Destacados Pensamiento Crítico

Trabajo, militancia, tiempo libre y relaciones personales

Adrian_Pvk

Fuente: Kaos en la Red

A raíz de un tuit que vi el otro día que cuestionaba la supuesta falta de tiempo en la que muchas personas se excusan para no militar en un colectivo, organización o sindicato (o tan siquiera colaborar esporádicamente con ellos), he decidido escribir unas palabras sobre ello.

Hace cerca de un mes se cumplieron seis años desde que pisé mi primera asamblea. Durante estos seis años han sido decenas de personas con las que he coincidido y varias de ellas con las que he forjado un vínculo personal muy fuerte que aún perdura. Decenas de personas que vienen y van, y que, bajo un pretexto u otro, acaban marchándose del entorno militante.

Una cuestión que siempre me ha inquietado es la percepción generalizada de lo que entendemos que es obligatorio en nuestra cotidaneidad, y lo que entendemos como “tiempo libre” y ocio. Así, por lo general a nadie le cabe pensar en no ir a trabajar para tener más tiempo libre, puesto que el trabajo se nos plantea como método de subsistencia; en cambio, cuando se trata de la militancia política, sí que se cuestiona en ocasiones la obligatoriedad y necesidad de ésta en pos de “tener más tiempo (libre)”, puesto que el tiempo se usa de una manera u otra, pero nunca falta como tal. Todos vivimos 24 horas al día.

La militancia se basa en una contradicción fundamental: luchar por lo que nosotros entendemos como libertad o emancipación colectiva y de clase, renunciando a establecer como prioridad las pequeñas libertades individuales que el sistema nos ofrece fuera de nuestra rutina laboral (quedar con amigos o familia, ocio, estudios, diferentes actividades socioculturales, etc). Contradicción que no todo el mundo parece haber entendido en su paso por la militancia política.

Resulta cuanto menos paradójica la situación en la que un número cuantioso de personas dejan la militancia por falta de tiempo (es decir, para reinvertir el tiempo en algo que no tiene que ver con la militancia política), a pesar de que ese tiempo fuera de la jornada laboral se ha conseguido gracias a, precisamente, la militancia política de miles de trabajadores. Entender la militancia como una especie de opción temporal o un pasatiempos para intentar “cambiar” algo rápido y con lo que sentirse bien, y no como una obligatoriedad prácticamente cotidiana y necesaria por nuestras condiciones de vida, hace que la militancia sea entendida para muchos como un tiempo que se puede reinvertir en otra cosa en un momento dado, y no como un eje permanente en nuestra vida previo a nuestra libertad individual.

Dicho esto, entre la militancia política y el tiempo libre (entendido éste para un militante político el tiempo que uno no ya no sólo no está trabajando, sino tampoco militando) hay una cierta complementación para el militante. El tiempo libre se presenta en muchos casos como colchón de la angustia, el cansancio y la saturación que supone la militancia, llegando a veces a crear un espectro armónico e incluso jugar una función antirrepresiva; es decir, se hace necesario politizar el tiempo libre.

Son muchas las situaciones que un militante político vive y que, como humanos que somos, nos producen miedo, temor, angustia y cansancio. Negar en contenido —que no en forma o lema— que la represión funciona, como mínimo, en el plano psicológico-personal, sería un ejercicio de infantilismo. La represión funciona; ahora bien, ¿dónde encontramos ese colchón donde poder respirar, descansar, recomponerse y seguir hacia adelante?

Ese colchón es, precisamente, ese tiempo libre que nuestros ancestros políticos consiguieron con sangre. Lejos de poner un punto y final a sus reivindicaciones sobre los descansos dominicales o la jornada laboral de 9 o 8 horas, es una especie de guiño a través de la historia que nos hicieron a los futuros militantes para que siguiéramos adelante con el trabajo político que nos corresponde. Un tiempo libre que lucharon y consiguieron por y para nosotros, para recomponernos fuera del trabajo, y cuya utilidad personal debe acabar recayendo en gran parte en la lucha por la emancipación colectiva.

Ese tiempo libre es el que nos da la verdadera tranquilidad que ni el trabajo, ni la militancia, ni el ocio del sistema nos ofrece. Que cuando vuelves a casa con muchísimo sueño tras haber estado de permanencias en un Stop Desahucios, con algún que otro moratón, con la carga mental de “qué se podía haber hecho mejor”, y con una pequeña derrota a tus espaldas; que cuando ves a tus compañeros cansados, estresados, porque las cosas no salen adelante o salen con un coste personal en cuanto a cansancio físico o mental muy elevado; que cuando estás esperando una sentencia, tienes una causa abierta, o estás esperando más multas; que, ante estas situaciones, encuentres el cuidado de los tuyos, las personas con las que poder pasar una tarde sentados en el parque hablando de vuestras vidas, o tumbado en el sofá con la persona con la que compartes con cariño tus miedos, tus esperanzas y tu trabajo político; todo eso y más, es el guiño histórico que los que no tuvieron ni ese tiempo libre para recomponerse conquistaron para nosotros. Fueron ellos quienes nos enseñaron a politizar nuestro tiempo libre, lejos de romantizarlo.

El sistema ya se encargó hace mucho de que el tiempo libre de alguien que no milita y que lo entiende como intervalo entre jornada laboral y jornada laboral, sirviese ya no sólo como colchón de descanso entre salir y entrar al trabajo, sino también, en parte, como espacio de tiempo donde mantener a los trabajadores alejados del entorno político mediante una cultura del ocio basada, especialmente, en el alcohol, (el resto de) las drogas, las apuestas o los juegos de azar, y alguna actividad sociocultural de vez en cuando con la que matar tu tiempo antes de que el sistema acabe matándote a ti. El ocio sería algo así en parte como una especie de factor de prevención de organización política, si no lo usamos a nuestro favor o no sabemos en qué círculo de prioridad debemos tenerlo.

Cuida a los tuyos, y deja que los tuyos te cuiden. Pero que nunca se pierda de vista que esos cuidados deberían servir en gran parte para cuidar al militante y, por tanto, para dar alas a la militancia política. Dejar atrás la militancia política para “tener más tiempo libre” conlleva, además de despolitizar tu tiempo, dar vida al sistema y dejar en clara situación de desamparo a tus compañeros y compañeras.

MC

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *