{"id":8841,"date":"2023-11-25T10:46:15","date_gmt":"2023-11-25T10:46:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=8841"},"modified":"2023-11-25T10:46:17","modified_gmt":"2023-11-25T10:46:17","slug":"el-iceberg-de-violencias-en-la-atencion-en-salud-mental","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=8841","title":{"rendered":"El iceberg de violencias en la atenci\u00f3n en salud mental"},"content":{"rendered":"\n<p>Marta Plaza<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/el-iceberg-de-violencias-en-la-atencion-en-salud-mental\/\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><em>Las violencias machistas que sufren las personas psiquiatrizadas quedan relegadas a un segundo plano y las que se ejercen desde el propio sistema sanitario dificultan la recuperaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Pensemos en la imagen de los icebergs que muestran las violencias machistas. En un formato similarcreo que podr\u00edamos desarrollar c\u00f3mo ser\u00eda un iceberg espec\u00edfico de las violencias del sistema psiqui\u00e1trico y de la sociedad cuerdista. Ser\u00eda interesante desarrollarlo colectivamente. Este texto no tiene \u00e1nimo de definir de forma cerrada este iceberg propio de violencias, sino esbozar algunas de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las contenciones mec\u00e1nicas (que nos aten con correas a las camas), pr\u00e1ctica denunciada por el relator contra la Tortura, el Maltrato y los Tratos Degradantes de la ONU y que contin\u00faa d\u00e1ndose a diario tanto en las urgencias psiqui\u00e1tricas como en las unidades de ingreso, podr\u00edan estar en la c\u00faspide del iceberg como violencia expl\u00edcita, clara y visible. Organizaciones como el&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/LoComun\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Colectivo LoCom\u00fan&nbsp;<\/a>han impulsado campa\u00f1as exigiendo la abolici\u00f3n de esta medida. En la web&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.0contenciones.%20org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">www.0contenciones. org<\/a>&nbsp;explican que \u201ces una pr\u00e1ctica com\u00fan en las unidades de psiquiatr\u00eda del Estado espa\u00f1ol y otros pa\u00edses que consiste en atar a una persona a la cama con correas, sujet\u00e1ndola de la cintura, mu\u00f1ecas y tobillos, para impedir que se mueva libremente.&nbsp;<strong>La persona puede permanecer atada durante horas o incluso d\u00edas, dependiendo de la decisi\u00f3n del personal sanitario<\/strong>. La contenci\u00f3n en el Estado espa\u00f1ol se suele practicar de forma opaca y no controlada (no es posible acceder a registros por unidades donde se explique qui\u00e9n es atado, por qu\u00e9, durante cu\u00e1nto tiempo ni c\u00f3mo) y en caso de secuelas graves o mortales, queda impune\u201d. Estas secuelas graves o mortales no son ninguna exageraci\u00f3n: entre otros ejemplos, la familia de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.pikaramagazine.com\/2019\/06\/andreas-colectivos-apoyan\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>Andreas Fern\u00e1ndez Gonz\u00e1lez<\/strong><\/a>, joven de 26 a\u00f1os fallecida en 2017 tras m\u00e1s de 70 horas atada en el Hospital Universitario Central de Asturias, sigue hoy embarcada en un proceso judicial que exige responsabilidades por su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta violencia no podr\u00eda darse sin ser sostenida por tantas otras. Muchas de ellas son tambi\u00e9n expl\u00edcitas, como las esterilizaciones forzosas de las que se ha hablado en&nbsp;<em>Pikara<\/em>&nbsp;<em>Magazine<\/em>.