{"id":992,"date":"2020-01-10T02:22:26","date_gmt":"2020-01-10T02:22:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=992"},"modified":"2020-01-10T02:22:27","modified_gmt":"2020-01-10T02:22:27","slug":"memoria-de-tramposos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.movimientocaamanista.com\/?p=992","title":{"rendered":"Memoria de tramposos"},"content":{"rendered":"\n<p>Higinio Polo<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/rebelion.org\/noticia.php?id=264315\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>\n\nHace ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os que se public\u00f3&nbsp;<em>El libro negro del comunismo<\/em>. Quienes participaron en su elaboraci\u00f3n son un ejemplo acabado de intelectuales al servicio del poder capitalista: construyeron un \u00fatil artefacto para contribuir a la demolici\u00f3n de las organizaciones comunistas, del pensamiento cr\u00edtico, de la raz\u00f3n intelectual compa\u00f1era de los trabajadores y los oprimidos, dando vida a un texto que ha sido uno de los principales instrumentos utilizados en el intento de destrucci\u00f3n del movimiento comunista y del proyecto de una sociedad socialista donde no exista explotaci\u00f3n ni desigualdad y donde la libertad sea una conquista real.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, el capitalismo fieramente armado ha culminado nuevas matanzas: en Iraq, despu\u00e9s de una sucia guerra de agresi\u00f3n; en Afganist\u00e1n, pa\u00eds que ya acumula casi dos d\u00e9cadas de guerra desde la invasi\u00f3n norteamericana; en Siria, donde han muerto centenares de miles de personas; en Libia, en Yemen. El capitalismo deja un camino sembrado de cad\u00e1veres, con la hipocres\u00eda de negar su propia historia: tras la desaparici\u00f3n de la URSS, la interpretaci\u00f3n can\u00f3nica del siglo XX que hace la derecha liberal, sin apenas matices, se resume en la victoria de la democracia \u2014sin\u00f3nimo para ella de capitalismo\u2014 sobre dos duros enemigos: el comunismo y el nazismo. Esa pretensi\u00f3n de modelar la opini\u00f3n com\u00fan, gracias a las mentiras servidas por los grandes medios de difusi\u00f3n masiva, trae a la memoria lo que Max Nordau escribi\u00f3 a finales del siglo XIX en su libro Las mentiras convencionales de nuestra civilizaci\u00f3n. Porque, si para Nordau se trataba de poner de relieve las bases falsas sobre las que se asentaban la religi\u00f3n, el conservadurismo pol\u00edtico, la tradici\u00f3n, las monarqu\u00edas y la econom\u00eda capitalista, en nuestros d\u00edas hay que impugnar el contenido del parte de la victoria proclamado por el liberalismo, y levantar barreras al nuevo imperialismo que cabalga sobre la mentira.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, el intelectual colectivo del capitalismo realmente existente liquida la evidente relaci\u00f3n y complicidad del desarrollo capitalista con el nazismo y el fascismo, y despoja al comunismo de su identidad igualitaria y libertaria, y decreta la absoluci\u00f3n y el olvido sobre las matanzas del capitalismo real a lo largo de los siglos XX y XXI. La operaci\u00f3n, no por burda es menos eficaz, y tiene cierta verosimilitud aparente, puesto que \u00bfqui\u00e9n negar\u00e1 el horror del nazismo y qui\u00e9n podr\u00e1 olvidar la represi\u00f3n de Stalin?, reforzada \u00e9sta, adem\u00e1s, por la prueba emp\u00edrica del colapso sovi\u00e9tico. Incluso la socialdemocracia \u2014con alguna excepci\u00f3n, como hizo Lionel Jospin\u2014 mira hacia otro lado cuando se agita el espantajo de los cr\u00edmenes del comunismo, cerrando los ojos al desastre de 1914, cuando vot\u00f3 los cr\u00e9ditos de guerra, y a su responsabilidad moral en la matanza; a su propia complicidad con el colonialismo; a la actuaci\u00f3n de Francia en el \u00c1frica Negra y de la peque\u00f1a B\u00e9lgica en el Congo; u olvidando Argelia, y el caracazo en Venezuela, por poner algunos ejemplos conocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La falsedad de la equiparaci\u00f3n entre nazismo y comunismo es evidente. Esa equivalencia es una estafa intelectual: la radical oposici\u00f3n entre ambos movimientos est\u00e1 ya en su g\u00e9nesis, como corrientes opuestas en su teor\u00eda pol\u00edtica y en su praxis. Ni tan siquiera el recurso a la represi\u00f3n