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Los políticos y burócratas de la Unión Europea nos someten a Estados Unidos con la excusa de Ucrania

Fernando G. Jaén Coll.

Fuente: Rebelión

Hace ya años, un general español me dijo que el mal de España es que siempre estamos gobernados por medianías. Medité al respecto y concluí que era una forma correcta de expresarlo, si bien no pude dejar de asociar lo que dijera una vez Felipe González cuando se le espetó la mediocridad de los políticos españoles, a lo que respondió muy acertadamente que los políticos salen del pueblo.

La enorme confianza, hasta la puerilidad, que ha venido manifestando el pueblo español en las que fueron Comunidades europeas y ahora Unión europea, sin percatarse de los intereses en juego, o tal vez aceptando acríticamente lo que aventaban las “elites” económicas y sus acólitos en los medios de comunicación de masas y entre los funcionarios de alto nivel, que veían sus intereses reflejados en la pertenencia a algo que la mitología elevaba a categoría de “Europa” (dejando fuera naciones del continente europeo, como Rusia), nos ha traído hasta aquí, a una UE que ha debilitado a las naciones y las ha supeditado a Estados Unidos a través de esa amalgama colectiva que es la UE. Tal vez no haya sido otra cosa que el ejercicio del poder norteamericano combinado con el vasallaje de esas “elites” a cambio de tener algún reconocimiento en el mundo mundial (que es el de los Estados Unidos).

Ha estallado la guerra en Ucrania, que en nada perjudica a Estados Unidos, que le muestra un tablero en que es siempre ganador al poner en manos europeas el coste económico y social de dicha guerra y el desgaste político, al tiempo que infringe a Rusia un desgaste enorme que, por la transitiva, afecta a China, cuya posición de socio se le echa en cara a pesar de haber mantenido una neutralidad racionalmente explicada, pero que los aparatos de comunicación occidentales pretenden convertir en culpable por intentar mantener la distancia del conflicto; distancia que le es cómodo mantener a los Estados Unidos, que vende armas, vende gas, incordia a Rusia sin pisar el terreno con marca propia y finalmente señala con el dedo a China.

Y los políticos y burócratas europeos son la comparsa, con el descaro de los que ostentan el poder, si bien no saben qué hacer, pues, en realidad, esta guerra no es la suya. Ucrania no es nada relevante para la UE; Rusia sí, y todos los esfuerzos por sustituirlo como socio suponen un coste que conduce al empobrecimiento de la mayoría, pero no de los que tienen sus rentas aseguradas en las poltronas políticas o en los despachos en Bruselas, por señalar el epicentro de la burocracia de la UE.

A mayor abundamiento, la urgentísima decisión de comprar armamento se toma sin reflexión elemental: ¿Ha atacado Rusia a Alemania, a Francia, a Italia, a España? ¿Acaso no es contradictorio señalar el peligro de que Rusia quiere más y amenaza a todos, cuando se está afirmando que el ejército ruso no puede atender dos frentes a la vez, e incluso se señala, así sea a efectos de propaganda mentirosa, la debilidad que ha puesto de manifiesto dicho ejército en la guerra en Ucrania? La compra de aviones F-35 por Finlandia, el anuncio de hacerlo Alemania, ambos a Estados Unidos, en detrimento de aviones de combate europeos, ¿no es una señal de sometimiento contradictoria con todas las tonterías que se dicen de una Unión europea?

Estados Unidos ya sometió a Occidente a pagar la crisis financiera de las “subprimes”, la Gran Recesión de 2008, ellos crearon la crisis financiera mundial, y luego la banca europea fue pagando a Estados Unidos multas enormes de miles y miles de millones de dólares (que se lo pregunten a la BNP francesa o a los bancos suizos, entre otros). Y ahora, esos políticos y burócratas de la UE, nos meten en un fregado que nos queda bien lejos, aprovechando la onda sentimentalista que se viene produciendo por el abandono de la razón en la formación de la mayoría de la gente. Unos juegan con intereses; los otros con sentimientos inducidos por la mayoría de los medios de comunicación de masas, que señala a los Buenos y a los Malos (grupo al que pretenden meter ahora a China). ¿Alguna noticia buena sobre Rusia? ¿Se han vuelto malos, de la noche a la mañana, aquellos rusos que proveían financiación o adquirían lujos, que nos vendían sus apreciados recursos naturales, energéticos y minerales; que nos compraban y pagaban los productos que les vendíamos? Los rusos son los malos, los ucranianos que “venden” madres con  vientres de alquiler y producen una matanza en el centro de Dontesk, de la zona del Donbas, de la que dicen es su país, ¿estos son los buenos? ¿Dónde están esos periodistas acérrimos amantes de la libertad de información?

Hasta ahora, las naciones europeas han negociado libremente con Rusia, no se han visto amenazadas por contratos leoninos por la energía que compran y parte de ella transita por el gaseoducto que atraviesa Ucrania. ¿Por qué ponerse del lado de la confrontación enviando armas a Ucrania, en lugar de facilitar el pacto enviando mensajes claros a Ucrania de que no apoyarían el enfrentamiento  militar y que deberían alcanzar un acuerdo con Rusia? ¿Por qué renunciar rápidamente a las conveniencias de los países miembros de la UE en favor de los intereses de Estados Unidos como potencia en declive frente a China?

¿Cómo reaccionarán los políticos y burócratas europeos si se produce la devaluación del euro y se hace explosivo el pago de las importaciones energéticas? ¿Cómo soportarán las familias de esos países los costes provocados por habernos arrastrado tras los intereses de Estados Unidos?

Fernando G. Jaén Coll. Profesor titular del Departamento de Economía y Empresa de la UVIC-UCC.

MC

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