{"id":815,"date":"2019-12-07T17:27:37","date_gmt":"2019-12-07T17:27:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=815"},"modified":"2019-12-11T01:29:23","modified_gmt":"2019-12-11T01:29:23","slug":"haiti-y-la-raza-tensiones-y-contradicciones-para-el-feminismo-antirracista-y-plurinacional-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=815","title":{"rendered":"Hait\u00ed y la raza, tensiones y contradicciones para el feminismo antirracista y plurinacional (II)"},"content":{"rendered":"\n<p><a href=\"http:\/\/rebelion.org\/noticia.php?id=263176\">Diana Carolina Alfonso<\/a><\/p>\n\n\n\n<table class=\"wp-block-table\"><tbody><tr><td>En\n la b\u00fasqueda plurinacional los feminismos deben prestar atenci\u00f3n a las \nrelaciones de poder para evitar caer en el miserabilismo y el \nesencialismo.<\/td><\/tr><\/tbody><\/table>\n\n\n\n<p>\n\tEl\n discurso antirracista en los \u00faltimos Encuentros de Mujeres y \nDisidencias en Argentina, es epic\u00e9ntrico para el fortalecimiento \nprogram\u00e1tico de la lucha por el reconocimiento plurinacional de la \nsociedad. Siendo Hait\u00ed un ejemplo sin precedentes en la batalla anti \ncolonial y negra, bien podr\u00edamos tener en cuenta sus trayectorias, \nresistencias y a\u00fan m\u00e1s sus contradicciones. Los puentes de mundo que se \nabren entre las sujetas expuestas al pillaje colonial abren historias \nque tensionan las buenas intenciones de algunos sectores del feminismo. <\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>El negrismo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Durante\n la dictadura de los Duvalier, la raza negra fue usada como argumento de\n unidad nacional, retomando la bandera rojinegra de Jean-Jacques \nDessalines y el par\u00e1grafo 14 de la Constituci\u00f3n Revolucionaria que \nrezaba: \u201cTodos los ciudadanos, de aqu\u00ed en adelante, ser\u00e1n conocidos por \nla denominaci\u00f3n gen\u00e9rica de negros\u201d.&nbsp;\nComo advierte el historiador haitiano Michel-Rolph Trouillot, la \ncreencia de que negritud es igual a esclavitud es un mito colonizador. \nHacer de la raza un argumento totalizador nubla la posibilidad de ver \nlas tensiones de clase y g\u00e9nero. <\/p>\n\n\n\n<p>Los\n dictadores en Hait\u00ed han sido negros y negristas, varones patriarcales \nde una tradici\u00f3n de poder que tiende a resquebrajarse en los \u00faltimos \na\u00f1os con la participaci\u00f3n activa en los movimientos sociales de \nlideresas campesinas y urbanas.&nbsp;\nRen\u00e9 Depestre inquiere al negrismo totalizador en un brillante art\u00edculo \ntitulado \u201cBuenos d\u00edas y adi\u00f3s a la negritud\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>En\n \u00e9ste pone en tensi\u00f3n los lugares de poder que el negrismo encubre, \nentre otras, porque la raza no puede equipararle a un pueblo rebelde con\n sus dictadores, por negros que sean. Entre otras cosas, la negritud no \nes ni un color ni un f\u00f3sil venido de los barcos esclavistas. El \nsemblante pat\u00e9tico de la lectura cromatol\u00f3gica y fosilizada del \nnegrismo, no es m\u00e1s que un derroche de miserabilismo y condescendencia \nracista.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Trenzar o entrenzadas.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sobre\n la apropiaci\u00f3n cultural\nEn Montrouis, departamento de Artibonito, quisieron hacernos un regalo a\n las mujeres de los dem\u00e1s pa\u00edses: Puerto Rico, Dominicana, Brasil y \nColombia. Lo importante en el respeto intercultural que implica el \ntrenzado, sum\u00f3 Merline Alcius -la militante que nos ten\u00eda el pelo-, es \nla transmisi\u00f3n de la t\u00e9cnica. Las trenzas tienen est\u00e9tica, c\u00f3mo no, pero\n m\u00e1s importante son el m\u00e9todo y la \u00e9tica que hacen a la transmisi\u00f3n \ngeneracional y territorial de este tejido ancestral.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras\n escuchaba el debate pensaba que en Hait\u00ed el invasor colonial tej\u00eda una \ndefinici\u00f3n muy precisa. Hoy son los marines norteamericanos, la escuadra\n violadora de la ONU y la elite mulata.&nbsp;\nLa trenza no es exclusividad africana. Existe en Am\u00e9rica a trav\u00e9s del \nmestizaje. Se transmite y se respeta. <\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>La pretendida solidaridad crom\u00e1tica<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En\n Colombia las \u00e9lites blancas, negras y mulatas del Caribe son \nresponsables del aniquilamiento del pueblo wayuu en la Guajira. Entre \nlas llamadas&nbsp;\u00e9lites de color&nbsp;no media ning\u00fan v\u00ednculo de solidaridad con \nlos pueblos ind\u00edgenas de la pen\u00ednsula. Todo lo contrario. Los recursos \nh\u00eddricos son claves para el sostenimiento del colonialismo interno que \nellos y ellas encabezan. <\/p>\n\n\n\n<p>\nLos y las responsables del despojo y la muerte, es decir, los y las \nresponsables de los megaproyectos mineroenerg\u00e9ticos, con todo el apoyo \ninternacional y militar del paramilitarismo, hoy tienen que v\u00e9rselas con\n la Fuerza de las Mujeres Wayuu de la Guajira&nbsp;(S\u00fcts\u00fcin Jieyuu Wayuu). \n\u00c9sta organizaci\u00f3n es la potencia de la resistencia y la bandera del buen\n vivir de un territorio que vive en medio de una asolada colonialista, \nracista y neoliberal. <\/p>\n\n\n\n<p>Al\n igual que en Hait\u00ed, la intromisi\u00f3n norteamericana en la Guajira dej\u00f3 a \nsu paso ni\u00f1as violadas y mujeres asesinadas.