cantidades de una mercanc\u00eda dejar\u00edan de ser el resultado de la intervenci\u00f3n abusiva de empresas vinculadas al poder pol\u00edtico; pasar\u00edan a ser el reflejo de una multitud de preferencias individuales canalizadas a trav\u00e9s del mercado. Sin embargo, dada la capacidad que tienen hoy las grandes corporaciones de influir en los mercados, desregular implica dar v\u00eda libre para que estas impongan sus normas. No es intelectualmente honesto aplicar al pie de la letra las propuestas de Smith a nuestros tiempos. Este reivindicaba la mercantilizaci\u00f3n para reducir la capacidad de los poderosos de imponer sus normas. Precisamente por esto, en el contexto actual, la promoci\u00f3n de leyes que regulan la competencia, como las que limitan la existencia de monopolios, encajar\u00edan mucho m\u00e1s con las intenciones pol\u00edticas del autor escoc\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>No pretendo argumentar que una lectura detallada de la obra de Smith obligue a renunciar al mercado como instituci\u00f3n econ\u00f3mica. Para Smith, sin duda, el mercado es una instituci\u00f3n \u00fatil y din\u00e1mica, que tiene sentido en sociedades complejas. Concretamente, cree que puede generar prosperidad material mediante el fomento de la especializaci\u00f3n, la divisi\u00f3n del trabajo y el buen uso de las econom\u00edas de escala. Lo que s\u00ed pretendo destacar es aquello que olvidan los que hoy se autoproclaman grandes admiradores de Smith. Aunque el autor escoc\u00e9s enfatice las consecuencias positivas de organizar la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de recursos a trav\u00e9s del mercado, tambi\u00e9n tiene muy en cuenta los efectos negativos de este proceso. Smith considera que el mercado&nbsp;<em>no<\/em>&nbsp;puede organizar la totalidad de la vida social y, quiz\u00e1s para la sorpresa de sus defensores contempor\u00e1neos, argumenta que el Estado debe tener un papel clave en las sociedades mercantilizadas. A su entender, hay tres situaciones ante las cuales el Estado deber\u00e1 actuar: primero, el Estado debe proteger a la sociedad de invasiones extranjeras; segundo, el Estado debe garantizar que todos los ciudadanos tengan igual acceso a la justicia; respecto a la tercera, Smith plantea una explicaci\u00f3n algo m\u00e1s compleja.<\/p>\n\n\n\n<p>Smith considera que el Estado tambi\u00e9n debe invertir en aquellos proyectos que benefician al conjunto de la sociedad, pero que no son suficientemente rentables para que el mercado se ocupe de ellos. Para definirlos, subdivide los proyectos en obras p\u00fablicas e instituciones. Con obras p\u00fablicas, se refiere a lo que hoy en d\u00eda se entiende como infraestructuras (carreteras, canales y puentes, por ejemplo); y con instituciones, se refiere, sobre todo, a la educaci\u00f3n. Smith, de hecho, esboza una cr\u00edtica que luego inspirar\u00e1 a Marx a desarrollar su teor\u00eda de la alienaci\u00f3n. La divisi\u00f3n del trabajo que provocan los mercados, se\u00f1ala, vuelve a las personas est\u00fapidas e ignorantes, y las degrada moral e intelectualmente. Para evitar que esto ocurra, Smith considera que el Estado deber\u00eda intervenir en la sociedad para garantizar el acceso a la educaci\u00f3n de sus ciudadanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres roles que Smith asigna al Estado demuestran que no le otorga un rol secundario o m\u00ednimo. De hecho, dejando de lado el primero de los motivos que plantea \u2013la cuesti\u00f3n de la seguridad nacional\u2013, los otros dos, en cierto modo, hacen que se le pueda considerar un te\u00f3rico del Estado del bienestar socialdem\u00f3crata&nbsp;<em>avant la lettre<\/em>. Para Smith, independientemente del poder adquisitivo del que dispongan las personas, el Estado debe intervenir para que se les trate como ciudadanos de pleno derecho (que tengan igual acceso a la justicia, a infraestructuras b\u00e1sicas y a instituciones educativas).<\/p>\n\n\n\n<p>Una lectura detallada de Smith que no olvide su historicidad demuestra que su obra no puede usarse para justificar el discurso neoliberal contempor\u00e1neo. Ya he dicho que la met\u00e1fora de la \u201cmano invisible\u201d, que tan com\u00fanmente se usa para este prop\u00f3sito y se traduce en la f\u00f3rmula \u2018cuanto menos Estado, mejor\u2019, no hace justicia a la complejidad de la obra del autor escoc\u00e9s. Es cierto: Smith no es un f\u00e9rreo anticapitalista, cuyas tesis desvelen las claves para desarrollar una pr\u00e1ctica revolucionaria. Pero esto no implica que plantee una burda apolog\u00eda de la sociedad de mercado, que pueda usarse para reivindicar&nbsp;<em>cualquier&nbsp;<\/em>proceso de desregulaci\u00f3n econ\u00f3mica. La interpretaci\u00f3n hegem\u00f3nica de su obra proviene de un uso deshonesto y oportunista de la misma. Smith no repudiaba el Estado&nbsp;<em>per se<\/em>, y aunque quiz\u00e1s sus m\u00e1s f\u00e9rreos seguidores lo desconozcan, dedic\u00f3 p\u00e1ginas y p\u00e1ginas a reivindicar el papel clave que, en su opini\u00f3n, \u00e9ste deb\u00eda desarrollar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hugo de Camps Mora<\/strong>&nbsp;vive entre Barcelona y Londres. Escribe sobre econom\u00eda, sociolog\u00eda y sobre todo acerca de la interacci\u00f3n entre ambas disciplinas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hugo de Camps Mora Fuente: Rebeli\u00f3n Una lectura atenta revela que la obra del economista escoc\u00e9s no puede usarse para justificar el discurso neoliberal contempor\u00e1neo. 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