pol\u00edtica, com\u00fan a muchos reg\u00edmenes pol\u00edticos, es exclusivo de ambos: Primo Levi ya mantuvo que no pueden equipararse Auschwitz y la represi\u00f3n en la URSS. Tampoco pueden asimilarse ambos reg\u00edmenes si atendemos a la excepcionalidad del nazismo como un sistema basado en la desigualdad radical de los seres humanos, en el biologismo pol\u00edtico, en la soluci\u00f3n final ideada para sus enemigos, casi desprovistos de cualquier rasgo humano. Es una equiparaci\u00f3n falsa, adem\u00e1s de nociva, que, por otra parte, tiende a hacer olvidar los otros fascismos, como el japon\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>El fascismo nunca luch\u00f3 por la libertad. No se encuentra en los movimientos fascistas un solo ejemplo, en pa\u00eds alguno, donde sus miembros arriesgasen la vida por la libertad, en Alemania o en Italia, en Noruega o en Espa\u00f1a, en Rumania o en Portugal, en Jap\u00f3n o en Hungr\u00eda. Fue un movimiento precario y marginal en sus inicios (nutrido por los arditi decepcionados, por desorientados nacionalistas o por veteranos de la gran guerra enrolados en los freikorps) que creci\u00f3 despu\u00e9s al amparo del poder econ\u00f3mico, primero, y del poder pol\u00edtico despu\u00e9s. Pese a sus coqueteos anticapitalistas, el fascismo nunca elabor\u00f3 un discurso igualitario que pretendiese resolver la cuesti\u00f3n social (como se denomin\u00f3 en el siglo XIX), es decir, la emancipaci\u00f3n de los trabajadores y de los explotados. El fascismo y el nazismo hicieron demagogia anticapitalista en su marcha hacia el poder, mientras recib\u00edan comprensi\u00f3n, primero, y despu\u00e9s apoyo pol\u00edtico y econ\u00f3mico de los grandes industriales y terratenientes. Por el contrario, la aportaci\u00f3n comunista a la conquista de la libertad est\u00e1 inscrita en el coraz\u00f3n de Europa, y tambi\u00e9n en los otros continentes. La propia colaboraci\u00f3n que mantuvieron los gabinetes de Churchill o de Roosevelt con los movimientos guerrilleros comunistas en los momentos m\u00e1s amargos del predominio nazi en Europa resalta su papel en la derrota del fascismo y en el restablecimiento de la libertad. No era ninguna trivialidad que un liberal como Thomas Mann afirmara que el anticomunismo era el desprop\u00f3sito m\u00e1s grande del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, la libertad empieza a llegar con las conquistas obreras, sin que puedan separarse ambas, y se consolida con la victoria sobre el fascismo en 1945. Es la cultura antifascista, defendida sobre todo por los comunistas, por la izquierda, quien construye la libertad contempor\u00e1nea. En nuestros d\u00edas, en su intento por otorgar certidumbre y calado te\u00f3rico a la mentira de la equivalencia entre fascismo y comunismo, los defensores de esta tesis act\u00faan como ladrones de cad\u00e1veres, robando las v\u00edctimas del capitalismo para achacarlas a otros, pretendiendo olvidar su responsabilidad con la opresi\u00f3n en buena parte del mundo, y lo hizo en a\u00f1os propicios donde la derecha todav\u00eda se felicitaba ante la derrota finisecular, moment\u00e1nea, de las ideas de emancipaci\u00f3n social en Europa, pretendiendo adem\u00e1s adquirir derechos de primogenitura sobre las nociones de libertad y de democracia, pese a que entre sus aportaciones apenas puede citar a De Gaulle o Roosevelt, olvidando de paso a Chamberlain, cambiando la significaci\u00f3n hist\u00f3rica de Churchill, y pasando sobre ascuas por las flaquezas de los gobiernos occidentales ante Hitler. Esa pretendida equivalencia entre fascismo y comunismo intenta presentar al capitalismo como la encarnaci\u00f3n de la libertad, y ha penetrado hasta en c\u00edrculos acad\u00e9micos que deber\u00edan tener mayor rigor hist\u00f3rico \u2014no hay m\u00e1s que ver el empe\u00f1o que pon\u00eda el liberalismo cl\u00e1sico en restringir la participaci\u00f3n electoral\u2014, poniendo de relieve que, m\u00e1s all\u00e1 de la injusticia hist\u00f3rica que esa tesis representa, es manifiesta la urgencia para que la izquierda recupere el imaginario de la libertad, dando por terminados los a\u00f1os de d\u00e9bil respuesta ante la soberbia intelectual del capitalismo depredador.