&nbsp;\nEn Rep\u00fablica Dominicana se han establecido dos mitos que hacen de la \nfrontera con Hait\u00ed un cord\u00f3n sanitario. El primero es un discurso de \nodio hecho pol\u00edtica de Estado. <\/p>\n\n\n\n<p>El\n mito cuenta que despu\u00e9s de romper las cadenas de la esclavitud, los y \nlas salvajes haitianas invadieron Santo Domingo. Discurso falaz si se \ntiene en cuenta que en inmediaciones al triunfo de la revoluci\u00f3n, \nRep\u00fablica Dominicana no exist\u00eda como naci\u00f3n. La preexistencia del Estado\n Naci\u00f3n es un recurso de xenofobia.&nbsp;\nEl segundo mito habla de Dominicana como un pa\u00eds blanco. Aunque cueste \ncreerlo, Dominicana entiende su blanquitud en oposici\u00f3n a la negritud \nhaitiana. <\/p>\n\n\n\n<p>Si\n bien ambos pa\u00edses fueron un eje estrat\u00e9gico para el comercio \nesclavista, el colonialismo interno y el odio de clase han terminado por\n recrear un pe\u00f1asco de inhumanidad entre ambos pueblos. Por lo dem\u00e1s, \ncada tanto se ven por las calles de Santo Domingo ni\u00f1as haitiana que \nblandiendo un franc\u00e9s acoste\u00f1ado, pretenden escapar a la hostilidad e \nincluso disputar cierto ascenso social con la lengua enredada y la cara \nempolvada. <\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>En Argentina el feminismo revela la mentira blanca&nbsp;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En\n los primeros encuentros preparatorios del ENM se vivenciaban largas \njornadas de catarsis de mujeres que descubriendo antepasadas negras o \nindias, sufr\u00edan en delay los dolores de las cadenas que les hab\u00eda \ndejado, de repente, el tr\u00e1fico esclavo. En Argentina el feminismo \ndesvelaba la mentira del proyecto de blanqueamiento y entre heridas y \nculpas el pa\u00eds se empez\u00f3 a parecer, tantico m\u00e1s, al resto del \ncontinente.\nCon todo, el victimismo no nos puede conducir a una lectura lineal de la\n raza, la clase y el g\u00e9nero. <\/p>\n\n\n\n<p>Las\n que hoy desde la comodidad de sus escritorios se auto enuncian como las\n hijas de las esclavas, pierden de vista la movilidad de clases y razas \nen los \u00faltimos 300 a\u00f1os de historia continental, fosilizando la memoria y\n proyectando imposibilidades de acci\u00f3n para las que hoy realmente \nsobreviven a la desgracia de la semi esclavitud racializada. <\/p>\n\n\n\n<p>El\n colorismo, como bien lo dice la feminista negra Alice Walker, es \nproducto del racismo.&nbsp; En Argentina los lugares de semi esclavitud los \nviven las mujeres recluidas en centros clandestinos de producci\u00f3n \ntextil. La mayor\u00eda de ellas provienen de pa\u00edses lim\u00edtrofes como Bolivia,\n Per\u00fa y en menor medida Paraguay. Recientemente la llegada de familias \nhaitianas al pa\u00eds ha sumado un nuevo contingente humano a esta \ndegradaci\u00f3n compulsiva de la vida laboral.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p>Ser&nbsp;hija\n de la esclavitud&nbsp;no es una cuesti\u00f3n meramente crom\u00e1tica o capilar. Ser \nhijas de la esclavitud, en medio del neoliberalismo, es ser hijas del \nlastre del modelo econ\u00f3mico pauperizador, racista y clasista del \ncolonialismo, basado en la expropiaci\u00f3n y explotaci\u00f3n humanas. A su \navance podremos responder solamente aprendiendo. Hait\u00ed (y Bolivia) marca\n las coordenadas del ejercicio \u00e9tico de la sororidad de clase en medio \nde una ocupaci\u00f3n militar estrat\u00e9gica.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p>Como\n las mujeres de Potos\u00ed y Hait\u00ed: aunque herederas del sistema de \nexplotaci\u00f3n que les expulsa a la miseria inducida por el revanchismo \ncolonial, la lucha por las condenadas de la tierra, con las condenadas \nde la tierra, debe continuar hasta romper la \u00faltima cadena. <\/p>\n\n\n\n<p>Sea en las minas, en los campos, en los talleres textiles o en las villas, la libertad exige esfuerzos en comunidad.&nbsp;\nS\u00f3lo con sorora tenacidad triunfaremos. <\/p>\n\n\n\n<p><em>(*)La Autora es Integrante de la C\u00e1tedra de feminismos populares y latinoamericanos \u201cMartina Chapanay\u201d\n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diana Carolina Alfonso En la b\u00fasqueda plurinacional los feminismos deben prestar atenci\u00f3n a las relaciones de poder para evitar caer en el miserabilismo y el esencialismo. 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