&nbsp;<strong>Los ingresos involuntarios son una muestra m\u00e1s de las violencias y la coerci\u00f3n cotidiana que enfrentamos, supuesta y perversamente, \u201cpor nuestro bien\u201d<\/strong>. Estos ingresos, que a menudo se inician con una intervenci\u00f3n policial en la que te sacan a rastras de tu casa para meterte en una ambulancia donde, atada, te llevan a un hospital en el que seguir\u00e1s atada varias horas, presuponen adem\u00e1s nuestra incapacidad de cuidarnos y de pedir ayuda, resultanretraumatizantes y dificultan cualquier v\u00ednculo terap\u00e9utico posterior. A la vez tapan las carencias de un sistema en el que los profesionales no saben (\u00bfo no quieren?) trabajar desde el consenso con las personas que atienden, creando una relaci\u00f3n terap\u00e9utica y de confianza, pactando planes de cuidados conjuntos o desarrollando mano a mano con sus pacientes herramientas como la planificaci\u00f3n anticipada de decisiones en salud mental. Estas componen uno de los modelos de planes de crisis donde podemos pensar, expresar y dejar escrito c\u00f3mo queremos ser atendidas y cuidadas (y c\u00f3mo no) si en alg\u00fan momento de mayor malestar o desconexi\u00f3n de las propias necesidades no podemos hacernos cargo del dolor o de nosotras mismas ni de nuestro cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra violencia clara y expl\u00edcita en la atenci\u00f3n psiqui\u00e1trica ser\u00eda&nbsp;<strong>la ausencia de consentimiento informado a la hora de recibir algunos tratamientos con importantes consecuencias sobre nuestras vidas<\/strong>. Por ejemplo, la medicaci\u00f3n forzosa con psicof\u00e1rmacos tan potentes como antipsic\u00f3ticos, ansiol\u00edticos\u2026 o tratamientos como el electroshock, que se sigue practicando cotidianamente en las unidades de psiquiatr\u00eda bajo el nombre de TEC (Terapia Electro Convulsiva). A pesar de las secuelas que genera en la memoria y en el sistema cognitivo, a menudo este se realiza solo con la firma de nuestros familiares, con un consentimiento sesgado por la falta de informaci\u00f3n, o conseguido bajo coacci\u00f3n (por condicionar el alta hospitalaria a acceder a recibir sesiones de TEC). Pero en la pr\u00e1ctica y m\u00e1s all\u00e1 de estas violencias que podr\u00edamos situar en la parte visible del iceberg, el sistema de atenci\u00f3n psiqui\u00e1trica en s\u00ed es coercitivo. Las violencias, amenazas, chantajes, coacciones\u2026 son una constante, as\u00ed como presuponer nuestra incapacidad para cuidarnos o para tomar buenas decisiones sobre nosotras mismas y nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Negarnos el derecho a equivocarnos y a aprender de esos errores es en s\u00ed una violencia.&nbsp;<strong>Ruth Almansa<\/strong>, trabajadora de uno de los recursos de la red madrile\u00f1a de atenci\u00f3n para personas con diagn\u00f3stico psiqui\u00e1trico, nos dice al respecto: \u201cNing\u00fan recurso de salud mental, ninguno, est\u00e1 libre de ejercer violencias. No son las mismas, por supuesto: no es lo mismo que el recurso tenga la posibilidad de atar o de medicar forzosamente a la gente o que se controle el tabaco a cambio de que cumplan no s\u00e9 qu\u00e9 normativas. No es el mismo grado de violencia, pero la posibilidad de ejercer violencia existir\u00e1 siempre que est\u00e9 presente la idea de que la gente diagnosticada es diferente a los profesionales que trabajamos en esos recursos. En salud mental esa diferencia est\u00e1 sostenida en la idea (muy com\u00fan) de que tienen un problema en el cerebro o en los neurotransmisores o lo que sea, que hace necesario que haya otros que les digamos c\u00f3mo tienen que vivir su vida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 otras violencias sustentan las de la c\u00faspide y est\u00e1n presentes tambi\u00e9n en la atenci\u00f3n que recibimos?<\/strong>&nbsp;Un pu\u00f1ado tendr\u00edan que ver con los psicof\u00e1rmacos: con la sobremedicaci\u00f3n y con no valorar nuestra experiencia, deseos o necesidades en este \u00e1mbito. \u00bfCu\u00e1ntas de nosotras no hemos sido escuchadas al pedir cambios porque sent\u00edamos demasiada somnolencia por los medicamentos, porque estos nos estuvieran haciendo coger peso o porque nos hubieran retirado la regla, y la respuesta recibida ha sido \u201ceso no es importante, ya te acostumbrar\u00e1s\u201d o incluso \u201cpues eso que te ahorras\u201d, en el caso de la retirada de la menstruaci\u00f3n, sin atender nuestra queja?<\/p>\n\n\n\n<p>Otras de las violencias cotidianas tienen que ver con la relectura que de nuestra propia vida hace alguien externo, en clave patologizadora, claro o el poder del profesional de salud. No solo la figura de la psiquiatra, sino de todas las implicadas en el acompa\u00f1amiento profesional: desde psiquiatras a psic\u00f3logas, enfermeras, educadoras sociales, orientadoras.&nbsp;<strong>Nuestras vivencias, nuestros malestares y a menudo nuestra distancia de lo normativo se ve reducida a s\u00edntomas y a etiquetas diagn\u00f3sticas.<\/strong>&nbsp;Incluso nos encontramos con frecuencia con ciertos diagn\u00f3sticos que enmascaran nuestra denuncia de violencias y maltratos sufridos, que quedan as\u00ed impunes o relegados a un cuarto o quinto plano. Tampoco es extra\u00f1o que desde la consulta m\u00e9dica veamos patologizados nuestros h\u00e1bitos de vida desde una mirada \u2014oh, sorpresa\u2014 patriarcal con fuertes sesgos de g\u00e9nero. As\u00ed, nuestra orientaci\u00f3n o identidad sexual, la frecuencia de las relaciones sexuales que mantenemos, las tareas de la casa que hagamos o nuestra est\u00e9tica se ven sujetas tambi\u00e9n a la aprobaci\u00f3n externa con pretextos cl\u00ednicos. Lo vemos adem\u00e1s cuando por nuestro sufrimiento ps\u00edquico contamos con figuras profesionales nuesdestinadas supuestamente a darnos apoyo espec\u00edfico para nuestra autonom\u00eda, en las actividades de la vida diaria, gestiones\u2026 No es raro que estos equipos de apoyo acaben siendo nuevas figuras de control y que hagan sus \u201cintervenciones\u201d no seg\u00fan nuestras necesidades expresadas, sino seg\u00fan lo que ellas deciden que necesitamos. \u00bfEst\u00e1 tu casa suficientemente limpia?, \u00bfhas hecho la compra adecuadamente?, \u00bfest\u00e1s gestionando bien tu dinero? \u00bfQui\u00e9n decide ah\u00ed cu\u00e1l es la frontera entre bien o menos bien, adecuado o inadecuado? \u00bf<strong>Cu\u00e1ndo ese pisar la frontera tiene que ver con nuestro diagn\u00f3stico y requiere de una intervenci\u00f3n cl\u00ednica, de aumentar la medicaci\u00f3n, de ingresar o de solicitar una incapacitaci\u00f3n?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Algunas otras situaciones con las que nos encontramos las personas psiquiatrizadas en el sistema m\u00e9dico que tambi\u00e9n podemos considerar violencias son las relacionadas con la desatenci\u00f3n de dolencias f\u00edsicas. Recuerdo c\u00f3mo una psiquiatra compart\u00eda en unas jornadas que a menudo en sus guardias le avisaban siempre que llegaba un paciente con historial psiqui\u00e1trico, independientemente del motivo por el que iba a urgencias. \u201cDice que se ha ca\u00eddo y le duele mucho el pie, pero como es \u201ces de los tuyos\u2026\u201d, pon\u00eda como ejemplo de esas consultas que se le hac\u00edan antes de haber investigado siquiera si efectivamente el pie pod\u00eda estar hinchado, roto\u2026 o no. Y, por supuesto,<strong>&nbsp;son innumerables los problemas m\u00e9dicos que quedan sin diagnosticar por la falta de atenci\u00f3n de s\u00edntomas m\u00e1s subjetivos<\/strong>&nbsp;(como los que tienen que ver con el dolor, destacando tambi\u00e9n la endometriosis o la fibromialgia porque, de nuevo, las patolog\u00edas m\u00e1s feminizadas reciben a\u00fan menos atenci\u00f3n). Nos quejamos por gusto, siempre hemos sido hist\u00e9ricas de m\u00e1s, exageradas, ya sab\u00e9is. Y si ya hay un diagn\u00f3stico certificando nuestra locura, para qu\u00e9 decir m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>En la base del iceberg: la sociedad cuerdista<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Las violencias que vivimos, tanto desde el sistema psiqui\u00e1trico como desde la propia sociedad cuerdista, est\u00e1n \u00edntimamente entrelazadas, son sost\u00e9n la una de la otra. As\u00ed como el racismo en la sociedad explica que toleremos las violencias en los CIEs o su propia existencia, tambi\u00e9n situarnos a locos y locas en una otredad ajena asociada a mitos fuertemente instalados de peligrosidad, agresividad, imprevisibilidad\u2026 permite que la vulneraci\u00f3n de nuestros derechos sea pr\u00e1ctica cotidiana asumida adem\u00e1s como necesaria e inevitable. Las violencias del sistema psiqui\u00e1trico est\u00e1n invisibilizadas a veces por los propios muros (no solo f\u00edsicos) tras los que se nos encierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s si no has pasado por un proceso de psiquiatrizaci\u00f3n o no lo ha hecho nadie de tu entorno m\u00e1s cercano, las desconozcas. No todos sabemos que los electroshocks o lasesterilizaciones forzosas han continuado haci\u00e9ndose hasta nuestros d\u00edas.