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os desde la publicaci\u00f3n, en 1997, de El libro negro del comunismo. M\u00e1s all\u00e1 de la pol\u00e9mica que inaugur\u00f3 en su d\u00eda y del evidente oportunismo de su publicaci\u00f3n, puede decirse que apenas queda nada de su contenido. Desacreditado por el escaso rigor de su elaboraci\u00f3n \u2014baste recordar que el libro se contradice en las propias cifras que ofrece, que muchas fuentes son dudosas, y que recurre a evaluaciones aventuradas, basadas en estimaciones poco rigurosas\u2014, no ha resistido el paso del tiempo. Sin embargo, su impacto propagand\u00edstico fue notable. Pinochet lo ten\u00eda en un estante de su casa, al lado de libros sobre Napole\u00f3n, cuando se fotografiaba poco antes de comparecer ante los lores brit\u00e1nicos. Sin duda, un libro as\u00ed lo reconciliaba consigo mismo: hab\u00eda sido un capataz en la lucha contra el comunismo, y la justificaci\u00f3n de su compromiso estaba en aquel libro negro. En los d\u00edas en que Pinochet estaba en Londres, en manos del hoy olvidado Jack Straw \u2014otro converso, antiguo trotskista y despu\u00e9s compa\u00f1ero de Bush en la guerra contra Iraq\u2014, la televisi\u00f3n mostr\u00f3 repetidamente a un ciudadano chileno, defensor de Pinochet, que gritando airadamente a una persona que intentaba razonar, le increpaba: &#8220;\u00a1Huye! \u00a1Huye! \u00a1El comunismo ha causado ochenta millones de muertos!&#8221; Sucedi\u00f3 en Londres, y aquel patriota chileno (que empujaba a su oponente a marcharse de Chile, puesto que para la derecha el comunismo siempre es extranjero, en cualquier lugar, y un opositor a Pinochet s\u00f3lo pod\u00eda ser comunista) extra\u00eda su munici\u00f3n intelectual del libro negro. En esa escena estaba la confirmaci\u00f3n: la difusi\u00f3n de la obra fue masiva. Sus conclusiones y cifras fueron repetidas por todas las esquinas del planeta y elevadas a sabidur\u00eda convencional que sigue gritando la extrema derecha en las algaradas callejeras y que utilizan los medios acad\u00e9micos conservadores o los senadores norteamericanos que viven todav\u00eda la felicidad de la victoria en la guerra fr\u00eda. Algunos, incluso aumentan la cifra del pinochetista londinense: H\u00e9l\u00e8ne Carr\u00e8re d\u2019Encause habla en su biograf\u00eda de Lenin de \u00a1100 millones! de muertos y se los adjudica al indefenso Vlad\u00edmir Ilich, que ya no puede contestar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es probable que la idea del libro negro les fuese sugerida a sus autores (Courtois, Werth, Pann\u00e9, Paczkowski&nbsp;y compa\u00f1\u00eda) por el Livre brun sur l\u2019incendie du Reichstag et la terreur hitl\u00e9rienne, que fue editado en Par\u00eds antes de la Segunda Guerra Mundial por Willi M\u00fcnzenberg, uno de los fundadores del Partido Comunista Alem\u00e1n, que dirigi\u00f3 despu\u00e9s el trabajo de la Internacional Comunista desde Par\u00eds. No en vano, St\u00e8phane Courtois es un viejo experto en cuestiones comunistas, perfecto conocedor de otros libros (como el escrito por Stephen Koch) que ya hab\u00edan examinado, con m\u00e1s delirio que rigor, la supuesta gran conspiraci\u00f3n entre Hitler y Stalin. Courtois, viejo mao\u00edsta reconvertido a las covachuelas del sistema capitalista, como el resto de los autores del libro negro, hizo un buen trabajo, que, si bien no es muy riguroso desde una perspectiva cient\u00edfica, sirve al menos para que los portavoces intelectuales del liberalismo globalizador sigan colaborando en la demolici\u00f3n de las organizaciones comunistas y reforzando los diques que contienen las luchas populares.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor parte de los muertos atribuidos al comunismo en el libro negro son, en realidad, v\u00edctimas de la guerra civil en Rusia, que en ning\u00fan caso puede atribuirse a los comunistas, y en China, por el combate contra el r\u00e9gimen de Chiang Kai-shek, y de las hambrunas que siguieron a los enfrentamientos, presentadas por la derecha como un deliberado recurso represivo utilizado por el poder sovi\u00e9tico o mao\u00edsta. Al mismo tiempo, Courtois, consciente de los puntos d\u00e9biles del libro negro, excusa las v\u00edctimas del capitalismo porque fueron a causa de los duros inicios de la revoluci\u00f3n industrial en Occidente, o bien por accidentes fabriles, por la deficiente sanidad de la \u00e9poca, por la malnutrici\u00f3n, sin que hubiera hambrunas provocadas directamente por los gobiernos capitalistas. Muchos cr\u00edticos han observado la endeble argumentaci\u00f3n y la ausencia de pruebas en la mayor\u00eda de las afirmaciones que realizan los autores del libro negro. La lectura de las p\u00e1ginas dedicadas a Espa\u00f1a es un buen ejemplo de ello. Algo parecido puede decirse de las cifras barajadas para China. Tambi\u00e9n, de las dedicadas a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, donde acumulan horrores con la pasi\u00f3n tradicional de los conversos.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no se trata de negar nada, sino de ser rigurosos. Hoy sabemos ya muchas m\u00e1s cosas sobre la verdadera dimensi\u00f3n represiva del estalinismo: Victor Zemskov, un hombre conservador, el historiador ruso que dirigi\u00f3 las investigaciones sobre el alcance de la represi\u00f3n, y que tuvo acceso a todos los archivos secretos del Gulag, comprob\u00f3 asombrado, seg\u00fan sus propias palabras, que las cifras de la represi\u00f3n eran mucho menores de lo que se hab\u00eda dicho. Entre 1921 y 1953, a\u00f1o de la muerte de Stalin, fueron fusiladas en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica casi 800.000 personas, aunque se hab\u00eda hablado de 7 millones de fusilamientos y de 20 millones de detenidos. Zemskov a\u00f1ade a esas cifras unas 600.000 personas m\u00e1s que murieron en prisi\u00f3n, lo que eleva los muertos por la represi\u00f3n pol\u00edtica a 1.400.000. Las estad\u00edsticas que consideraban entre 6 y 10 millones de muertos \u2014de ellos, entre 3 y 7 en Ucrania\u2014 como consecuencia de la colectivizaci\u00f3n agraria, son consideradas absurdas por el historiador ruso, igual que las que defend\u00eda en los a\u00f1os setenta el escritor Solzhenitsyn, que lleg\u00f3 a hablar de \u00a1110 millones de muertos! entre 1917 y 1959; como considera absurdas las cifras dadas por Robert Conquest, que multiplicaban por cinco las evidencias hist\u00f3ricas. Las pacientes b\u00fasquedas en los archivos no dejan lugar a dudas, seg\u00fan afirma Zemskov, sobre todo, porque la meticulosa burocracia del estalinismo llevaba a que cada persona que pudiese desaparecer en los campos de trabajo originaba un nutrido expediente de documentos, celosamente archivados despu\u00e9s. Esas son las cifras, que hoy admiten la mayor\u00eda de los investigadores rigurosos. Hay que resaltar que las conclusiones de Zemskov ya estaban disponibles cuando se escribi\u00f3 el libro negro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>* * *&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si Gandhi hab\u00eda hecho de la necesidad de atenerse a la verdad el centro de su acci\u00f3n pol\u00edtica para conquistar la dignidad y la libertad de su pueblo, el capitalismo ha hecho de la mentira el coraz\u00f3n de su identidad: casi nada es como dicen que es. Porque, si bien asistimos al sistem\u00e1tico recordatorio de la represi\u00f3n ejercida en nombre del comunismo, nunca aparece recuento alguno de los cr\u00edmenes del capitalismo. Se recuerda Tiananmen, por ejemplo, pero nunca se cita Panam\u00e1, donde el ej\u00e9rcito norteamericano asesin\u00f3 a miles de personas, muchas m\u00e1s de las que murieron en la plaza pequinesa, y ello pese a que ambas tragedias tuvieran lugar el mismo a\u00f1o: 1989. No es casual. La desaforada campa\u00f1a de descr\u00e9dito del comunismo cuenta con excelentes apoyos en \u00e1mbitos acad\u00e9micos y medios de comunicaci\u00f3n, con intelectuales org\u00e1nicos que intentan dotar de envergadura te\u00f3rica la acci\u00f3n de los vendedores de mentiras, y que pretende llevar al coraz\u00f3n y a las convicciones de los ciudadanos la idea de que la izquierda ha sido derrotada para siempre, y que adem\u00e1s es justo que haya sido as\u00ed. Viejos izquierdistas reconvertidos a la fe del sistema capitalista lo aceptan, e incluso se jactan de ello: &#8220;La revoluci\u00f3n, y nosotros que la quisimos tanto&#8221;, &#8220;Menos mal que no triunfamos: a saber qu\u00e9 hubiera ocurrido&#8221;, han escrito. A diferencia del poeta persa Omar Jayy\u00e1m, a quien no le interesaba saber el lugar en que podr\u00eda &#8220;comprar el manto de la astucia o de la mentira&#8221;, a los vendedores de