<strong>&nbsp;Pero las violencias del cuerdismo, que sustentan y posibilitan las otras, son mitos compartidos cultural y socialmente, creencias extendidas de las que somos parte.<\/strong>&nbsp;Entendemos este cuerdismo como una opresi\u00f3n espec\u00edfica armada en torno al eje cordura\/locura (a veces otras personas hablan de neurotipicidad\/ neurodivergencia, aunque yo lo uso menos por si vuelve a entenderse como situar en primer plano lo neurol\u00f3gico y cerebral). Presuponiendo la cordura como modelo de salud, de bienestar, racionalidad, productividad, funcionalidad\u2026 lo que no encaja en esos marcos r\u00edgidos se ve patologizado y se\u00f1alado como problem\u00e1tico. Hablar\u00edamos as\u00ed, seg\u00fan definen las compa\u00f1eras de Rebeli\u00f3n Feminista, de una opresi\u00f3n estructural que consiste en un conjunto de pr\u00e1cticas e ideolog\u00eda que presuponen la superioridad de los pensamientos y experiencias cuerdas sobre las de las personas locas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se manifiesta este cuerdismo en la sociedad? Con las ideas que recaen sobre las locas de peligrosidad, agresividad e imprevisibilidad; la falta de credibilidad y fiabilidad, la deslegitimaci\u00f3n de nuestras vivencias, discursos y narrativas; el continuo se\u00f1alamiento como personas problem\u00e1ticas, t\u00f3xicas, da\u00f1inas, que es mejor no tener cerca, que hacemos sufrir a nuestro entorno, que somos una carga y que no sabemos lo que necesitamos ni lo que nos conviene y precisamos por ello una tutela y una direcci\u00f3n externa.<\/p>\n\n\n\n<p>No es raro que cuando somos objeto de estas violencias no las detectemos desde un inicio y, de hecho, nos consideremos merecedoras de ese mal trato. El \u201cnadie me va a querer\u201d como creencia instalada con fuerza podr\u00eda tener su reflejo en \u201ces que soy muy problem\u00e1tica, soy irrecuperable, nunca voy a encontrarme mejor\u201d. El cuestionamiento de por qu\u00e9 no nos defendimos mejor, ni pudimos detectar m\u00e1s r\u00e1pido la violencia, o alejarnos antes, que por qu\u00e9 no denunciamos\u2026 tambi\u00e9n se nos repite a quienes hemos soportado tanto tiempo las violencias del sistema psiqui\u00e1trico. Yo misma no s\u00e9 cu\u00e1ndo me voy a perdonar del todo. Pero a la vez s\u00e9 que la responsabilidad no es nuestra por no haber detectado a tiempo ciertas violencias o no haber encontrado herramientas para protegernos mejor, si no de quien nos maltrata, de quien nos agrede y de quien la conoce y tolera. M\u00e1s a\u00fan cuando quien nos maltrata es el mismo sistema que deber\u00eda cuidarnos y apoyarnos durante los momentos m\u00e1s vulnerables de nuestro sufrimiento ps\u00edquico. Por eso, tambi\u00e9n es necesario un trabajo colectivo en el que hablemos de estas violencias, las nombremos, las visibilicemos, como paso necesario para su eliminaci\u00f3n tanto del sistema m\u00e9dico como de nuestra sociedad y cotidianeidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ojal\u00e1 este texto pueda ser una aportaci\u00f3n m\u00e1s para ese horizonte que buscamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marta Plaza Fuente: Rebeli\u00f3n Las violencias machistas que sufren las personas psiquiatrizadas quedan relegadas a un segundo plano y las que se ejercen desde el propio sistema sanitario dificultan la recuperaci\u00f3n. Pensemos en la imagen de los icebergs que muestran las violencias machistas. 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