falsedades s\u00ed les importa, e, inapelables, se han hecho con su propiedad, convirtiendo en normalidad democr\u00e1tica el capitalismo que olvida asuntos menores como la dictadura de Franco en Espa\u00f1a, o la de Trujillo en Santo Domingo, Suharto en Indonesia, Duvalier en Hait\u00ed, Batista en Cuba, Somoza en Nicaragua, R\u00edos Montt en Guatemala, Marcos en Filipinas, los coroneles en Grecia, P\u00e9rez Jim\u00e9nez en Venezuela, el Sha en Ir\u00e1n, Stroessner en Paraguay, Mobutu en el Congo, los gorilas de la segregaci\u00f3n racial en Sud\u00e1frica, Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Hassan II en Marruecos, Mubarak en Egipto, Musharraf en Pakist\u00e1n, o las actuales dictaduras teocr\u00e1ticas de Oriente Medio o en las antiguas rep\u00fablicas sovi\u00e9ticas de Asia central reconvertidas al capitalismo dependiente de los bandidos.<\/p>\n\n\n\n<p>No deja de ser revelador que quienes recuerdan constantemente las hambrunas producidas por la colectivizaci\u00f3n en Ucrania, o en China tras la revoluci\u00f3n, y que no dudan en atribuirlas al deseo expl\u00edcito de los comunistas por provocar esa terrible mortandad, no encuentren ahora responsables de la muerte o desaparici\u00f3n de 10 millones de personas en los territorios de la antigua URSS tras el paso al capitalismo, en una transici\u00f3n dirigida y ordenada desde Occidente \u2014recu\u00e9rdese que expertos norteamericanos llegaron a redactar los decretos y las leyes de Yeltsin\u2014 y que parece culminar la intervenci\u00f3n militar que iniciaron los Estados Unidos contra la revoluci\u00f3n bolchevique ya poco despu\u00e9s de 1917, que, como ha apuntado Ronald E. Powaski (un autor no precisamente sospechoso de tener simpat\u00eda por el comunismo), sienta las bases de la posterior guerra fr\u00eda. Las hambrunas chinas tambi\u00e9n fueron profusamente utilizadas por los autores del libro negro, aunque ya en los a\u00f1os sesenta el escritor norteamericano Edgar Snow, profundo conocedor de China, pondr\u00eda de manifiesto que lo nuevo era que ya no mor\u00edan de hambre millones de chinos, como ocurr\u00eda en las d\u00e9cadas anteriores a la revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo ha sembrado sal en los territorios sovi\u00e9ticos. La actual democracia rusa tiene su origen dos golpes de Estado, en la exaltaci\u00f3n nacionalista, en el bombardeo del Parlamento, pasa por la sucia guerra de Chechenia y por los conflictos fronterizos, y por la voraz delincuencia de los a\u00f1os de Yeltsin, aspectos que los m\u00e1s aventajados anticomunistas pretenden vender como herencia del comunismo: algo parecido al cinismo franquista, que achacaba la hambruna y las dificultades de posguerra a la digna rep\u00fablica espa\u00f1ola. La falsificaci\u00f3n de las elecciones presidenciales rusas que dieron el triunfo a Putin, al igual que se hizo con las que impusieron al grotesco borracho Yeltsin en 1996, o la directa falsificaci\u00f3n del refer\u00e9ndum que sancion\u00f3 la actual Constituci\u00f3n (una ley impuesta y antidemocr\u00e1tica que ha hecho posible la transici\u00f3n capitalista) jalonan el camino recorrido. Todo se justificaba con la promesa de la libertad y prosperidad que traer\u00eda el capitalismo. El progreso econ\u00f3mico: a inicios del siglo XXI, Rusia hab\u00eda perdido m\u00e1s de la mitad de su producto interior bruto, y ni tan siquiera era capaz de abastecerse de alimentos. La pol\u00edtica aplicada por Yeltsin casi fue tan destructiva como la m\u00e1quina de guerra hitleriana en su invasi\u00f3n de la URSS en 1941, con la diferencia de que ocurri\u00f3 en tiempos de paz. Se destruy\u00f3 la industria nacional y se desmantel\u00f3 la estructura productiva: los combinados industriales fueron convertidos en campos de ruinas. Y ello tuvo un beneficiario: es revelador constatar que el continuo crecimiento de la econom\u00eda norteamericana en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX coincidi\u00f3 con la destrucci\u00f3n de la que era la otra gran potencia industrial del planeta, rasgo que recuerda la demolici\u00f3n de los telares tradicionales hind\u00faes por el colonialismo brit\u00e1nico, para imponer los productos textiles que hab\u00eda producido su revoluci\u00f3n industrial.<\/p>\n\n\n\n<p>En todas las rep\u00fablicas de la URSS, las reformas capitalistas destruyeron a una generaci\u00f3n de ciudadanos, la delincuencia se apoder\u00f3 de las calles y de las vidas de la gente, poniendo en evidencia la falsedad de la libertad del mercado: s\u00f3lo es libre quien tiene dinero, y lo acumularon los oligarcas con la complicidad de Occidente, que tambi\u00e9n particip\u00f3 en el saqueo. No hay que olvidar que esa pol\u00edtica fue aplicada bajo la directa supervisi\u00f3n de Washington y del Fondo Monetario Internacional, instituci\u00f3n que fija los criterios que impone a los pa\u00edses que tutela el capitalismo, y que ha tra\u00eddo ruinas y muerte: el conocido informe que elabor\u00f3 la ONU habla de la &#8220;desaparici\u00f3n&#8221; de m\u00e1s de diez millones de personas en las estad\u00edsticas en los antiguos territorios sovi\u00e9ticos. \u00bfQu\u00e9 significa esa desaparici\u00f3n? Significa simplemente que murieron. Pero para los intelectuales del capitalismo nadie es responsable de ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los vendedores de mentiras siguen celebrando el gran expolio de la propiedad p\u00fablica sovi\u00e9tica, ayudados entonces por el desparpajo con que tr\u00e1nsfugas oportunistas como Alexander Yakovlev, Bor\u00eds Yeltsin, Gennadi Burbulis, Yegor Gaidar, Anatoli Sobchak, Stanislav Govorujin o Eduard Shevardnadze, entre otros, echaron sobre la espalda de los comunistas su propia actuaci\u00f3n en el pasado. Uno de ellos, el finado general Dmitri Volkog\u00f3nov, que fue director adjunto de propaganda del Ej\u00e9rcito Sovi\u00e9tico, dej\u00f3 despu\u00e9s de su conversi\u00f3n una biograf\u00eda de Lenin, pensada para cubrir de oprobio al dirigente bolchevique. No son los \u00fanicos: en las filas de los tr\u00e1nsfugas acogidos por el capitalismo, encontramos, entre otros, al ex presidente kazajo Nazarb\u00e1iev o al fallecido Kar\u00edmov uzbeko; al que fue presidente rumano Iliescu, o al antiguo primer ministro h\u00fangaro, Medgyessy; y, en los pa\u00edses capitalistas, al olvidado ministro brit\u00e1nico Jack Straw, antiguo izquierdista, y a muchos otros personajes, como Adriano Sofri (antiguo dirigente de Lotta Continua, un partido de la extrema izquierda italiana) D\u2019Alema, Occhetto y Veltroni.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada es como dicen que es. Porque, si se achacan las hambrunas ucranias a los comunistas sovi\u00e9ticos o las de China a los camaradas de Mao Tse Tung, \u00bfa qui\u00e9n har\u00e1n responsable de la mortandad producida por el hambre en el mundo, en \u00c1frica, en Am\u00e9rica Latina o en el sur de Asia? \u00bfAl subdesarrollo? \u00bfA la maldici\u00f3n de los odios locales y a la perfidia de los se\u00f1ores de la guerra? Para los ladrones de cad\u00e1veres, guardianes del mercado, puede achacarse a cualquier fen\u00f3meno, menos al capitalismo real. Es una l\u00e1stima para los defensores intelectuales de esas ignominias que hasta los informes de las Naciones Unidas muestren la relaci\u00f3n directa entre la acci\u00f3n de las compa\u00f1\u00edas capitalistas occidentales y el subdesarrollo, el hambre y la mortandad, y no deja de sorprender que algunos publicistas del mercado, como Timothy Garton Ash, volvieran a airear (con casos de canibalismo incluidos, que tanto golpean las conciencias) esas hambrunas de hace d\u00e9cadas en Ucrania o en China, sin recordar las ocurridas en pa\u00edses dominados por el capitalismo, como en la rep\u00fablica Dominicana, por ejemplo. El analista de mercado que es Garton Ash deber\u00eda preguntarse, \u00bfno hay canibalismo en las hambrunas que produce el capitalismo o acaso es tambi\u00e9n un efecto perverso del comunismo?<\/p>\n\n\n\n<p>Los ladrones de cad\u00e1veres no quieren ver la contabilidad negra del capitalismo: a principios del siglo XX, mor\u00edan de hambre en el mundo unos 10 millones de personas al a\u00f1o. Fueron 100 millones en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo, 300 millones en los \u00faltimos 30 a\u00f1os. \u00bfA qui\u00e9n se lo achacaremos? Otras fuentes son m\u00e1s severas: algunos autores han recordado \u2014como Josep Ramoneda entre nosotros\u2014 que desde el final de la guerra fr\u00eda hasta el inicio del siglo XXI, es decir, en apenas una d\u00e9cada, han muerto en el mundo, como consecuencia del hambre y de las enfermedades asociadas, 200 millones de personas. Cifras similares presentaron Philippe Paraire y otros autores, que han llegado a hablar de mil millones de personas muertas en el \u00faltimo medio siglo a consecuencia de la acci\u00f3n global del capitalismo. Son cifras desconocidas por el gran p\u00fablico, que cuando aparecen ocasionalmente en los grandes medios de comunicaci\u00f3n se achacan siempre a la fatalidad, al subdesarrollo, a las hambrunas, a la acci\u00f3n de dictadores remotos, pero nunca tienen nada que ver con el capitalismo realmente existente, con la devastaci\u00f3n ecol\u00f3gica que ha producido, con la cruel explotaci\u00f3n de sus recursos. Son muertos sin nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edan ponerse innumerables ejemplos. Utsa Patnaik, un reputado economista hind\u00fa, demostr\u00f3 que la reducci\u00f3n del consumo de alimentos en la India \u2014entre 1918 y 1947, el a\u00f1o de la independencia\u2014 y el desarrollo de productos dedicados a la exportaci\u00f3n, en detrimento de los dedicados a la alimentaci\u00f3n, tuvo consecuencias como la gran hambruna bengal\u00ed, en la que murieron m\u00e1s de dos millones de personas. Tambi\u00e9n el premio Nobel de Econom\u00eda, Amartya Sen, record\u00f3 que en su infancia murieron en la regi\u00f3n de la India donde viv\u00eda \u2014\u00a1solamente en esa regi\u00f3n, Bengala!\u2014 unos tres millones de personas por una hambruna. La India era un dominio brit\u00e1nico desde hac\u00eda siglos: \u00bfno tuvo ninguna responsabilidad el capitalismo ingl\u00e9s en esas hambrunas?<\/p>\n\n\n\n<p>Como en la obra de Lillian Hellman (Tiempo de canallas, que recoge los a\u00f1os sombr\u00edos del mccarthysmo) la historia del capitalismo es la historia de un tiempo miserable, la historia del mayor horror que la humanidad ha conocido jam\u00e1s. Ah\u00ed est\u00e1 la gran guerra, con 25 millones de muertos. Tambi\u00e9n, la Segunda Guerra Mundial, donde murieron 60 millones de personas, entre ellos veintisiete millones de sovi\u00e9ticos. \u00bfNo tiene responsabilidad alguna el capitalismo en esos conflictos? \u00bfQui\u00e9n recuerda, por ejemplo, que s\u00f3lo en Java murieron durante la Segunda Guerra Mundial cuatro millones de campesinos como consecuencia de la ocupaci\u00f3n japonesa? \u00bfNo tiene nada que ver con ello el capitalismo japon\u00e9s? Produce v\u00e9rtigo asomarse al horror producido por ese sistema inhumano: ah\u00ed est\u00e1 el extermino de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena en los propios Estados Unidos, las matanzas en la India, los bombardeos contra la poblaci\u00f3n civil llevados a cabo por aviones norteamericanos, como har\u00edan despu\u00e9s en otras partes de Asia. Ah\u00ed est\u00e1 el bombardeo de Hamburgo, en 1943, que mat\u00f3 a unas 50.000 personas, el de Dresden, o el de Tokio. Los bombardeos sobre poblaciones civiles, la utilizaci\u00f3n de bombas at\u00f3micas, el uso de armamento qu\u00edmico, todos son hechos imputables exclusivamente al capitalismo, y no precisamente nuevos: ya en 1919, la Royal Air Force brit\u00e1nica utiliz\u00f3 armas qu\u00edmicas contra las poblaciones \u00e1rabes.<\/p>\n\n\n\n<p>En Corea murieron tres millones de personas en una guerra protagonizado por los Estados Unidos. Como en Vietnam, que ver\u00eda morir a tres millones de personas m\u00e1s, bajo el napalm de los bombarderos. Hiroshima o Nagasaki, las matanzas en Am\u00e9rica Latina, el Ir\u00e1n que nos explica Kapuscinski, las matanzas de Suharto recordadas por Pramoedya Amanta Toer, donde asesinaron a un mill\u00f3n y medio de militantes comunistas; las persecuciones en Malasia, o en Filipinas, el martirizado Congo del que nos habl\u00f3 Mark Twain, la matanza de Bush en Iraq, la guerra en Siria, la destrucci\u00f3n de Libia, son el verdadero rostro del capitalismo. En el Congo, desde que Leopoldo II inici\u00f3 la cruel explotaci\u00f3n de sus habitantes hasta que el gobierno de B\u00e9lgica pas\u00f3 a administrar la colonia en 1908, hab\u00edan muerto unos 12 millones de personas, v\u00edctimas de pr\u00e1cticas esclavistas, de trabajos forzados donde se llegaba al extremo de cortar las manos de los obreros a la menor infracci\u00f3n. Despu\u00e9s, el capitalismo belga, ayudado por la CIA norteamericana, acab\u00f3 con la esperanza de Lumumba, estimulando la secesi\u00f3n de Katanga, e hizo posible la sanguinaria dictadura de Mobutu.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo puede decirse de otros capitalismos nacionales: en Namibia se calcula que la colonizaci\u00f3n alemana, sobre todo con el siniestro Von Trotha, caus\u00f3 escalofriantes matanzas que acabaron con la vida de casi un mill\u00f3n de personas. O de Francia: Robert Fisk record\u00f3 que en Argelia murieron, tras ocho a\u00f1os de matanzas en la guerra contra el colonialismo franc\u00e9s, un mill\u00f3n y medio de personas. Porque la contabilidad negra del capitalismo es interminable: en Nigeria, en 1967, durante la guerra de secesi\u00f3n de Biafra, en dos a\u00f1os y medio, murieron m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas, y no hay duda de que el capitalismo brit\u00e1nico estuvo implicado. Solamente en Angola murieron centenares de miles de personas tras la independencia, como consecuencia de la guerra impuesta al pa\u00eds por los Estados Unidos, a trav\u00e9s de su ayuda a grupos mercenarios. En Mozambique, tras la llegada del Frelimo al poder, la guerra de agresi\u00f3n estimulada por el occidente capitalista y sus socios del apartheid de Rhodesia (el actual Zimbabue) y de Sud\u00e1frica, se convirti\u00f3 en un prolongado conflicto en que murieron m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas. En Iraq, las agencias humanitarias hablan de 1.750.000 personas muertas, en gran parte ni\u00f1os, como consecuencia del inhumano embargo decretado tras la guerra del Golfo, que Estados Unidos se neg\u00f3 a levantar: 7.500 ni\u00f1os mor\u00edan cada mes, y despu\u00e9s la guerra caus\u00f3 una mortandad escalofriante. Por no hablar de los estragos de la miseria capitalista: solamente en Brasil hay treinta millones de pobres que las pulcras estad\u00edsticas sit\u00faan como personas &#8220;bajo la l\u00ednea de la indigencia&#8221;, y casi el treinta por ciento de una poblaci\u00f3n de 210 millones de personas \u2014es decir, 65 millones de personas\u2014 viven con menos de dos euros diarios, situaci\u00f3n que est\u00e1 agravando el fascista Bolsonaro. Lo mismo ocurre entre la mitad de la poblaci\u00f3n mundial, pero \u00bfqui\u00e9n osar\u00e1 responsabilizar al capitalismo?<\/p>\n\n\n\n<p>Para los vendedores de mentiras, el comunismo tiene nombres. Detr\u00e1s del capitalismo no hay nadie, ni nombres ni rostros, y pretende el anonimato de sus cr\u00edmenes. Cuentan, adem\u00e1s, con el poder de la mentira: para ellos, los comunistas siempre matan, nunca mueren. La deshonestidad intelectual de los entusiastas del libro negro es patente: seg\u00fan su peculiar juicio, cualquier comunista es responsable de los cr\u00edmenes del estalinismo; sin embargo, nadie lo es por lo que ha hecho el capitalismo. Por eso, el esfuerzo contra el capitalismo salvaje que representa Trump precisa un discurso que aglutine la esperanza de cambio, de justicia y de libertad, capaz de analizar y desnudar las mentiras del poder. La derrota sufrida por el movimiento comunista en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX fue demoledora, pero no fue deshonrosa en s\u00ed misma: la opresi\u00f3n y la mentira s\u00ed lo son.<\/p>\n\n\n\n<p>Termino. Si Brecht ve\u00eda en el libro el arma del hambriento, una de las herramientas para alcanzar la libertad y la dignidad de los oprimidos, los intelectuales de los laboratorios ideol\u00f3gicos del liberalismo despojan sus p\u00e1ginas del conocimiento, de la cultura emancipadora y de la libertad, y las llenan de mentiras. No es casual: esos intelectuales son pagados por ello, para que trabajen sin descanso, aunque el vil dinero sea recibido con discreci\u00f3n, con elegancia. Cumplen con su obligaci\u00f3n, porque los ladrones de cad\u00e1veres del capitalismo, los servidores intelectuales de un sistema criminal, no descansan, y, a diferencia del Macfarlane de Stevenson, no pierden nunca los nervios, y siguen robando despojos en las noches del horror capitalista, dispuestos a apuntarlos despu\u00e9s en los libros de otros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Higinio Polo Rebeli\u00f3n Hace ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os que se public\u00f3&nbsp;El libro negro del comunismo. 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